Poemas de Pacheco y Labastida en 'Poesía en movimiento”

jueves, 4 de julio de 2019
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Los poetas José Emilio Pacheco y Jaime Labastida formaron parte de la generación más joven incluida en la célebre compilación Poesía en movimiento. México 1915-1966, realizada por Alí Chumacero, Homero Aridjis, Octavio Paz y el propio Pacheco. Tanto éste como el sinaloense nacieron en 1939. La semana pasada Pacheco habría cumplido 80 años el 30 de junio (por lo cual recibió un homenaje), y Labastida los celebrará el 15 de julio. En seguida, con autorización de Siglo XXI Editores, se reproduce una selección de poemas de ambos publicados en el volumen. Pacheco De algún tiempo a esta parte (fragmento) De algún tiempo a esta parte, las cosas tienen para ti el sabor acre de lo que muere y de lo que comienza. Áspero triunfo de tu misma derrota, viviste cada día con la coraza de la irrealidad. El año enfermo te dejó en rehenes algunas fechas que te cercan y humillan, algunas horas que no volverán pero que viven su confusión en la memoria. Comenzaste a morir y a darte cuenta de que el misterio no va a extenuarse nunca. El despertar es un bosque de hallazgos, un milagro que recupera lo perdido y que destruye lo ganado. Y el día futuro, una miseria que te encuentra solo: inventando y puliendo tus palabras. Caminas y prosigues y atraviesas tu historia. Mírate extraño y solo, de algún tiempo a esta parte. [Los elementos de la noche] * Inscripciones I Piedras que inútilmente cubre el tiempo. Muro entre dos distancias levantado que nada cubre ya, porque lo cubren la destrucción, la yerba, acaso el viento. Puerta cerrada de un jardín que nunca ha existido o yace entre sus ruinas. Muro de polvo; siglos que se yerguen contra el paso de nadie, bajo el tiempo II Una vez, de repente, a medianoche se despertó la música. Sonaba Como debió sonar antes que el mundo supiera que fue música el lamento de las horas deshechas y del hombre al que al instante gasta a cada instante. [Los elementos de la noche] * Nada altera el desastre… Nada altera el desastre: llena el mundo la caudal pesadumbre de la sangre. ¿Filo de qué inminencia, o ya frontera del viento que amanece y nos aguarda? Con un hosco rumor desciende el aire Y baja inconsolable, desmedido a la más pétrea hoguera Y se abandona Y hoja al aire, tristísima, la hoguera Contempla la incendiaria sed del tiempo, su víspera de ruina, los cantiles de las ciudades tremolando pálidas. Qué península azul, qué bamboleo es la llama internándose en la noche rodeada de negror y en todas partes sin embargo tan pálida y altiva y fija y ya serena y como muerta. [El reposo del fuego] * * * Labastida Ciudad bajo la lluvia Mira cómo, desde este exilio de cemento, se extiende la ciudad, a nuestras plantas. De aquí partían los mercaderes rumbo a España. Mira el humo en aquellas azoteas, el resplandor del sol en los tinacos, aquellas sucias fábricas a plomo. Mira el papel que cae desde un alto edificio: pájaro que ablandara sus alas. Encabritadas garras afilando,águilas junto al cielo se desploman. En este oscuro cuarto un pedazo de historia se fabrica; en aquel otro, un hombre sueña con mujer pero en su lecho sólo la luna abraza sus muslos y torso. Huele la lluvia. Mira cómo de la tierra asciende ese pesado olor del protoplasma. Mira caer cenizas, polvos y desgracias. Mira cómo las lluvias construyeron los albañales de los aledaños. Mira cómo la lluvia cae sobre los pájaros y cómo los hombres, trapos sacudidos, oscilan por una ráfaga de viento, a la luz de ese único relámpago.Su rostro es una bronca blasfemia. Mira cómo el cielo resplandece en mitad de la noche, cómo las estrellas se desgañitan de luz. Mira cómo esta mugre tierra estalla y trastorna su sol que la corteja y corre luego entre pezuñas de asnos. Ve como abandona la tierra estos lugares dejando a ciertos hombres sin su antípoda, colgados de sus dientes, al vacío. Y el cielo desploma su ceniza, la facilidad de la muerte. Es la ciudad de México, que anuncia su verano. [La feroz alegría]  

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