"Los últimos días en el desierto", un Jesús muy británico

viernes, 14 de octubre de 2016
MONTERREY, NL (apro).- “Los últimos días en el desierto” (Last days in the desert) presenta a un Jesús muy británico. El escocés Ewan McGregor interpreta a un Mesías occidental y moderno. Con una dentadura perfecta y aplomo de galán tímido, luce glamorosamente harapiento, y habla inglés. El realizador colombiano Rodrigo García coloca a Jesús en el episodio bíblico del ayuno de 40 días en el desierto, en el que es tentado por el Demonio. El mismo cineasta escribe el drama en el que recompone el Libro de Mateo, y le da a Jesús una personalidad terrenal, como un hombre paciente, sabio y curioso. Pero además lo involucra en un trastorno de identidad disociativo, ocasionado tal vez por la inanición. Perversamente, el drama hace que el hijo de Dios sea, simultáneamente, el mismo Satán en persona. Existe aquí un misterioso desdoblamiento, aunque bien puede ser provocado por un desorden mental. Hay más material de psiquiatría que de religión. El hombre vaga en solitario, desterrado por orden del Espíritu Santo, de acuerdo con el Nuevo Testamento, y lo hace pasar por mortificación física. El desierto que recorre es como un territorio lunar, terriblemente hostil para cualquier caminante sin compañía. La cámara de Emmanuel Lubezki se ocupa de presentar largos planos abiertos que muestran la vastedad del páramo. La desolación es intimidante. La vida, en el inicio del cristianismo, era extremadamente dura. Jesús deambula despreocupado, buscando únicamente respuestas. Nada lo perturba, porque se sabe guiado por una fuerza divina. Inesperadamente, encuentra a una familia en medio de una crisis. Hombre, mujer y su hijo, un adulto joven progresista que quiere conocer el mundo, escapar de la miseria en la montaña y conocer la seductora ciudad de Jerusalén. Aunque las historias bíblicas tradicionalmente demandan producciones grandes, llenas de multitudes, García se va al opuesto. Con escasos personajes y una anécdota de lento desarrollo, se ocupa más en presentar un perfil de Jesús, que en reflexionar sobre las decisiones que debe tomar, como el invitado de una familia afianzada en un recio patriarcado. Jesús pasa como un ser apocado. Es un ente fastasmagórico, de ínfimo perfil. Discretamente pide la palabra y es tomado en cuenta. Aporta reflexiones, pero él mismo se sorprende abrevando conocimientos del padre y el hijo, como seres que influyeron en la formación personal y espiritual de ese hombre joven, bueno y honesto que, poco después, sería brutalmente asesinado. García humaniza al prohombre, mostrándolo en una justa dimensión de debilidad. Es el elegido, pero ni aun así puede utilizar sus poderes para obrar sobre el destino. Durante la penuria sobre el desierto, no es capaz de normar sobre la muerte, aunque después el Mundo sepa que será un hombre todo poderoso, y que vive en la Gloria. Sin embargo, la verdadera acción se concentra en la familia. Papá (Ciaran Hinds) e hijo (Tye Sheridan) discuten. La madre inválida (Ayelet Zurer) sufre en silencio desde su confinamiento, bajo el humilde tapadijo en el que viven. El invitado es, mayormente, un espectador que analiza en silencio, pero que hace muy poco. El film es como un cuento apacible, en el que hay escasos sobresaltos. Sin embargo, mueve a la reflexión sobre un episodio en la vida de Cristo, en la que se recuerda que fue una persona de carne y hueso, que vivió como cualquier mortal y se conmovió con pasajes tan comunes como las diferencias que pueden tener un padre con su retoño. Los últimos días en el desierto comprueba que, frente al Jesús sigiloso, es mucho más atractivo su Némesis, malévolo, siempre provocador, astuto y libidinoso.

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