Lo que se irá con Hussein

sábado, 5 de abril de 2003
Concentrado y satanizado el poder en la figura de Saddam Hussein, en el análisis de Washington y de los medios en general no aparece el régimen político que le ha dado sustento y que ha marcado la vida de Irak durante los últimos 50 años, dándole un perfil diferente al del resto de los países árabes Un sistema de partido único, autoritario y jerárquico, pero progresista y modernizador a la vez, y, sobre todo, sumamente celoso de su independencia nacional Todo eso se irá con él Nacido a la vida independiente apenas en 1932, a la luz de los reacomodos imperiales derivados de la Primera Guerra Mundial, Irak vivió una corta monarquía y una sucesión de cruentos golpes de Estado, hasta que, después de dos intentos, otra asonada militar colocó en 1968 al partido Baas en el poder Y aunque Hussein, aún siendo muy joven, jugó un papel importante en su gestación y ascenso, no sería sino hasta 11 años después que asumiría su presidencia y la del país Fundado en 1939 por dos sirios, Michel Aflak y Saladin Bitar, el baasismo proclama la unidad de la nación árabe como “entidad espiritual y cultural”, entendiendo por ésta todos los países donde se habla la lengua árabe, que se ubican en suelo históricamente árabe y que son étnicamente de ascendencia árabe Sus principios básicos son la unidad, la libertad y el socialismo y se declara laico, aunque reconoce al Islam como “patrimonio espiritual” Sustenta una posición revolucionaria y tiene la convicción de que el nacionalismo árabe y la edificación del socialismo sólo podrán alcanzarse mediante la lucha armada Hussein toma por primera vez contacto con el movimiento Baas en el Egipto de Gamal Abdel Nasser, durante las protestas por el ataque al Canal de Suez (1956) Apenas tres años después, habrá de participar con la rama iraquí en el fallido atentado contra Abdul Karim Kassem, el militar en turno que gobierna en Bagdad Herido, Sadam se refugia de vuelta en El Cairo, donde analiza “los aciertos y fallos de el nasserismo” Según declararía años después, si bien guardaba un gran respeto por la figura de Nasser, también constató que para tener éxito se requería de “un verdadero partido, entusiasta y bien organizado” Pero Saddam no quería burócratas, sino auténticos militantes, entregados totalmente a la causa Así, cuando asumió la dirigencia del Baas en Irak veló celosamente por la integridad de sus cuadros y aplicó medidas draconianas para cualquier tentativa de corrupción o desviación doctrinaria Lo mismo se exigiría a él, como gobernante, y a los funcionarios de Estado “Gobernar –dijo en alguna ocasión– es asumir una responsabilidad ante el pueblo y ante la nación No es elegir la vida fácil, los honores, el placer del poder ¡Es dedicar su vida a una obra!” Tanto Saddam, como los otros líderes del baasismo, asumieron siempre un papel de conducción ideológica “Nuestra misión esencial –le explicó a Charles Saint-Prot, un arabólogo francés– es crear las condiciones que favorezcan la emergencia de un hombre árabe nuevo, libre de las ataduras del pasado Este hombre nuevo debe tener una mentalidad nueva, una escala de valores diferente, una forma de ser más responsable Debe actuar como ciudadano, como patriota y como constructor” Ya antes de tomar el poder, en 1963, el partido Baas de Irak marcó su distancia de su contraparte en Siria y también del marxismo tradicional que preconizaba la lucha de clases y la abolición de la propiedad privada El socialismo baasista iraquí se declaraba así “humanista”, es decir proponía un sistema que asumiera la defensa del hombre, como tal, y no el triunfo del proletariado sobre sus explotadores; su fin último, “la unidad y el desarrollo del pueblo árabe en su totalidad” El primer paso para este objetivo sería consolidar la independencia económica y política nacional, porque como subrayaría Tarek Aziz, el hasta hoy vicepresidente y exministro de Asuntos Exteriores, “la ausencia de tropas extranjeras en nuestro suelo no es suficiente” Para ello, el Baas procedería a nacionalizar las empresas petroleras anglosajonas y, en busca de una equidistancia de las dos potencias hegemónicas de la postguerra, se sumó al Movimiento de Países no Alineados También se acogió a las políticas de la Organización de Países Exportadores de Petróleo Como punto de partida, el gobierno de Bagdad trabajó para asegurar no sólo la producción de petróleo y gas, sino también su distribución y transporte, mediante el tendido de nuevos oleoductos y gasoductos, la modernización de sus puertos y la ampliación de su flota petrolera Aparte se construyeron complejos petroquímicos para la producción de derivados, que pronto lograron alcanzar niveles de exportación Con los recursos del petróleo a su disposición, el baasismo volcó sus esfuerzos al desarrollo del país Ante la falta de cuadros preparados, emprendió una agresiva campaña de alfabetización, estableció la educación obligatoria y gratuita en todos sus niveles, mejoró la capacitación de su mano de obra y elevó la calidad académica de sus profesionistas También puso en marcha un amplio programa de recuperación del pasado milenario de Irak y fomentó las expresiones artísticas locales En 20 años, los propios organismos internacionales del ramo, como la UNESCO, reconocían a Irak el mayor nivel educativo y cultural de la región Pero el gobierno del Baas no quiso depender únicamente de su producción petrolera y buscó diversificar su economía Su primer apoyo fue para la agricultura Entre 1969 y 1978 todos los latifundios fueron expropiados y las tierras redistribuidas entre los campesinos Si bien el gobierno, como lo planteó desde un principio, respetó la propiedad privada, también se establecieron modalidades colectivas de explotación como cooperativas y granjas Irak pronto se convirtió en el país más mecanizado del Medio Oriente, además de tener el mayor desarrollo en servicios sociales rurales, casi siempre gratuitos Entre 1972 y 1981 la producción agrícola se triplicó, prácticamente se alcanzó la autosuficiencia alimentaria y el país empezó a pensar en exportar sus productos Irak es el mayor exportador de dátiles; en sus palmares, los más grandes del mundo y donde según la tradición se habría encontrado el Paraíso, se cultivan cada año 700 mil toneladas del fruto y otras partes de las palmeras son utilizadas en diversas industrias Fiel a su plataforma de principios y respetando la multiplicidad de credos, el Baas mantuvo un Estado laico Según la Constitución, por ejemplo, el poder judicial, a diferencia de otros países musulmanes, es laico e independiente del poder político La justicia civil y la penal es ejercida por tribunales al estilo occidental Sin embargo, acorde con su origen revolucionario, el gobierno mantuvo una corte de jurisdicción especial, que juzga los asuntos políticos, económicos y financieros, los casos de alta traición y las amenazas contra la seguridad del Estado El laicismo permitió también la incorporación femenina plena a la sociedad Por ley, las mujeres tienen igual acceso a la educación y a las fuentes de trabajo, con igual remuneración salarial Hay mujeres en prácticamente todas las ramas de la actividad productiva e inclusive en las fuerzas armadas Gozan del derecho al voto y hay un 15% de funcionarias de gobierno, aunque no se observa ninguna entre los altos mandos del Estado iraquí Esto probablemente se deba a que el gobierno del Baas siempre mantuvo una estructura militar-revolucionaria Con el argumento de defender su independencia, al igual que en otras áreas Irak llevó a cabo un sostenido programa de modernización y ampliación de sus fuerzas armadas y se proveyó de sofisticado equipo bélico aún antes del estallido de la guerra con Irán, en 1980, lo que lo convirtió en un Estado incómodo para sus opositores, tanto hacia dentro como hacia fuera Y es que en el uso de la fuerza se escribe la historia negra que opaca todos los logros del baasismo y de Hussein Provenientes de una tradición violentista, llena de conspiraciones, traiciones y asesinatos, cuando llegaron al poder se cubrieron las espaldas de la misma forma Hussein, por ejemplo, el mismo día que tomó posesión realizó una purga entre su base de gobierno y, a partir de ahí, toda disensión fue severamente castigada con la prisión, el exilio o la muerte, sin importar si se trataba de correligionarios, amigos o parientes Progresistas en lo social y lo económico, Husein y el Baas se mostraron absolutamente intolerantes en lo político Los partidos políticos fueron disueltos o neutralizados Los medios de comunicación y las expresiones artísticas, aunque abundantes, se vieron sujetos a la censura o se autocensuraron Las minorías étnicas, religiosas y los grupos tribales conservaron sus derechos, siempre y cuando no hicieran reivindicaciones territoriales o de poder Mención aparte merece el caso kurdo, con el cual siempre hubo una relación ambigua A diferencia de Turquía, Siria e Irán, en 1970 Bagdad otorgó al Kurdistán iraquí autonomía interna, oficializó el idioma kurdo, dispuso su enseñanza en las escuelas y canalizó fondos para el desarrollo de la región Sin embargo los jefes tribales, instigados por el Sha de Irán y temerosos de la reforma agraria, se levantaron en armas Fueron derrotados, pero desde entonces ha habido otros alzamientos que han sido aplastados sin misericordia Cabe destacar, sin embargo, que los kurdos conservaron sus derechos, combatieron del lado de Irak contra los iraníes durante la guerra de los años 80, han permitido el paso por su territorio de productos prohibidos por el bloqueo y son los únicos con representación en el gobierno de Bagdad, a través del Partido Democrático de Kurdistán Hoy, una facción de ellos vuelve a combatir del lado de Estados Unidos contra Hussein La ambigüedad también habría de marcar las relaciones externas de Hussein Ferviente promotor del panarabismo, del socialismo y del laicismo, despertó resquemores en la otras naciones árabes que veían en él la intención de convertirse en el líder supremo de la región y a sus tesis como atentatorias contra sus propias estructuras monárquicas, teocráticas o militares Aunque sin ser árabe, este disenso habría de encontrar su máxima expresión en la figura del ayatola Jomeini, que reivindicaría para sí el liderazgo sobre una base religiosa y que culminó finalmente en la guerra Irán-Irak Tapón del fundamentalismo islámico, garante de una estabilidad regional, pragmático y hábil, Hussein habría de jugar el doble juego por excelencia con los dos bloques hegemónicos De ambos habría de obtener información, armas y prebendas y a ambos habría de irritar por su tozuda voluntad de independencia, su actitud desafiante, sus métodos violentos y su siempre amenazante aparato militar En todo caso, en lo que Hussein siempre fue consistente, además de en su propia línea, fue en su solidaridad con el pueblo palestino A diferencia de las otras naciones árabes-musulmanas, nunca les dio la espalda, les proporcionó refugio, apoyo económico, político y militar La misma solidez ha tenido su enemistad con el Estado de Israel, que sin duda verá gustoso su derrumbe para firmar un acuerdo de paz a su medida Héroe para unos, villano para otros, la caída de Hussein será más que la caída de un régimen Marcará el fin del ciclo histórico de los grandes movimientos del socialismo árabe en el siglo XX

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