Contra la corriente

jueves, 30 de diciembre de 2010

La mejor raquetista del mundo, Paola Longoria, ha tenido entre sus rivales más poderosos a la envidia y las injusticias. Iván Bautista se enfrentó a problemas vocacionales antes de, casi de rebote, convertirse en el entrenador de clavados más ganador a nivel nacional. Teócrito Arteaga entendió que el anonimato sería su mejor aliado, y colgado de dos medallistas olímpicos se abrió paso en los pantanos de la burocracia hasta que le reconocieron su contribución en el fomento e impulso al deporte. Ellos son tres de los seis ganadores del Premio Nacional de Deportes 2010. Aquí sus historias.

 

MÉXICO, D.F., 30 de diciembre (Proceso).- Desde sus inicios en su natal San Luis Potosí, Paola Michell Longoria, ahora catalogada como la mejor raquetista del mundo de los últimos dos años, ha combatido las envidias e injusticias que se multiplican como silenciosos fantasmas.

En 2006, el gobierno de San Luis Potosí, encabezado por Marcelo de los Santos, le confirió el Premio Estatal del Deporte consistente en 50 mil pesos. También obtuvo un incentivo similar por sus triunfos en los XXI Juegos Centroamericanos y del Caribe Mayagüez 2010.

La deportista considera que estos premios, lejos de ser un aliciente, la perjudicaron. Asegura que el gobierno del estado, por medio del titular del Instituto del Deporte, Juan Hernández Cossío, le retiró el apoyo para su preparación. De seguro creyeron, argumenta la deportista, que ese dinero bastaba para sufragar el resto de su gira internacional. 

Añade que en cada torneo ella invierte entre 30 mil y 40 mil pesos y cada año acude a por lo menos 20 competencias.

“A partir de que gané el premio se me cerraron las puertas para representar a San Luis Potosí”, afirma. Y añade que incluso La Loma, uno de los exclusivos clubes del estado donde entrenaba, también se unió al bloqueo.

La raquetista comenta que hace cuatro años el director de La Loma, Gerardo Serrano, le dijo: “Paola, cancela tu membresía familiar, pues te vamos a otorgar una beca por haber puesto en alto el nombre de este club”. A ella le pareció justo, pues con frecuencia utilizaban su imagen con fines publicitarios.

Las promesas se esfumaron y La Loma no sólo canceló la membresía de Paola y su familia, sino que además les prohibió la entrada a sus instalaciones. Ante tantos problemas optó por irse del estado. Se marchó a Baja California, entidad a la que representa, si bien cursa el quinto semestre de ingeniería en la Universidad Autónoma de Nuevo León, en Monterrey.

Al hacer una evaluación de su desempeño deportivo, Paola está convencida de que De los Santos y Hernández Cossío fueron muy importantes para que lograra convertirse en símbolo del racquetbol mexicano:

“Ellos me obligaron a irme del estado, pero Baja California me abrió las puertas. Cuando Serrano me negó el uso de las canchas en La Loma creyó que no saldría avante, pero ocurrió todo lo contrario: eso me motivó.” 

Al paso del tiempo, Longoria empezó a destacar en el tour profesional y tuvo oportunidad de irse a entrenar a Estados Unidos durante nueve meses. “Esos pequeños obstáculos me hicieron madurar, crecer y luchar por lo que más anhelaba: ser la número uno del tour”.

Ahora casi todos saben que Paola es la jugadora número uno del mundo de la Organización Profesional de Racquetbol Femenil (WPRO, por sus siglas en inglés) por segundo año consecutivo. Ha sido la más joven que asciende a este escalafón y la primera mexicana que lo alcanza.

En los Juegos Centroamericanos y del Caribe Mayagüez 2010 fue campeona de singles y en el Campeonato Mundial de Seúl, Corea, logró bronce individual y oro en dobles, título que comparte con Samantha Salas Solís.

 

“Como Lorena Ochoa”

 

La reina del racquetbol es también una empresaria que comercia su propia línea de ropa deportiva a través de internet. Maneja dos cuentas en las redes sociales, una en Facebook y otra en Twitter. Cada día se agregan más personas que han saturado el primero de estos espacios, al grado que ya planea abrir una cuenta sólo para sus fans, que se multiplican en todo el mundo.

Ahora que el éxito la acompaña no olvida los momentos difíciles: “No ha sido fácil, pues tuve que sortear obstáculos y envidias. Mucha gente me puso trabas burocráticas para asistir a los torneos internacionales… He aprendido a lo largo de estos 13 años que llevo jugando que todo es relativamente fácil y pueden superarse todas las dificultades”.

La potosina no se confía, pues sabe que los envidiosos y malintencionados siguen ahí. “Cuento con mi familia, mis amigas y mis compañeras de la Universidad Autónoma de Nuevo León, mis entrenadores y mi preparador físico. Ellos son mi principal apoyo”.

Comenta que hay tres cosas que no soporta: la envidia, la hipocresía y las mentiras.

Y añade: “En la vida de un deportista siempre hay obstáculos; es muy raro el atleta que no tuvo carencias. En mi caso tuve la oportunidad de que mis padres (José Longoria y Patricia López) siempre apoyaron mi carrera deportiva y se esforzaron para que pudiera asistir a los torneos. Al principio empiezas de cero y no tienes patrocinadores”.

El pasado 20 de noviembre, durante la entrega del Premio Nacional de Deportes 2010, el presidente Felipe Calderón la comparó con la exgolfista Lorena Ochoa: “Me es grato felicitar a un gran valor del racquetbol en México y en el mundo: Paola Longoria, primera en ganar el tour profesional en esta disciplina y dos años consecutivos líder mundial en este deporte. Es como la Lorena Ochoa del racquetbol”.

El mandatario agregó: “Paola es ejemplar, busca siempre la victoria, la pelea punto por punto, una mujer que no se arredra, comprometida con el deporte y el país que tiene en la mira lo más alto del podio”.

“Qué orgullo que me comparen con una deportista que dio muchísimos triunfos para México. Ella estuvo también dos años como número uno en el golf, y tras su retiro sigue demostrando su calidad en los juegos de exhibición”, dice Paola.

Le gusta la música, el baile y el cine. “Hago deporte desde chica. Soy carismática, me encanta divertirme y pasar el tiempo con mi familia y mis amigas. Me la paso riendo. Eso es más que nada Paola Longoria. Defiendo los colores de Baja California, de la universidad, del país y de todo lo que pueda ponerme”. 

 

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