'La Orestiada”, una cadena de asesinatos

jueves, 27 de junio de 2019
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Una serie de venganzas y el final de una maldición ancestral se cumplen en el periplo que los personajes recorren en la trilogía de La Orestiada, de Esquilo, que ahora se presenta en una versión libre del joven dramaturgo inglés Robert Icke bajo la dirección de Lorena Maza. Una tragedia completa donde se suceden una serie de muertes que los personajes no pueden eludir porque su destino está marcado: Agamenón sacrifica a su hija Ifigenia para poder ganar la guerra; Clitemnestra, su mujer, cumple la promesa de matarlo a su regreso, y con él a Casandra, su amante, botín de guerra; finalmente Orestes, impulsado por su hermana Elektra, mata a Clitemnestra, su madre, cumpliendo el ciclo de venganzas. La intención de Esquilo era presentar, en una sociedad regida por los principios de la democracia, la transición de la ley del talión hacia el imperativo de los principios de justicia dentro de la legalidad. Si bien sus obras están impregnadas de la relación entre los dioses y los humanos, en esta propuesta (que tiene el antecedente de la versión de Barico de La Iliada), los mandatos divinos y la presencia de los dioses son sustituidos por elementos de la actualidad, como el poder político superior y los personajes arquetipos de diferentes sectores de la sociedad o que los representan. Lorena Maza se compromete con este presente y construye un entramado de relaciones y conflictos internos poderosos, que revelan a personajes que se cuestionan a sí mismos y que confrontan constantemente al otro. Con una interpretación que se aleja de la grandilocuencia y la impostación, Jose Carlos Rodríguez, Cristian Magaloni, Laura Almela, Inés de Tavira, Ema Dib, Evangelina Martínez y Renata Ramos, entre otros, construyen desde adentro a sus personajes y dejan ver en ellos tanto lo que los atormenta como la manera en que llegan a tomar decisiones de vida. La propuesta escenográfica revalora los objetos que juegan en la historia doméstica y política a la vez, y en los costados del espacio se cuelgan con cuerdas y pinzas para convertirse en elementos de prueba que inculpan o explican los acontecimientos del pasado y ayudan al recuerdo y al procedimiento judicial. La estética escenográfica, diseñada por Laura Villegas, se complementa con el juego de los manteles manchados y ensangrentados que se despliegan constantemente y nos remiten a lo que sucedió ahí. La mesa, que ocupa la mayor parte del escenario, es utilizada como plataforma que permite a la directora jugar con dos niveles o más. Una plataforma que realza a los personajes cuando están arriba o minimiza a los que están abajo; que marca las relaciones de poder o la convierte en el punto de reunión para entablar cualquier conversación. La adaptación libre de Robert Icke, con la traducción de Pilar Ixquic Mata, agiliza la tragedia y sustituye los largos textos del coro y de los personajes por diálogos de confrontación y reclamo. Orestes es el punto de partida para la reconstrucción dramática de la tragedia, dividida en tres actos y de cuatro horas de duración. Él intenta recordar, y en ese ejercicio con la psicóloga y un juicio de por medio, va juntando las piezas hasta caer rendido ante la verdad de ser el asesino de su madre. Pero no hay castigo, porque la juez lo perdona al quedar empatados los votos. El presente se nos viene encima corroborando que en esta sociedad no hay justicia para las mujeres asesinadas. Los feminicidios continúan siendo la columna vertebral de la injusticia que refleja el atraso ideológico y la práctica legal en que nos encontramos hasta la actualidad. La Orestiada, que se presenta en el Teatro el Galeón, es una oportunidad de revisitar, con una visión contemporánea, una de las tragedias griegas más importantes de la historia teatral. Esta reseña se publicó el 23 de junio de 2019 en la edición 2225 de la revista Proceso