"Neva", comedia y drama en el sangriento San Petesburgo

jueves, 24 de noviembre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El domingo sangriento de San Petesburgo en 1905, antecedente de la Revolución rusa, es el contexto histórico y social en el que sucede la obra de teatro Neva, del dramaturgo chileno Guillermo Calderón, dirigida por Alejandro Velis. La pieza entreteje el ambiente vivido ese día donde fueron reprimidos y muertos los obreros manifestantes, con el aislamiento en el que intenta vivir, pero sin éxito, un grupo de actores. Se resaltan las relaciones afectivas de los actores, su lucha de egos, las dificultades para desarrollar sus capacidades creativas, los amores no correspondidos y las decepciones a las que se enfrentan. Teatro dentro del teatro con un trasfondo político determinante. Tres actores se han reunido a ensayar en un teatro cerca del río Neva. Escuchan las amenazas del exterior y temen por la vida de sus compañeros, quienes todavía no han llegado al ensayo. Olga es una diva que no puede interpretar su papel en El jardín de los cerezos y cree que si pudiera revivir la muerte de su esposo, Antón Chejov, entonces podría volver a sus glorias pasadas y actuar con absoluta credibilidad. Sus compañeros intentan ayudarla o confrontarla: Aleko, que está enamorado de ella, y la joven actriz Masha, que la admira, la teme y cuya conciencia social la lleva a confrontarse con ella. Neva juega con dos tonos distintos: la comedia de la primera parte contrasta con el dramatismo de la segunda. Las relaciones entre actores y las trabas emocionales en el trabajo se entremezclan con reflexiones acerca del teatro, de su función social, de su importancia o inutilidad y de lo que significa para cada uno. Los temas son empáticos con la gente de teatro, pero no tanto con el público en general. Los cuestionamientos del autor en este juego de ficción y realidad son sobresalientes, aunque parece haber un desequilibrio entre la ligereza de la primera parte y lo discursivo y crítico de la segunda. Guillermo Calderón es ahora un reconocido autor de teatro y guionista de cine (El club), y Neva es una de sus obras más representadas. Alejandro Velis hace una interesante puesta en escena donde un tapete persa es el que delimita el espacio de la ficción, y añade unos cuantos elementos más. El vestuario de época, diseñado por Tolita y María Figueroa, llama la atención, al igual que la iluminación de Patricia Gutiérrez. Olga, la gran diva y viuda de Chejov es interpretada por Abril Mayett, sin la fuerza y presencia escénica necesarias. Es débil frente a la imagen de una actriz de experiencia y que se sabía de su potencia en el escenario y tras bambalinas. No le ayuda mucho, por las mismas razones, Sheyla Ferrera, quien interpreta a Masha,­ una incipiente actriz pero con ímpetu de revolucionaria. La obra la sostiene principalmente Daniel Haddad en el papel de Aleko. El director ha ampliado la propuesta del autor de manejar el teatro dentro del teatro, y ha tenido la certera idea de introducir a los actores de hoy preparándose para representar a los actores rusos que ensayan las obras de Chejov o algún momento de sus vidas. Este juego escénico, que además rompe en ocasiones la cuarta pared, da un arraigo en nuestro presente y beneficia la propuesta. Neva, una atractiva obra que se presenta los jueves en el Foro la Gruta del Centro Cultural Helénico, nos permite reflexionar sobre la función del teatro en el pasado y en nuestro México de hoy, al mismo tiempo que conocemos las cuitas de un grupo de actores y su compromiso con la realidad política y social en la que viven.

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