'Barataria, Estado de México”… Tan saqueada que 'se abarató”

martes, 18 de octubre de 2016
GUANAJUATO, Gto., (apro).- Don Quijote y otros personajes de la obra cumbre de Miguel de Cervantes aparecen en el México del siglo XXI afrontando otras realidades: el poder del narcotráfico, la violencia, las desapariciones… y un gobernante que nunca ha leído un libro y que llega a mandar en “Barataria” (Estado de México), región saqueada por sus antecesores e inmersa en una impune y desoladora corrupción. Tal como ocurre con algunas de las más emblemáticas compañías teatrales españolas, en esta edición del Festival Internacional Cervantino, varios de los más importantes directores de escena, cine o teatro mexicanos han traído a los escenarios sus propias concepciones, adaptaciones o interpretaciones de Miguel de Cervantes y sus obras, sin faltar Don Quijote. En este talante, y para ofrecer su propia mirada a 400 años de la muerte del novelista, poeta y dramaturgo español, y a propósito de la línea temática del festival (“De la locura al idealismo”), Benjamín Caan presentó en las catacumbas del Mesón de San Antonio el estreno de la lectura dramatizada de un texto inspirado en artículos periodísticos, novelas, canciones y otros escritos de diversos autores --además de Cervantes--, algunos de los cuales fueron mencionados en la puesta: William Shakespeare, Hugo Gutiérrez Vega, Jesús Silva-Herzog Márquez, Lorenzo Meyer, Denisse Dresser, René Delgado y el propio director del FIC, el escritor Jorge Volpi. Desde que se mencionan estos nombres que aportaron involuntariamente al director Caan, comienzan la ironía –un elemento vital de la obra cervantina– y el sarcasmo a la mexicana. “El director le puso comillas al texto y, como se sabe, así no se considera plagio”, dice uno de los actores. “Barataria, Estado de México”, es una obra comisionada por el Festival Internacional Cervantino y se une a la pléyade interpretativa de las obras del Manco de Lepanto en el mundo, donde el Quijote no morirá jamás, y en México, donde el olvido es un asunto cotidiano. El escenario es una larga mesa alrededor de la cual están sentados los actores, que integran a algunas personas del público. Carmen Madrid, Arturo Barba (Don Quijote), Alejandro Calva (Sancho Panza), Norma Angélica, Andrea Guerrero, Pablo de Tavira y Ricardo Fastlich van contando la historia de Barataria, que no es una isla, pero que ha sido aislada del mundo porque sus vecinos no quieren contagiarse de los males que la aquejan: corrupción y violencia. Ha sido tan saqueada que “se abarató” y es una tierra empobrecida. Con escenografía de Matías Gorlero y música de Jacobo Lieberman, la lectura transcurre entre los pasajes quijotescos del efímero gobierno de Sancho Panza en la ínsula Barataria, los consejos que se apresta a darle Don Quijote para su buen desempeño, y la transmutación del escudero en ese gobernante que nunca ha leído un libro, para quien “lo bueno también cuenta”, y que se equivocó con el manejo del tema de la Casa Blanca, pero es incapaz de asumir las consecuencias de sus actos y de ver la sangre derramada en una guerra sin sentido y las miles de ausencias reclamadas. El texto plantea la incapacidad de cambiar la realidad (el teatro lo intenta) y la urgencia de no olvidar lo que en ella sucede, lo que en el país sucede. Así como el Quijote es un personaje indispensable para el mundo, la memoria lo es para un país cuya clase política corrupta se beneficia con el olvido. El ritmo de esta lectura es fluido y marcado adecuadamente por la música y la iluminación, por lo que algunos recursos casi parecen innecesarios, como un falso cadáver que cae colgado desde lo alto en la parte final. “Bienvenidos al circo de Cerbantes…con B grande. Lo dice el libro más leído, que incluso aquél que no ha leído un libro, leyó”. La ignorancia de Sancho Panza, que resalta las virtudes de la filosofía quijotesca, adquirió en Barataria las características burdas de un gobernante ciego, sordo y egoísta cuyo nombre nunca se mencionó. Y no fue necesario.