"Nada siempre, todo nunca", del Colectivo Macramé

viernes, 24 de noviembre de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El Colectivo Macramé nos sorprende con su obra teatral Nada siempre, todo nunca, donde el hilo conductor es la idea del tiempo: ¿Se puede detener el tiempo? ¿Para qué queremos hacerlo? ¿Nos pertenece o se nos impone inexorablemente? Para romper la convención del tiempo, la primera propuesta de Nada siempre, todo nunca –dirigida y escrita por Mariana Gándara y creada por el Colectivo– es cambiar las manecillas del reloj (que ahora se traduciría en cambiar la hora en nuestro celular) y así quitarle al tiempo una hora y media, que es lo que durará la obra, para transitar en él sin prisa y sintiendo que vivimos un tiempo detenido que no se encuentra en ningún lugar más que en ese instante escénico, en el cual conviviremos actrices y público. Desde que estamos afuera esperando la entrada, las palabras nos invitan y nos hablan de tú a través de una pantalla; nos entregan un programa de mano que es un calendario anual, cuyo contenido consiste en juegos, acciones y ejercicios con los que el Colectivo trabajó para crear esta obra. Nada siempre, todo nunca es una provocación; una tergiversación de las convenciones, donde el público pasa a formar parte de la puesta en escena. Qué más claro que mantenernos en un inicio en el foro observando a las siete actrices bailar una pieza de rock esparcidas entre las butacas. La resistencia a participar como obligatoriedad se va diluyendo y nos involucramos sin que nos demos cuenta en ese escribir un listado de nuestras necesidades, para después diferenciarlas de nuestros deseos. La percepción cambia y el deseo se apodera de la intención. Las acciones del público se integran a lo que las actrices nos quieren decir y mostrar. No hay personajes complejos, sino mujeres expresando su sentir. Es honesta y sencilla la propuesta de contenidos y puede elevarse a paisajes existenciales que nos hacen reflexionar. Recogemos pensamientos que nos llevan al juego lúdico, como la idea de que “hubo un tiempo en el que no existía la erosión y éramos posibilidades…”, y en esa posibilidad transitan las siete actrices; frente al micrófono, una rememora todo lo que quisiera que vuelva; otra expresa la sensación de inutilidad; alguien revive aquel lugar en donde fue tierra, y otra más se vuelve esa casa de la que asoma su cabeza y nos habla de los que la habitan. La necesidad se convierte en deseo y algo poderoso trasciende la cotidianidad: “Con el sudor de mi frente regaré los frutos de mi anhelo”. Nada siempre, todo nunca es una obra interactiva y multidisciplinaria con coreografía de Mariana Arteaga, iluminación de Natalia Sedano e idea original del Colectivo Macramé, conformado por Aura Arreola, Ana Valeria Becerril, Regina Flores Ribot, Alma Gutiérrez, Abril Pinedo, Miriam Romero y Mariana Villegas. Juntas nos contagian esa alegría para vivir y hacer teatro a pesar del desencanto. Nada siempre, todo nunca estrenó este año en el Cine Tonalá e inicia temporada en el Teatro Santa Catarina. Al final de la obra, brindamos y bailamos sintiéndonos parte de algo. Los espectadores nos miramos y nos hablamos de tú; y ellas, el equipo, festejan haber trabajado en conjunto una propuesta creativa que divierte y nos hace salir del aislamiento para convertir el hecho teatral en un acto efectivamente colectivo. Esta reseña se publicó el 19 de noviembre de 2017 en la edición 2142 de la revista Proceso.

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