La Compañía Nacional de Teatro 2008-2016

jueves, 15 de diciembre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Compañías Nacionales de Teatro en México han existido varias, y todas tuvieron que cerrar por falta de presupuesto, envidias por dirigirla, pugnas en el gremio y falta de voluntad política. En el 2008 la Compañía Nacional de Teatro del INBA (CNT) resurgió con gran brío y como un proyecto amplio y ambicioso. Luis de Tavira, su impulsor y director hasta este año, logró en estas épocas de escasez hacia la cultura (porque el menosprecio a la cultura, en particular al teatro, no es novedad) un presupuesto suficiente para una Compañía de primer nivel, como las hay en Europa y hubo en Latinoamérica. Frente a la pluralidad de propuestas escénicas, compañías independientes, espacios alternativos e institucionales, la CNT ha cubierto un nicho importante donde caben propuestas de teatro de gran formato, de teatro clásico o contemporáneo y de autores nacionales y extranjeros. Presenciar su repertorio ha sido en la mayoría de los casos un gran placer, por la buena calidad actoral, y porque se invita a un equipo creativo que por lo general consigue propuestas interesantes. A diferencia de las compañías teatrales europeas, donde el director artístico es el principal director escénico de todo lo que se produce, en la CNT Luis de Tavira dirigió en estos ocho años dos pares de obras en donde resalta, para mi gusto, El círculo de cal, con espléndidos recursos netamente escénicos de un clásico como Bertolt Brecht. También presenciamos un ciclo de obras de Luisa Josefina Hernández, dirigidas por José Caballero, en las que disfrutamos la propuesta realista/costumbrista de gran formato en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón. Y más de 25 obras de autores mexicanos se produjeron en este periodo, pero también conocimos trabajos de las nuevas teatralidades, como la extraña y atractiva pieza –a través de la cual se dio a conocer en México al autor Wajdi Mouawad– Ni el sol ni la muerte pueden mirarse de frente, dirigida por Rolf y Heidi Abderhalden, así como la exquisita puesta en escena de Inanna dirigida por Lorena Maza, la arriesgada de Abraham Oceransky Endgame de Beckett o el festivo montaje de Zoot Suit de Luis Valdez. Difícil hacer un recuento de las casi 60 obras que se produjeron y que se presentaron en la Ciudad de México y en más de otras 40 de la República mexicana y de las alrededor de 500 personas que participaron creativamente en ellas. Pareciera que la CNT también formó una comunidad de colaboradores –escenógrafos, directores, actores, iluminadores, vestuaristas, músicos y compositores– que desde diferentes lados del teatro confluyeron aquí, y que se reunieron el domingo pasado a develar la placa conmemorativa de los últimos dos años y el cierre de este fructífero periodo bajo la batuta de Luis de Tavira. Es sorprendente que a pesar de los embates e intentos de reducir la CNT a nada en cuestión de presupuestos, la dirección encontró formas y negociaciones para mantener un elenco estable de más de 50 actores y actrices, producir obras teatrales, dar más de 300 funciones al año y tener una sede en Coyoacán, en cuyo teatro de cámara con el que cuenta da funciones de su repertorio y requiere de reservación previa pues la entrada es gratuita y siempre está lleno. Esperamos que su nuevo director, Enrique Singer, mantenga el nivel y el ritmo creativo que se ha venido dando y, sobre todo, que pueda defender el presupuesto que se ha conseguido.