Se superan rezagos sociales, pero ingresos siguen a la baja: Coneval

lunes, 2 de mayo de 2011

MÉXICO, DF, 2 de mayo (apro).- De acuerdo con el último censo de población y vivienda, levantado el año pasado, casi todas las carencias asociadas al rezago educativo, acceso a los servicios de salud, calidad y espacios de la vivienda y a los servicios básicos en éstas, se redujeron en todas las entidades federativas y en el país en general.
    Así lo informó hoy el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), al presentar un informe comparativo –censos de 1990, 2000 y 2010-- de la evolución de dichas carencias en el país.
    La institución enfatiza, sin embargo, que pese al avance notorio en la superación de los principales rezagos sociales, el ingreso de los mexicanos más pobres sigue a la baja.
    “Tanto en las entidades federativas como en el país –dice el reporte--, ha aumentado la proporción de la población cuyos ingresos laborales son insuficientes para adquirir la canasta básica alimentaria”.
    Por ello, advierte, “el incremento del poder adquisitivo y la necesidad de mejorar la calidad de los servicios constituyen dos de los mayores retos para la superación de la pobreza, tanto en el ámbito local como en el federal”.
    También advierte que el análisis de otras variables importantes de la dimensión de la pobreza –como ingreso, acceso a la alimentación y a la seguridad social, así como el grado de cohesión social--, lo dará a conocer hasta el 29 de julio, toda vez que la información de los censos no es suficiente para una evaluación completa, por lo que deben incluirse datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), mismos que difundirá el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) el 15 de julio.
    Así entonces, el reporte que presentó hoy el Coneval aborda sólo los temas de rezago educativo, acceso a los servicios de salud, la calidad y espacios de la vivienda y a los servicios básicos en la vivienda. En todos ellos, según el reporte, ha habido avances significativos.
    De la información destaca que el Distrito Federal y Chiapas siguen siendo las antípodas: el primero, con el menos rezago educativo, y la segunda, con el mayor.
    El indicador de rezago educativo toma en cuenta la población de 6 a 15 años de edad que no asiste a la escuela y que no ha concluido la educación básica obligatoria (preescolar, primaria y secundaria).
    En ese sentido, el porcentaje de población de Chiapas que se halla en esa condición es, según el censo de 2010, de 32.9%. Es decir, en la entidad una de cada tres personas, de ese rango de edad, no asiste a la escuela y no ha concluido la educación básica obligatoria.
    Sin embargo, los datos revelan que, aunque lentamente, hay progresos: en el censo de 1990, el porcentaje de chiapanecos en esas condiciones era de 43.2% y en el censo de 2000, de 36.8%.
    En el otro extremo, el Distrito Federal tiene un rezago educativo –que es el menor-- de 9.4%. Poco menos de una de cada 10 personas de 6 a 15 años, no va a la escuela y no ha terminado la educación básica.
    Para el censo de 1990 el rezago en la Ciudad de México era de 13% y en el de 2000, de 10.6%.
    A escala nacional, el rezago educativo de ese grupo de edad fue de 14% en 1990; de 9.7% en 2000 y de 5.9% en 2010.
    En el caso de las personas mayores de 15, el rezago educativo también se ha reducido en todas las entidades federativas. A escala nacional, la población mayor de 15 años que no contaba con primaria completa (cuando este era el ciclo obligatorio) fue de 39% en 1990; de 31.2% en 2000, y de 28% en 2010.
    Otro indicador del rezago educativo es la población mayor de 15 que no contaba con secundaria completa. También se han reducido los porcentajes. De 37.9% en 2000, a 23.1% en 2010.
    En términos generales, dice el Coneval, “la dimensión de carencia por rezago educativo, que toma en cuenta los anteriores indicadores, se redujo a escala nacional: de 26.6% en 1990, a 22.5% en 2000 y a 19.4% en 2010”.
    En materia de acceso a los servicios de salud, según el reporte, los estados de Chiapas, Guerrero y Oaxaca mostraban, en 2000, la mayor proporción de población sin acceso a esos servicios (IMSS, ISSSTE estatal o federal, Pemex, Ejército o Marina), con 81.6%, 79.3% y 77.1%, respectivamente.
    Diez años después los porcentajes, aunque siguen siendo muy altos, se redujeron notablemente: Chiapas, 43.2%; Guerrero, 46.1% y Oaxaca, 44.3%.
    En el extremo opuesto, Colima pasó de 51.1% en 2000, a 16.5% en 2010, que es el más bajo porcentaje en el país. Otro caso es el de Aguascalientes: de tener en 2000 un 43.7% de su población sin acceso a los servicios públicos de salud, pasó a 17.1% en 2010.
    Casualmente, el Distrito Federal se ubica con porcentajes muy cercanos a la media nacional: en el 2000, 47.1%; en el 2010, de 32.9%.
    A escala nacional, el porcentaje de habitantes sin acceso a servicios médicos pasó de 58.6% en 2000 a 33.2% en 2010.
    En materia de calidad y espacios de la vivienda, el Coneval define que se considera como población en situación de carencia por calidad y espacios de la vivienda a las personas que residen en hogares que presentan al menos una de las siguientes características:
Los pisos son de tierra; el techo es de lámina de cartón o desechos; los muros de la vivienda, de barro o bajareque, de carrizo, bambú o palma; de lámina, de asbesto o de material de desecho, o cuando los residentes de la vivienda padecen hacinamiento, es decir, si la razón del número de personas por cuarto es mayor a 2.5.
    En ese marco, dice la institución que los cuatro indicadores que componen esa dimensión de pobreza se han reducido. Por ejemplo, en 1990 el Distrito Federal era la única entidad –de las 32-- con un porcentaje menor de 5% de viviendas con piso de tierra; en 2000 ya eran cinco las entidades y en 2010 era 19 las entidades con un porcentaje de carencia menor a 5%.
    Si se considera el conjunto de indicadores que componen la carencia por calidad y espacios de la vivienda –concluye el Coneval--, se observa que dicha carencia pasó de 41.5% en 1990, a 29.4% en 2000 y a 17% en 2010.

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