Antonio Chalita termina prueba de 260 kilómetros en el sitio 13

viernes, 26 de marzo de 2010

México, D. F., 26 de marzo (apro).- Antonio Chalita, el mecánico-corredor, llegó a la extenuante prueba de ultramaratón II Transahariana con el sueño de terminar los 260 kilómetros “sin parar”.

Y Chalita, el esforzado atleta que viaja por el mundo al menos tres veces al año en busca de nuevos desafíos en las llamadas carreras extremo, amaneció esta semana como el primer corredor de Latinoamérica que logra concluir felizmente el trayecto.

El atleta capitalino cruzó la meta en el sitio 13 entre los 14 competidores que terminaron el recorrido de 268 kilómetros, con la participación de 37 atletas de todo el mundo. Al trayecto se le agregaron ocho mil metros de última hora.

Chalita detuvo el cronómetro en 80 horas y 37 minutos en condiciones sumamente extremas. Por ejemplo, en el segundo día de recorrido -cuenta el deportista- “la temperatura alcanzó los 50 grados y los GPS marcaron un nivel arriba de 5 mil 300 metros de altura”.

El atleta cuenta hoy su experiencia: “ha sido la carrera de mayor exigencia en mi vida deportiva. Lloré mucho y pedí a Dios por situaciones muy personales que había vivido previo a la carrera”.

Antonio prosigue: “dos semanas antes de realizar esta prueba estaba sentimental y espiritualmente devastado: me sentía muy mal porque estaba a punto de divorciarme; me colapsé, y como ser humano me enfermé del alma”.

La crisis emocional apareció justo en los momentos de mayores apremios. Era el último día de la extenuante competencia, bajo una temperatura de 50 grados, sin alimentos y sin agua –que perdió por un descuido a falta de 22 kilómetros para el punto de control-, y a Chalita le pegó la depresión:

“Lloré mucho, pedí perdón a Dios por lo mal que me había portado con mi familia y conmigo mismo. Ese día crecí más espiritual que deportivamente hablando. Esta experiencia no me la ha dado ni el Marathon Des Sables (Maratón de las Arenas), ni la Jungle Marathon, que me dieron un reconocimiento atlético y, sobre todo, mucha vanidad”.

Dice: “Pero llegó a mis manos un buen libro, los Cuatro Acuerdos Toltecas, del doctor Miguel Ruiz, aunado al trabajo de un psicólogo, quienes espiritualmente me ayudaron para salir adelante, porque de otra manera no sé cómo hubiera acabado esta carrera”.

Y acepta: “me enfermé de egocentrismo y vanidad. Perdí piso, porque muchas veces la adulación de tantas personas hace perderte; fue mi caso, y pagué las consecuencias. Pero en la segunda Transahariana me reencontré conmigo mismo”.

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