'Sonidos del corazón”: hija y papá en sintonía

viernes, 2 de noviembre de 2018
MONTERREY, N.L. (apro).- En el fondo y en la superficie, Sonidos del Corazón (Hearts beat loud, 2018) es un drama con tintes de comedia que retrata una relación excepcional de padre e hija, con altibajos y mucho amor. Es tremenda la química entre Frank (Nick Offerman) y Sam (Kiersey Clemons), quienes se encuentran en un rincón aislados de la gran ciudad, sobrellevando vidas apacibles y tratando de superar a diario la trágica pérdida de la mujer que, como esposa y madre, completaba sus vidas. Sin embargo, en sus vidas sencillas, saben que no se debe renunciar a los sueños. Aunque extrañan a la ausente, avanzan a través de los años unidos como un equipo indivisible y con una excepcional confianza que los lleva a tener una intimidad espiritual total. Frank es un rockero que tuvo su tiempo de gloria y ahora, cerca de la vejez, atiende una tienda de discos antiguos. Es un romántico de la profesión, que no obtiene ganancias considerables, aunque sabe que no puede dejar de rocanrolear, estar cerca de la música, vivir atado a las melodías que le dan sentido a su vida. Camina entre los estantes llenos de acetatos como si anduviera en el escenario. https://youtu.be/PtH-9USdNhY Sam es una chica que se va adentrando en la edad adulta y sueña con ser doctora. Sin embargo, desprecia el talento que tiene para la música y que la puede llevar más allá que el aburrido trabajo de facultativo, al que planea dedicar el resto de su vida. En torno a este par orbitan algunos amigos y amores entrañables que les hacen soportable la vida y los ayudan, con su compañía, a avanzar por la pérdida permanente que hay en casa. No existen aquí grandes vuelcos dramáticos. Ellos dejan pasar sus días como quien ve llover. Sin embargo, a lo largo de toda esta pequeña historia queda una fuerte marca de amor por la familia y los amigos. Aunque no emprenden grandes odiseas, ni están involucrados en tareas sorprendentes, estas personas hacen que fluya entre ellos mucha energía afectiva y calidez. En uno de esos intentos por evocar sus sueños juveniles de músico, el papá anima a la hija a grabar una canción que, inesperadamente, les ofrece enormes sorpresas que pueden capitalizar con un espectacular reingreso a la escena. La industria tan hermética les proporciona la oportunidad única, pero seguirla significa renunciar a sueños académicos. En medio de aproximaciones románticas con una amiga y sus dilemas familiares, Frank, siempre ligero y en buen humor, acepta su destino y entiende que su deber de padre es hacia su hija. Aprende que al renunciar no necesariamente pierde. Es necesario dejar ir para recomenzar, como lo experimenta con un relanzamiento en su vida con el ánimo siempre intacto. Sonidos del Corazón es una película con grato aroma independiente, que mueve hacia el buen humor.

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