Los "ultras" anti Obama

lunes, 1 de noviembre de 2010

Subrepticiamente el movimiento ultraconservador conocido como Tea Party ha permeado las campañas electorales en Estados Unidos. Su oposición a las políticas de Barack Obama –que considera comunistas– y sus tesis fundamentalistas sobre la economía y la familia son bien recibidas por amplios sectores de la clase media golpeados por la crisis económica; 138 candidatos al Congreso se identifican con esta corriente, cuyo radicalismo ha arrastrado aún más hacia la derecha a los republicanos, a muchos de los cuales acusa de ser poco conservadores.

SAN DIEGO, 1 de noviembre (Proceso).- En este país todos parecen estar enojados por algo. A 10 millones 800 mil personas que perdieron sus empleos les irrita la afirmación oficial de que la recesión económica terminó en junio del año pasado, y lo mismo le sucede a otros 3 millones que perdieron sus viviendas durante la crisis inmobiliaria de 2008.

Incluso, según un sondeo de la empresa Gallup, 52% de la población (de 310 millones de habitantes) desaprueba la gestión del presidente Barack Obama, al que acusa de no resolver los principales problemas de Estados Unidos: la recesión económica y el desempleo.

La molestia de amplios sectores de la sociedad alimenta al Tea Party (Partido del Té), un poderoso movimiento ultraconservador que saltó a la palestra después del triunfo de Obama en 2008.

Lo constituyen más de mil agrupaciones independientes que tienen algo en común: todas rechazan a rajatabla la agenda política de los demócratas y del jefe de la Casa Blanca; se oponen al rescate financiero de los bancos y de las compañías automotrices, a la reforma energética y migratoria, a las leyes de salud y ambientales, a los homosexuales y al aborto. Consideran que muchas de estas medidas son de “corte comunista”.

Entre sus banderas prioritarias están: un gobierno más pequeño y que interfiera menos en la vida de los ciudadanos; la disminución permanente de impuestos y una reducción drástica en el gasto público. También proponen la enseñanza del creacionismo en las escuelas, en repudio a la teoría de la evolución. Sostienen que el individuo debe salir adelante sin ayuda del Estado y por eso rechazan la mayoría de los programas sociales que tradicionalmente apoya el Partido Demócrata.

El nombre de Tea Party proviene de uno de los episodios que desencadenaron la independencia de Estados Unidos: en 1773 los colonos bostonianos lanzaron al mar un cargamento de té como protesta simbólica contra los excesivos impuestos que imponía el “gobierno opresor” de Inglaterra.

“Ahora el Tea Party es un movimiento popular independiente que aglutina a una población mayoritariamente blanca y de clase media que ha sido golpeada severamente por la crisis económica y se encuentra en estado de incertidumbre y miedo”, dice a Proceso Martin Eder, profesor de ciencia política en el Miracosta College. 

“Esta corriente refleja cada vez más un estado de frustración que un verdadero movimiento político”, sostiene.

 

Ola ultraconservadora 

 

Según una encuesta elaborada en enero pasado por la cadena de televisión CBS y el diario The New York Times, 18% de los votantes estadunidenses se considera seguidor del Tea Party. En las filas de este movimiento se mezclan todos los que consideran que el gobierno actual es un peligro para la seguridad del país, que los demócratas son corruptos y demasiado liberales y que los republicanos no son confiables porque no son lo suficientemente conservadores.

Otra encuesta entre miembros del Tea Party –llevada a cabo en junio pasado por el diario USA Today y por Gallup– reveló que 77% son blancos, 78% se considera republicano o independiente, entre 90% y 92% cree que el terrorismo y la deuda del gobierno federal son amenazas muy serias para Estados Unidos, 90% está insatisfecho con la forma en que se gobierna al país, 87% reprueba el trabajo de los demócratas en el Congreso y 83% cree que Obama no debe ser reelegido.

Esta ola ultraconservadora se inició como una explosión de ira supuestamente espontánea: en febrero de 2009 Rick Santelli, presentador televisivo de CNBC, se opuso al rescate de los bancos por parte del gobierno de Obama. Desde entonces ciudadanos de todo el país empezaron a organizar protestas y poco a poco se aglutinaron en el Tea Party.

La mayor manifestación de seguidores de ese movimiento ocurrió el pasado 28 agosto en Washington, convocada por Glenn Beck, comentarista de la cadena de televisión Fox. Según sus organizadores acudieron 300 mil personas, aunque fuentes independientes calcularon 200 mil. El lema de la concentración fue: “Para restaurar el honor”.

Glenn Beck y Sarah Palin, excandidata a la vicepresidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano, son las principales figuras de este movimiento. Sus discursos explosivos aglutinan a miles de simpatizantes y empujan a candidatos republicanos y demócratas a radicalizar sus discursos hacia la derecha. 

The New York Times identificó a 138 candidatos al Congreso federal que reciben apoyo del Tea Party (129 para la Cámara de Representantes y nueve para el Senado), aunque se cobijan con las siglas del Partido Republicano.

Florida es un buen ejemplo. Hasta hace un año, el gobernador de ese estado, Charlie Crist, republicano exitoso con reputación de moderado, era el aspirante natural al Senado.

Pero el 28 de mayo de 2009 Obama viajó a Florida y se comprometió a entregar ayuda federal para recomponer la economía de la península. Durante una cena con empresarios y líderes comunitarios, Crist dio un abrazo de cortesía a Obama. Eso bastó para que las huestes del Tea Party acusaran de traición a Crist y promovieran la candidatura de un desconocido, Marco Rubio, a quien Sarah Palin otorgó todo su apoyo.

De la nada, Rubio, sin experiencia en política y con un discurso en el que declaraba su lealtad a Dios y a la patria, comenzó a subir en las encuestas. Al final derrotó en las primarias republicanas a Crist, quien decidió continuar en la contienda como candidato independiente. Actualmente Rubio aventaja en las encuestas a Crist por 15 puntos y por más de 20 al candidato demócrata, Kendrick Meek.

Lo mismo ocurrió en Delaware. Se suponía que en ese pequeño estado del noreste los republicanos tenían las cosas bajo control. Con el sentimiento anti-Obama recorriendo el estado, el candidato republicano Mike Castle, un exgobernador moderado, tenía todo lo necesario para ganar las elecciones primarias de su partido. Pero el Tea Party apoyó a Christine O’Donnell, quien ganó las elecciones internas de los republicanos a pesar de que ha exhibido su ignorancia en diversos temas políticos.

Un ejemplo: durante un debate celebrado el miércoles 13 en la Escuela de Derecho de la Universidad de Delaware, O’Donnell preguntó desafiante al candidato demócrata, Chris Coons: “¿En qué parte de la Constitución se habla de la separación entre la Iglesia y el Estado?”. Éste le contestó que en la Primera Enmienda. Ella, incrédula, repreguntó: “¿Me está diciendo que eso está en la Primera Enmienda?”.

Los asistentes soltaron la carcajada.

En ese mismo debate el moderador pidió a O’Donnel que nombrara alguna de las decisiones de la Suprema Corte de Justicia con las cuales discrepara. Ella, con una sonrisa, dijo: “No me acuerdo de ninguna, pero les prometo que mañana pondré una en mi página de internet”.

Además O’Donnell reconoció haber participado en una campaña contra la masturbación en la que aseguraba que esa práctica era comparable al adulterio.

Para Christine O’Donnel, Sarah Palin es un modelo.

“Palin se ha convertido en la nueva estrella del Tea Party, lo que muestra el antiintelectualismo que recorre las filas del movimiento y del cual sus integrantes se sienten sumamente orgullosos”, dice a Proceso la doctora en ciencia política Eloísa González, de la Universidad de California en Irvine.

 

Cuestión de dólares

 

Tanto en Florida como en Delaware millones de dólares fueron inyectados a las campañas de los candidatos que apoya el Tea Party. 

Para ayudar a Rubio, Karl Rove, quien fue consejero de George W. Bush y principal arquitecto de sus triunfos electorales, creó en septiembre en Florida una filial de American Crossroads, grupo cuyo objetivo es recolectar en los círculos empresariales grandes cantidades de dinero para financiar campañas contra Obama.

De acuerdo con la Comisión Federal de Elecciones, los principales contribuyentes de American Crossroads son los multimillonarios Bob J. Perris, presidente de Perry Homes, con 7 millones de dólares; B. Wayne Hughes, fundador de Public Storage Inc, con 2.3 millones; Trevor Rees-Jones, presidente de Oil and Gas, con 2 millones; y Robert Rowling, presidente de TRT Holdings, con 1 millón… 

Además las compañías Agricultural Corporation, Southwest Louisiana Land y Living Trust aportaron 1 millón de dólares cada una. Y American Financial Group donó 400 mil dólares.

La Cámara de Comercio de Estados Unidos tiene un fondo de 75 millones de dólares para las campañas de los candidatos conservadores que de manera explícita se oponen a Obama, según un informe de la organización Wesleyan Media Project.

En esta orquestada campaña de recaudación de fondos también participa el empresario Rupert Murdoch, entre cuyas propiedades se encuentra el grupo multimedia News Corporation. 

Su principal arma es la cadena de televisión Fox; su importancia es tal que el movimiento ultraconservador no sobreviviría sin los espacios que ésta le brinda. “¿Qué haríamos sin Fox News?”, dijo Palin el pasado 12 de septiembre durante un mitin en Kentucky.

De hecho, tres personajes republicanos que actualmente coquetean con la candidatura presidencial para 2012 en el Partido Republicano están en la nómina de Fox como comentaristas o presentadores de segmentos informativos: Palin, Newt Gingrich y Rick Santorum.

El Tea Party parece cada vez menos espontáneo y más parte de un proyecto financiado por multimillonarios que sienten afectados sus intereses por las políticas de Barack Obama.

Sin embargo, el impacto de este movimiento en las elecciones del martes 2 está por verse. Aunque prácticamente todos los analistas aseguran que los demócratas serán derrotados, muchos consideran que la presencia del Tea Party ayudará a dividir el voto conservador.

“Es oficial: hay una guerra civil en el Partido Republicano”, comentó en mayo a los medios Mark McKinnon, exconsejero de las campañas presidenciales de George Bush y John McCain. “La buena noticia para los republicanos es que el Tea Party está capturando la energía contra la clase política en Washington. La mala es que incluye también a los republicanos”.

El triunfo de personajes como Christine O’Donnell, de un extremismo enfermizo, es favorable a los intereses del Partido Demócrata, señaló el senador Robert Menendez, presidente del Comité de Campañas Demócratas para el Senado, en una entrevista publicada el 9 de junio por The Washington Post. “Esto nos facilita el trabajo porque los candidatos republicanos se han movido tanto hacia la ultraderecha que han terminado alejándose del grueso de los votantes”, aseguró.