Atrapados en la ficción

sábado, 12 de abril de 2003
México, D F (apro)- En la reciente entrega de los Oscar, el director de cine estadunidense Michael Moore aprovechó que recibió este premio al mejor documental, para lanzar un memorable mensaje contra la invasión de Irak “Vivimos en tiempos de resultados electorales ficticios, con los que se elige a un presidente ficticio”, dijo un furioso Moore, y remató: “Vivimos en tiempos en los que un hombre nos manda a la guerra por razones ficticias” El autor del documental “Bowling for Columbine” se refería, claro, a George W Bush, quien ocupa la presidencia de Estados Unidos gracias a un fallo de la Suprema Corte de Justicia, y a la invasión de Irak que ordenó sin el respaldo de las Naciones Unidas, utilizando argumentos como la repentina e ineludible necesidad de cambiar su régimen Argumentos que no compró buena parte de la humanidad; ni siquiera el Papa o las Dixie Chicks, anotó el director Pero la invasión también metió en una incómoda ficción a los países conocidos como potencias medias, esto es, los que no son desarrollados ni tienen un apabullante poderío militar, pero que por el tamaño de su economía y de su población, así como por los papeles que han jugado en la escena internacional, tienen opiniones que cuentan En dicho grupo destacan Rusia y China, cabezas del bloque comunista durante la Guerra Fría, y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, y se agregan naciones como México, Brasil, India, Sudáfrica e Indonesia En el histórico periodo de discusiones que hubo en la ONU previo a la invasión, estos países parecieron simpatizar con el bando enfrentado con Washington y liderado por Francia, que se oponía a que se hiciera cualquier cosa respecto a Irak sin la bendición del Consejo de Seguridad Para los franceses, defender a la ONU también significaba defender una visión del mundo en el que, en lugar de una hiperpotencia, haya varias potencias que se hacen contrapeso, un amable mundo multipolar La decisión de Bush puso en jaque el incipiente liderazgo de Francia y ha llevado a los más realistas —o a los menos sentimentales— a preguntarse si después de Irak, dicha organización, y las reglas internacionales a las que les da sustento, tienen algún sentido El derrumbe de la autoridad de la ONU y sus instituciones también arrastró consigo los principios en que países como el nuestro basaron sus relaciones con el mundo durante la mayor parte del siglo XX, entre los que sobresalen el de la no intervención y la solución pacífica de las controversias; pero sobre todo, la invasión de Irak orilló a las potencias medias a aceptar las acciones estadunidenses, que tanto criticaron, como hechos consumados y ahora todos se esmeran en sanar las heridas que el enfrentamiento temporal con Washington le infligió a sus respectivas relaciones bilaterales Defender a la ONU preocupa mucho, pero más inquieta enemistarse con el país que en los hechos toma las decisiones en todos los planos: económico, político y militar “Para construir el mundo multipolar, tan caro a la diplomacia francesa, hay que ser muchos”, notó hace unos días en un artículo sobre el escepticismo de China respecto a la agenda de París el editor de la sección internacional de Le Monde, Daniel Vernet “Y los candidatos no parecen ser una legión” Vernet explica que China tuvo varias razones para no enfrentarse con Estados Unidos, y la más fuerte es que para mantener su acelerado crecimiento económico, que por ahora es lo más importante para sus dirigentes, necesita a ese país como socio estratégico En tanto, los líderes rusos, que acaban de recibir sonrientes en Moscú a la asesora de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Condoleezza Rice, quieren cuidar su diálogo con Washington sobre desarme nuclear y conservar su apoyo para seguir figurando en clubes exclusivos, como el G-8 Los indios, antes líderes de mundo no alineado, en esta guerra del Golfo no se pusieron del lado de Irak, como en la anterior, ya que desean el respaldo clave de los estadunidenses si vuelven a pelear con Pakistán por Cachemira A México le apura un montón de cosas, empezando con volver a hablar de migración con su vecino Y así es como caímos en la ficción, donde con sus actos los gobiernos de estos países avalan a los estadunidenses, pero en el discurso, siguen abogando por la ONU y la estructura de poder que representa, aunque ya no exista Por ejemplo, el miércoles 9 de abril, mientras los marines derrumbaban la estatua de Saddam en la plaza Paraíso, en Bagdad, el presidente de México, Vicente Fox, decía en una entrevista de radio que la relación con Estados Unidos es tan importante, que su gobierno, junto con los empresarios del país, cabildean para que al presidente Bush se le olvide la decepción que le provocó nuestro rechazo a su unilateralismo Hasta ahí todo bien; pero luego agregó que, en la ONU, “nosotros vamos a seguir defendiendo el multilateralismo” Curiosamente, y hasta donde se sabe, en los planes de México no está proponerle al Consejo de Seguridad una resolución que condene el carácter unilateral de la invasión de Irak El multilateralismo como lo conocíamos, desapareció en Irak o incluso antes —como piensan los chinos—, en las ruinas de la Yugoslavia de Slobodan Milosevic, tras el ataque también unilateral que la OTAN, liderada por Estados Unidos, lanzó en su contra en 1999 Y en la Ciudad de México, Brasilia, Bombay, Pekín, Moscú e incluso París lo saben, pero no lo dicen Huir de la ficción sería sano para todos A Francia, pilar junto con Alemania de la Unión Europea, le permitiría retomar la cooperación con Estados Unidos, tan importante para la estabilidad global y para la supervivencia del proyecto europeo Y a las potencias medias, más débiles que Francia, les abriría la posibilidad de contribuir, con su propio beneficio en mente, a redactar nuevas reglas para el mundo que ha nacido en los escombros de Bagdad ¿Y cómo es ese mundo al que hay que ponerle reglas? Frank Vibert, director del European Policy Forum lo llamó a finales de marzo en la página electrónica de Open Democracy el “nuevo cosmopolitanismo” y dice que tendrá cuatro grandes características, todas definidas a partir de la supremacía estadunidense: 1 En términos políticos, la localización geográfica ya no importa; lo que vale es la manera en que los Estados ven el mundo más allá de sus fronteras Para ser amigos, importa más la coincidencia de ideas y políticas que la cercanía física 2 Las formas rígidas en las relaciones internacionales son reemplazadas por unas flexibles e informales Las alianzas basadas en los tratados dejan paso a las coaliciones flexibles, “de los que quieren y pueden” Las “formalidades del derecho internacional” son sustituidas por la informalidad de la coordinación de leyes nacionales Los actores privados, como los empresarios, tienen más poder que las instituciones como el Banco Mundial 3 El principio de no intervención es historia: ya no se acepta que un Estado diga que es soberano y tiene el derecho de conducir sus asuntos internos como le plazca Los Estados se tienen que regir por la democracia y el libre mercado; los que no lo hagan, son percibidos como amenazas al orden internacional y pueden enfrentar sanciones que van del aislamiento económico a una invasión, como vemos en Irak 4 El nuevo orden es secular El célebre internacionalista estadunidense Joseph Nye, agrega en su libro “La paradoja del poder americano” que en el mundo donde existe una sola superpotencia, el mayor reto para eso llamado comunidad internacional es acotarla Como los enanos a Gulliver, precisa Nye Por lo tanto, declarar la muerte del viejo orden que simboliza la ONU, no significa resignarse a sufrir la supremacía estadunidense, sino aceptar la obligación de instalar mecanismos novedosos que eviten que vuelva a arrollarnos El cineasta Moore tuvo mucho valor para criticar la ficción en un foro dedicado a premiarla La comunidad internacional necesita una determinación igual para reconocer que no tiene mucho caso debatir en el Consejo de Seguridad resoluciones que su integrante más importante acatará sólo a veces El mundo multipolar propuesto por Francia le conviene a países como el nuestro y a las demás potencias medias, pero para que exista, hay que construirlo en condiciones realistas, aceptables para todos, comenzando por el Gulliver de Nye

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