Pío XII, polémico ascenso a los altares

miércoles, 30 de diciembre de 2009

ROMA., 30 de diciembre (apro).- La esperada vista de Benedicto XVI a la Sinagoga de Roma, programada para el 17 de enero próximo, podría cancelarse por la negativa reacción que suscitó, en el mundo hebreo, y, en particular, entre la comunidad hebrea de Roma, la firma del decreto aprobado el pasado domingo 20, en el que el Papa Joseph Ratzinger reconoce abiertamente las virtudes heroícas del Papa Pio XII.

Con esta aprobación, Eugenio Pacelli, también conocido como el ‘Papa de los silencios’ por haber callado todo lo que sabía sobre el Holocausto, superó el penúltimo escollo de su hoy casi segura ascensión al altar de los beatos, según opinan los hebreos del planeta.

Ese mismo día, Joseph Ratzinger reconoció también las virtudes heroicas de Juan Pablo II, en lo que fue interpretado como una señal de la inminente beatificación de quien fuera conopcido como el "Atleta de Dios".

Según fuentes eclesiásticas, esto podría tener lugar el 16 de octubre del 2010. En esa misma fecha, èro del año de 1978, el Papa polaco fue elegido Sumo Pontífice.

Si bien no existió formalmente ninguna anomalía en la firma de estos dos documentos, resulta del todo lícito preguntarse por qué Joseph Ratzinger optó por aprobar, en el mismo acto, las virtudes heroicas de dos Pontífices con vidas, a todas luces, contrastantes.

El decreto de Karol Wojtyla en realidad era esperado y hasta exigido en muchas partes del mundo no sólo porque aceleraría su beatificación (los organizadores ya dicen que a la misma asistirá más de un millón de fieles), sino sobre todo porque esto daría la pauta para iniciar su proceso de canonización que ya desde su muerte pedía el mundo católico.

Las múltiples manifestaciones de cariño hacia Juan Pablo II, como las pancartas que brotan en la Plaza de San Pedro, en las que se lee “Santo Súbito",  y la masiva convocatoria el día del funeral de Karol Wojtyla, 2 de abril del 2005, así como las millones de visitas en  la tumba que guarda sus restos, son algunos ejemplos que nlo dejan duda de lo que se avecina.

Causa sorpresa, sin embargo, el gesto de Benedicto XVI de desbloquear el proceso de beatificación de Eugenio Pacelli (nacido en Roma en marzo de 1876 y Papa del 1939 al 1958), ya que se encontraba congelado desde hacía tiempo, debido, fundamentalmente, a las múltiples polémicas que todavía hoy siguen provocando el presuntos silencio del Ponmtífice frente a la Shoa, el Holocausto.

El 8 de mayo del 2007, una comisión de cardenales y obispos de la Congregación para la causa de los santos se pronunció unánimemente a favor de las heroícas virtudes de Pio XII, pero fue hasta el pasado 20 de diciembre cuando Benedicto XVI, justo el mismo día que sancionó las de Karol Wojtyla, decidió finalmente firmar el decreto que lo proyecta directamente al altar de los beatos.

Una de las razones que pudo justificar esta polémica decisión es el impacto mediático que, se sabía, tendría la firma del decreto de Juan Pablo II, lo cual, lógicamente, como quizá previeron la Santa Sede y el mismo Benedicto XVI, haría pasar ipso facto no sólo a segundo término la de Pio XII, sino las mismas protestas en contra de este segundo decreto. Otra, mucho más pragmática, pero no menos osada, por lo que está atrás de esta decisión, es la total autonomía que tiene el Vaticano estos casos.

"El proceso de beatificación de Pio XII es una cosa interna de la iglesia católica y por ello no es aceptable una ingerencia externa en esta decisión", declaró el pasado lunes 21 el cardenal Walter Kasper, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, no sin antes hacer notar, refiriéndose al quehacer pontificio de Eugenio Pacelli, que los archivos vaticanos, hasta el 1939, que se pueden consultar y que contienen cosas muy interesantes, "han sido poco usados por los hebreos".

Por cuanto razonable todo lo anterior, es imposible no entrever en esta decisión la poca importancia que dieron el Papa y sus más cercanos colaboradores a las previsibles reacciones que surgirían en el mundo hebreo, sobre todo en vista de la visita a la sinagoga de Roma que Benedicto XVI tiene programada para el 17 de enero del 2010.

"La beatificación de Pio XII es inoportuna y prematura hasta cuando los archivos de éste, del período que va del 1939 al 1945, sigan cerrados, con lo cual es imposible aclarar sus acciones o inacciones relacionadas con la persecución de millones de hebreos durante el Holocausto", declaró Ronald Lauder, presidente del Word Jewish Congress el pasado lunes 21.

A la luz de la visita papal a su Sinagoga, la comunidad hebrea de Roma también tomó cartas en el asunto y solicitó “una nota oficial, del más alto nivel, que haga saber las reservas que todavía ahora tienen los hebreos sobre las cuestiones históricas de Pio XII, refiriéndose, de manera particular, a los silencios de éste sobre el Holocausto".

Hecha llegar con gran reserva a la Santa Sede, según afirma Orazio La Roca, vaticanista del periódico La Repubblica en una nota publicada el martes 22, la solicitud también advierte que, de no recibirse señales públicas en el sentido solicitado, "podrían surgir ulteriores problemas como el de poner en duda la misma visita del Papa a la sinagoga de Roma".

Estas no han sido las únicas críticas que recibió Papa Ratzinger. A decir verdad su iniciativa ha sido acogida no sólo con desconcierto y desilusión, sino con rabia por casi todo el mundo hebreo, pero aún así, hasta el momento, no existe ninguna declaración oficial que hable de una posible suspensión de la visita pontificia a la Sinagoga.

Tan es así que el rabino jefe de Roma, Riccardo Segni, el presidente de la Unión de las comunidades hebreas italianas, Renzo Gattegna, y el presidente de la comunidad hebrea de Roma, Riccardo Pacifico, han señalado, en un documento difundido poco después del anuncio de la firma del decreto, que durante posible visita pontificia a la Sinagoga, se hayan expuesto con extrema claridad las tradicionales reservas que tienen en relación a los llamados "silencios de Pio XII".

Preocupado seguramente por estas y otras reacciones del mundo hebreo, el Papa Ratzinger comenzó de inmediato a moverse con el claro fin de relajar estas tensiones.

El pasado lunes 21, durante su tradicional discurso de fin de año, pronunciado ante la curia romana, habló de la visita que realizó, a principios de este año, al museo del Holocausto en Jerusalén, al cual, entre otras cosas, no entró para evitar ver la placa alusiva a los silencios de Pio XII que se encuentra en el interior del mismo.

"Esta visita significó para mi un encuentro desconcertante con la crueldad de la culpa humana, con el odio de una ideología que, sin ninguna justificación, llevó a millones de vidas humanas a la muerte y quiso, con esto también expulsar del mundo a Dios".

Agregó que este era "en primer lugar un monumento conmemorativo en contra del odio, un fuerte llamado a la purificación y al perdón, al amor. Este monumento a la culpa humana ha hecho aún más importante la visita a los lugares de la memoria de la fe, al hacer asimismo percibir su inalterable actualidad".

Por cuanto claras y y fuertes, las palabras de Benedicto XVI no han tenido el efecto deseado. El presidente del Consejo de las instituciones hebreas de Francia, Richard Pasquier, refiriéndose al decreto que de hecho beatifica a Pio XII, señaló que la decisión del Papa era una decisión "prematura" que muestra la "negligencia" del Vaticano a pocos días de la visita del Pontífice a la Sinagoga de Roma.

Esta visita preocupa de manera especial al embajador de Israel ante la Santa Sede, Mordechay Levy, quien dijo que "será un evento histórico, pero espero que tenga lugar". Pero, como buen diplomático, reconoció, que la beatificación de Pio XII era "una cuestión interna de la iglesia católica".