Los desacuerdos Paz-Vargas Llosa

lunes, 4 de abril de 2016
Dos escritores latinoamericanos, dos intelectuales liberales, dos Premios Nobel, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa, no siempre coincidieron, y en ocasiones chocaron públicamente, como en el Encuentro La Experiencia de la Libertad en 1990 en México. Aquí se recuerda ese momento y otra disputa en torno a las ideas sobre occidente. Y se recogen algunas nociones del peruano-hispano en el centenario del natalicio de Paz en Madrid en 2014 sobre nacionalismo, libertad, política y mercado. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El ahora Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa dijo en 1990, durante el Encuentro La Experiencia de la Libertad, organizado por la revista Vuelta dirigida por Octavio Paz, y trasmitido por Televisa: “México… es la dictadura perfecta”, lo cual provocó la reacción inmediata del poeta. Proceso reseñó el 10 de septiembre de ese 1990 (No. 723): “Y tras concluir el programa, Paz descendió al salón y se dirigió a Vargas Llosa continuando la polémica en torno al sistema político mexicano. Vargas Llosa intentó responderle al poeta pero advirtió que el malestar del director de Vuelta era mayúsculo y prefirió no hacerlo. Instantes después, Vargas Llosa abandonaría el coctel en Televisa San Angel. “Circuló la versión de que Paz aseguró: ‘Lo que Mario dice es inexacto’. Y remató: ‘Ya no está en campaña’.” Dos años antes, la noche del 21 de agosto de 1988, Vargas Llosa lanzó su candidatura para la presidencia del Perú durante un mitin en la Plaza San Martín de Lima; ahí atacó acremente al Partido Revolucionario Institucional pero asimismo sugirió al gobierno “con vibrante oratoria” –consignó la revista Expreso peruana– que “esos son los ejemplos que se deben seguir y no el de México, cuyo sistema es un horror, porque es el más corrompido de América Latina debido a que en virtud de una seudo democracia permite la dictadura de un solo partido en el poder”. Reportó entonces Proceso (No. 619): “Tales declaraciones provocaron una respuesta airada pero seria y cortés del embajador mexicano en Perú, Jesús Puente Leyva, quien recibió amplios espacios en los diarios de esta capital (…) Ahí le señaló al escritor que el PRI ‘no es una agrupación nacida al cobijo de hechos circunstanciales ni concebida en juntas de café o en cenáculos de notables’, sino producto de la Revolución de 1910. “Señaló asimismo que ‘seguramente en mi país hay corrupción, pero no más que en otros países’, y lo jaloneó verbalmente por hablar de México agresivamente haciendo equivaler país, gobierno, partido y sistema político y recordándole que ‘en el ámbito de libertades de México han encontrado refugio incondicional todas las diásporas políticas del mundo’.” En noviembre de 2013, el autor de La fiesta del chivo se reunió con Enrique Peña Nieto en Los Pinos y declaró a los medios que “México era la dictadura perfecta, hoy México es una democracia”. En octubre de 2014, el cineasta Luis Estrada estrenó su película con la frase del ahora Nobel de Literatura, La dictadura perfecta. Entonces la reportera Columba Vértiz le preguntó: –¿Qué opina de esa postura del escritor Vargas Llosa? –Al escritor le pasa lo que le ha pasado al 90% de los intelectuales del mundo: no resisten la seducción del poder, la seducción del dinero, la seducción de la fama. Espero que la historia sea muy generosa con él y sólo deje sus maravillosos libros de cuentos y novelas. “Todos tenemos un cierto lado esquizofrénico, porque las opiniones políticas de Vargas Llosa… es muy triste que por congraciarse con el PRI y antes con el PAN… que con su pan se lo coma, y que se le indigeste.” Disputa sobre Occidente La Televisión Española (TVE) trasmitió hacia 1987 una mesa redonda donde participaron Paz y Vargas Llosa con sus colegas hispanos Manuel Vázquez Montalbán, José Agustín Goytisolo, Jorge Semprún y Fernando Savater (buscar en you tube). En un momento las posturas de los dos primeros chocaron: Mientras Paz sostuvo que las sociedades de occidente “son sociedades que me da tristeza verlas porque me parece que son sociedades encadenadas al culto del éxito, del dinero, movilizadas por la propaganda, por el consumo”, y que “en el tema que más me apasiona, más me interesa, en el campo de la literatura es evidente que más y más la concepción meramente productivista y mercantil de la literatura se sobrepone a la verdadera creación literaria”, Vargas Llosa reviró: “Tengo siempre muy presente una frase que me conmovió mucho del final de la autobiografía de Karl Popper, que es un pensador por el que yo tengo mucha admiración, una frase que más o menos dice lo siguiente: ‘las sociedades de occidente tienen muchos defectos y deben ser criticadas desde muchos puntos de vista, pero es muy importante recordar lo siguiente: nunca en la historia, el hombre ha vivido mejor que en estas sociedades de occidente’.” Paz interrumpió: “¡Eso es absurdo!” Vargas Llosa siguió: “Nunca ha llegado a más lejos en libertad, en igualdad, en oportunidades para todos como en estas sociedades llenas de imperfecciones y defectos del occidente. Yo vengo del Perú como Octavio viene de México y desde la perspectiva de nuestros países creo que nosotros podemos apreciar muchísimo mejor, que quienes viven inmersos en esas sociedades avanzadas de occidente, todo aquello que el occidente ha conseguido. De ninguna manera ha alcanzado el paraíso, yo estoy seguro que el paraíso no se puede alcanzar, por lo tanto esas sociedades deben seguir progresando y autocriticándose implacablemente, Pero cuando uno mira fuera lo que hay ahí, lo que hay en un país como el mío, lo que hay en un país como el de Octavio, ve que el abismo que nos separa no sólo es enorme sino que es un abismo que cada día crece porque esas formas de coexistencia esa conciencia por lo menos respecto a la injusticia, a las desigualdades que en occidente es muy fuerte y que ha generado lo que es el progreso de occidente. En nuestros países todavía está muy, muy lejos de ser conquistada. Entonces creo que al mismo tiempo que debe criticarse internamente lo que es el occidente, para un intelectual que viene del mundo en que yo vengo el occidente de todas maneras representa algo envidiable y algo que ya quisiéramos nosotros haber alcanzado. Tras un diálogo con Vázquez Montalbán, Paz retomó: “La cita de Popper me escandalizó. En primer lugar no es cierto históricamente que sea la época en que los hombres han vivido mejor (habla Vargas Llosa). Espera un segundo. Gibbon, que era un historiador que sabía más de historia que Popper (que no sabía nada de historia aunque era un buen filósofo), Gibbon –perdóname un momento–, Gibbon dijo esto: ‘la época más feliz de la humanidad…’. Y lo escribía a fines del siglo XVIII, que es una de las épocas mejores que ha vivido Europa, mucho más civilizada que la actual. Evidentemente entre la moral del siglo XVIII y las sociedades del siglo XIX y el siglo XX hay un gran abismo a favor del siglo XVIII, por ahí empezamos… MVL: Pero no para los esclavos. OP: Espera un segundo. MVL: Los esclavos del siglo XVIII. OP: Dice de pronto… claro, es Europa en el siglo XVIII, por Dios. Bueno, Había esclavos en las colonias. Qué dice Gibbon, lo escribe a finales del siglo XVIII, y dice: la época más feliz de la humanidad es la época de los emperadores Antoninos´’. Es decir, esa época fue de guerras continuas, no en Roma, fuera de Roma, fue guerra de esclavitud. En el siglo XVIII, cuando lo escribe Gibbon, había esclavos y había déspotas ilustrados: Catalina de Rusia, Federico de Prusia, y había también en China y en Japón, dos países civilizados, también déspotas ilustrados. El siglo XX, que a ustedes les gusta tanto, ha sido el siglo de las dos guerras mundiales, ha sido el siglo de la guerra atómica, ha sido el siglo de los campos de concentración en Alemania, el siglo de los campos de concentración en Rusia. Ha sido el siglo en que se ha envilecido de un modo casi absoluto el amor, el erotismo, que se ha convertido el cuerpo en publicidad. Cómo es posible que ustedes estén hablando solamente –claro, son intelectuales, son escritores, son artistas–, que estén hablando del cuerpo y no piensen que el siglo XX y el capitalismo justamente han envilecido al cuerpo, incluso el deporte moderno ha envilecido al cuerpo. Cómo es posible que ustedes olviden que inmoralmente la sociedad occidental actual es abyecta. No ver esto es no ver realmente la realidad. Intervención de los demás… Luego volverán a intercambiar ideas, esta vez sobre George Orwell. Centenario de Paz La Casa de América de Madrid conmemoró los 100 años del natalicio de Octavio Paz el 27 de mayo de 2014 con una mesa (ver en you tube) en donde estuvo como moderador el escritor mexicano Ricardo Cayuela, con la participación de su compatriota el historiador Enrique Krauze y los escritores Jorge Edwards, de Chile, Savater y Vargas Llosa, quien abrió así su larga intervención: “Afortunadamente me equivoqué. La dictadura no era tan perfecta como parecía. Octavio Paz fue un gran polemista, creo que uno de los más brillantes polemistas que yo he leído y buena parte de sus polémicas fueron polémicas consigo mismo. Creo que ese es uno de los signos más flagrantes de la vitalidad de su obra. Nunca estuvo contento con sus propias convicciones y siempre las estuvo sometiendo a un análisis crítico y eso le permitió cambiar y eso hizo de él un pensador de la libertad. Cuando decimos ‘Octavio Paz, pensador de la libertad’ es una verdad, pero una verdad un poco estereotipada y demasiado general. La libertad Paz la fue descubriendo, la fue conquistando a medida que cambiaba de opinión y a medida que la realidad desmentía muchas de sus creencias y a adoptar otras, a veces las más opuestas a las que había defendido hasta ese entonces.” Tras un repaso histórico, se detuvo en El laberinto de la soledad: “Es un libro hermosísimo, maravillosamente escrito, y que presenta una visión fundamentalmente poética de la identidad mexicana. Pero yo no diría que es un libro que defiende la libertad, sino precisamente lo contrario. Es un libro que define la identidad mexicana a partir del nacionalismo y a partir del nacionalismo en una de sus peores representaciones que es el colectivismo. Es un libro que con la belleza de su prosa, con la elegancia de sus imágenes nos convence que hay una manera de ser mexicano, que es el resultado de una historia, resultado de una cultura, resultado de un transcurrir colectivo que ha ido perfilando, definiendo, una cierta manera de ser. Una identidad que comparten todos los mexicanos. Esa es una visión nacionalista y colectivista de la historia profundamente reñida con la cultura de la libertad. Es un libro que nos seduce, que nos soborna por la extraordinaria belleza y elegancia de su prosa, pero sometido a ese tipo de análisis críticos profundos que solía hacer Octavio Paz. Es un libro que desde el punto de vista de las ideas, en lugar de acercarnos, nos aleja de la libertad. “Él no se quedó en El laberinto de la soledad, siguió avanzando y como ha mencionado también Enrique Krauze, a partir del testimonio de Alexander Solzhenitsyn, a través de ese libro increíble, verdaderamente increíble, que es El Archipiélago del Gulag, dio un salto que lo alejó profundamente del nacionalismo y del colectivismo en el que estaba todavía cuando escribió El laberinto de la soledad. “A partir de entonces, yo creo que efectivamente, Octavio Paz se convierte en un pensador de la libertad, hace una profunda autocrítica del colectivismo, es el momento en que rompe realmente con el marxismo y adopta resueltamente la cultura democrática.” “(…) Nunca acabó de ponerse de acuerdo totalmente sobre lo que era la verdadera democracia. Desde luego nunca tuvo ninguna duda sobre lo que es la democracia política. La tolerancia que ella implica. La importancia que tiene la existencia de partidos políticos. La importancia de la renovación del poder a través de elecciones. La fundamental importancia de una prensa libre y crítica. Pero Octavio Paz nunca llegó a entender la libertad económica. Y por eso su liberalismo es político y nunca económico. Nunca llegó a aceptar la idea de que el mercado pudiera garantizar a la creación artística, a la creación literaria, al pensamiento filosófico; una libertad semejante a la que ofrecía políticamente a los ciudadanos de una nación. La idea de que el mercado pudiera de alguna manera determinar el éxito o el fracaso de las creaciones literarias y artísticas le repugnaba. Le parecía que una cultura sometida a la dictadura del mercado, era una cultura de alguna manera enajenada en la que el precio y el valor, cosas distintas, se fundían en una sola mentira.” Antes de manifestar su deuda con él, expuso: “(…) Es fascinante leer las discusiones de Octavio consigo mismo respecto a qué con qué se podía entonces reemplazar al mercado en el campo cultural para que la cultura pudiera funcionar con genuina, con auténtica libertad y sin las inevitables enajenaciones que trae el funcionamiento del mercado con un índice de valoración artística y cultural. “Nunca llegó a una conclusión al respecto y yo creo que nunca llegó porque no hay ninguna conclusión que sea capaz de establecer esas diferencias ontológicas entre la libertad política y la libertad económica. Pero lo que es interesante, lo que es fascinante es que Octavio Paz tuvo el coraje de plantear unos problemas como son de muy difícil o de imposible solución, tratamos de esquivar y silenciamos. Por silenciarlos y por esquivarlos, la democracia que tenemos la suerte de vivir en buena parte del mundo, ha entrado en crisis.”

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