Terrorismo: un solo rasero

sábado, 2 de noviembre de 2002
En tanto que los académicos y los expertos internacionales en conflictos armados no logran ponerse de acuerdo en qué exactamente debe calificarse desde el punto de vista legal como un acto de terrorismo, los políticos parecen haber arribado a una feliz coincidencia: todo aquello que atente violentamente contra el orden establecido –o simplemente contra sus intereses– es terrorismo y debe enfrentarse como tal: sin concesiones y mediante el uso de la fuerza Peor aún, mientras se multiplican los actos de terror, al tiempo que la guerra global contra el terrorismo intenta abrirse paso, se avanza peligrosamente hacia un enfoque que busca definir al fenómeno como el producto unitario de una sola conspiración universal, sin matices y sin distinción de bandera u origen, aun tratándose de conflictos mucho más añejos y, por lo tanto, ajenos a la coyuntura que actualmente se vive Esta ha sido por lo menos la tónica de interpretación que se ha dado a una serie de atentados que se han sucedido en Yemen, Kuwait, Indonesia, Filpinas y Jordania; a la toma de rehenes por un comando checheno en Moscú y hasta indirectamente al episodio del francotirador en los alrededores de Washington Todos, de una u otra manera, encajarían en la lógica posterior a los atentados del 11 de septiembre, que ubica al extremismo islámico y a su supuesto eje vinculante, la red de Al Qaeda, como responsables últimos del desasosiego existente Concediendo que, por tratarse de casos muy puntuales, los ataques en Yemen, Kuwait y Jordania (todos contra personal norteamericano) pudieran efectivamente corresponder a dicho eje, en los otros episodios, aunque aparezca el elemento musulmán, la interpretación no debería ser tan mecanicista ni tan simple; no, por lo menos, si se quiere alcanzar soluciones de fondo y no emprender una simple cacería militar o policiaca En el caso de la multiasesina explosión ocurrida en Bali, por ejemplo, casi inmediatamente los servicios de inteligencia del Sudeste Asiático y, particularmente, los de Australia, señalaron a un grupo denominado Yemah Islamiyah y a su líder, Bakar Baasyir, como responsables Considerados como extremistas, sin vacilación fueron señalados como la rama de Al Qaeda en Indonesia; las naciones vecinas los acusaron de planear actos terroristas en sus territorios y Singapur fue más allá, al advertir que pretenden establecer una teocracia unificada que abarque ese país-isla, Malasia, Indonesia, la región filipina de Mindanao y Brunei La presidente indonesia, Megawati Sukarnoputri, recibió reclamos por no haber hecho caso de las advertencias y permanecer en una parálisis derivada, justamente, del miedo a la reacción de sectores musulmanes radicales Este temor no es infundado, pero habría que trabajar para contarrestar el fenómeno y no sólo reprimirlo, lo que, por el contrario, podría exacerbarlo Indonesia es el país con mayor población musulmana en el mundo, pero su sociedad se ha caracterizado por un considerable grado de secularidad Sólo en los últimos años, después de la caída de Suharto, se ha observado un ascenso de los partidos de filiación islámica La negociación política con los moderados, que son todavía la mayoría, debería ser una prioridad en la agenda En Filipinas, donde en últimas fechas también se han dado numerosos atentados, la sola represión ya se demostró como contraproducente Aunque con población mayoritariamente católica, Manila nunca logró vencer la resistencia musulmana de las islas del Sur Duramente reprimido por la dictadura de Marcos, el Frente Moro de Liberación Nacional (ahora Islámica), logró tejer incipientes acuerdos con los gobiernos democráticos que lo sucedieron; pero el anterior presidente Joseph Estrada y su sucesora, Gloria Macapagal, los echaron por tierra al lanzar una ofensiva indiscriminada contra todas las organizaciones islámicas, sin distinción Esta torpeza se dio a raíz del surgimiento de Abu Sayyaf, un grupo más reciente, extremista y violento, que se ha caracterizado por tomar rehenes, cometer asesinatos de escarmiento y realizar ataques explosivos Se le vincula directamente con Al Qaeda y con los ataques ocurridos en Zamboanga Ahora, las tropas gubernamentales actúan en todo el enclave musulmán, lo que ha redundado en que otros grupos retomen posiciones radicales y autodefensivas, inclusive aquellos que ya habían renunciado a la lucha armada Para redondear el escenario, desde enero de este año militares filipinos y estadunidenses llevan a cabo ejercicios conjuntos en esta zona de conflicto Y aunque se habla de una acción de rutina y los efectivos norteamericanos no están autorizados a intervenir en combate, más que en defensa propia, a pocos parece escapar que se trata de otra faceta de la guerra antiterrorista de Washington Por lo pronto, la estrategia no sólo ha alejado una vez más la solución a los largos intentos de secesión musulmana, sino que ha dividido a la propia sociedad filipina, que ve en ella un descarado injerencismo y una fuente de riesgo para su tranquilidad Más retorcida, todavía, es la interpretación que se quiere dar a la toma de rehenes por un comando checheno en un teatro de Moscú Porque ésta no fue producto de un fenómeno reciente, sino de un conflicto que se arrastra desde época de los zares y que rebrotó con fuerza después de la disolución de la Unión Soviética en 1991 En guerra por su independencia con Rusia, desde 1994, los chechenos iniciaron –aunque fallidas– pláticas de paz con el gobierno de Yeltsin; pero Putin, desde un principio, anunció que no negociaría ni un centímetro de soberanía y reforzó las acciones militares Nadie va ganando Según datos disponibles, casi cien mil chechenos –entre civiles y militares– han muerto; miles han sido detenidos, torturados y sometidos a prácticas degradantes y por lo menos otros 300 mil han huído Entre los efectivos rusos se habla hasta de 14,000 caídos; los atentados y la retención de rehenes han sido una constante, hasta llegar al trágico episodio de la semana pasada La astuta pero insensible solución que le dio Putin, aunada a la cacería que emprendió de inmediato contra la guerrilla independentista en Chechenia, dan cuenta de que sólo considera una solución militar Pero todavía hay más: calificó al asalto del teatro moscovita como parte de los atentados que está llevando a cabo ese ente difuso e inatrapable al que se denomina “terrorismo internacional” Existen, efectivamente, datos que vinculan a los rebeldes chechenos, mayoritariamente musulmanes, con los mujaidines que combatieron contra la Unión Soviética en Afganistán; de ahí, a un nexo con Bin Laden, hay sólo un paso Pero reducir el problema checheno a una simple expresión del extremismo islámico, parece por lo menos oportunista Por último está el caso del francotirador washingtoniano, que aunque el gobierno de Estados Unidos se ha cuidado mucho de calificar como terrorista y de vincularlo con Al Qaeda, buscándole, llena fácilmente el perfil: su actuación, sin duda, sembró el terror en la capital estadunidense; se trata de un veterano de la Guerra del Golfo, es negro y se convirtió al Islam Un retrato perfecto para los amantes de la simplificación Y es aquí, precisamente, donde se encuentran los riesgos de incluir a todos los actos violentos de reivindicación bajo una misma óptica y darles la misma solución Porque criminal en esencia y, por lo tanto condenable, el terrorismo tiene diferentes orígenes, procedimientos y circunstancias; y es aquí, justamente donde se entrampan los teóricos en su definición Aunque todos coinciden, según la doctrina clásica, en que se trata de un fenómeno que trata de infundir terror con el fin de alcanzar o retener posiciones de poder, desde el punto de vista legal no queda claro quién, cómo y cuándo estaría facultado para ejercerlo con un cierto margen de legitimidad, si es que alguno existe Según las leyes domésticas e internacionales, para su defensa, el Estado goza del monopolio de la violencia organizada; pero también se encuentra consagrado el derecho de los pueblos a la legítima rebelión, ante una tiranía interna o externa En ambos casos, los métodos suelen ser violentos e infunden terror, destrucción y muerte ¿Quién determina cuándo se trata de terrorismo o no? Para no entrar en grandes disquisiciones teóricas y a riesgo de caer también en una simplificación, habitualmente el que gana A menos, claro, que un día se logre una Corte Penal Internacional que juzgue, por igual, a los crímenes de ambos bandos Por el momento no parece el caso La violencia institucional se erige como única alternativa a la violencia subversiva, envolviéndola, sin distingos, bajo el mismo manto del terrorismo global Así, conflictos viejos y recientes, con respaldo social o sin él, de filiación islámica o no, con negociaciones abiertas o sin ellas, se incluyen convenientemente en las listas de enemigos a combatir por los gobiernos locales o por las potencias rectoras, llámense ETA, ERI, FARC, chechenos, tamiles, sijs, etc Y también, por qué no, países completos como Irak, Irán o Corea del Norte Lo único que no cabe en este esquema, al parecer, es la negociación Habrá casos en que los planteamientos sean inadmisibles y las acciones meramente criminales, pero muchos otros en que una voluntad política de los gobiernos para solucionar los problemas de fondo hubiera ya evitado muchos de los actos terroristas más terribles que ha presenciado el mundo Si la racionalidad no cabe entre quienes desafían al orden establecido, sería deseable que quienes encabezan las instituciones tuvieran más cordura para aminorar y no para exacerbar el círculo de la violencia Pero no es ni ha sido así Ejemplo por antonomasia de este modelo es el enfrentamiento entre israelíes y palestinos, en que ni los espectaculares atentados de los primeros ni las brutales acciones militares de los segundos a lo largo de tres decenios, y que se han recrudecido durante los últimos dos años, han dado la victoria a ninguna de las partes Y está claro que mientras no se alcance una solución política negociada, la dinámica de la violencia seguirá igual Pero resulta que Sharon, al igual que Putin, se ha montado convenientemente en la ola del “terrorismo global” La lógica es la misma que la del Pentágono y la Casa Blanca ¿Palestina y Chechenia a cambio de Irak?