Atentados de Londres: las pesquisas y las dudas

viernes, 5 de noviembre de 2010

LONDRES, 5 de noviembre (apro).- Las 52 víctimas de los atentados suicidas ocurridos el 7 de julio de 2005 en el sistema de transporte de Londres fueron asesinadas en actos "de un salvajismo despiadado, difícil de comprender".

Esa fue la primera admisión hecha en la investigación judicial por sus muertes, lanzada por el gobierno británico el pasado lunes 11 en la Corte Suprema de la capital inglesa.

Más de cinco años después de los atentados, la pesquisa se dio por iniciada con un minuto de silencio por los muertos y más de 700 heridos en esos ataques.

Hugo Keith, fiscal de la causa, abrió la audiencia en la sala 7 del Máximo Tribunal, detallando cómo los cuatro atacantes suicidas detonaron en la mañana del 7 de julio de 2005 sus mochilas cargadas con explosivos en tres vagones del metro de Londres (Tube) y en un autobús de la línea 30, repleto de gente que transitaba por la abarrotada Tavistock Square, a pocos metros del Museo Británico.

"Ellos detonaron sus explosivos entre inocentes y desprevenidos, asesinando indiscriminadamente e hiriendo a pasajeros que simplemente iban a sus trabajos o comenzaban su jornada diaria", destacó el fiscal a modo de inicio.

"Las bombas alcanzaron a hombres y mujeres, jóvenes y viejos, británicos y extranjeros. No les importó si mataban a cristianos, musulmanes o creyentes de otras religiones o ninguna. Es la tarea más triste revelar detalles de estos asesinatos", aclaró un emocionado Keith, mientras contenía las lágrimas.

El fiscal afirmó ante los presentes en la sala, que incluían a familiares de las víctimas, periodistas y juristas, que los cuatro atacantes suicidas, los musulmanes británicos Mohammed Sidique Khan (30 años), Shehzad Tanweer (22), Jermaine Lindsay (19)  y Hasib Hussain (18), lanzaron "una espantosa e inimaginable oleada de horror" en Londres, que esperaban atrajera "publicidad mundial".

"Fueron actos de salvajismo despiadado que sólo dejan en evidencia lo inhumano de sus perpetradores", continuó.

Esta no es la primera vez que se investigan los acontecimientos del 7 de julio de 2005 en la capital británica, ya que hubo previamente varias investigaciones, entre ellas reportes del Comité Parlamentario de Inteligencia y Seguridad y de la Asamblea de Londres.

Pero estas investigaciones no se concentraron en las víctimas ni incluyeron a sus familias, como tampoco fueron independientes.

Según Keith, ninguna de las pesquisas, incluso aquellas públicas, "se enfocaron en los individuos que murieron".

Durante las audiencias se detallaron las ocasiones a principios de 2004, cuando Khan fue seguido y fotografiado por agentes de Inteligencia británicos que investigan a Omar Khyam, el "cabecilla" de un atentado fallido con explosivos que incluían fertilizantes.

Algunas de las familias de los fallecidos creen que los ataques del 7-7, como se les conoce en Gran Bretaña, podrían haber sido prevenidos si los agentes secretos de los servicios MI5 hubieran seguido los pasos de Khan en su momento.

Sin embargo, Keith fue claro al respecto y dijo que la evidencia presentada hasta ahora al equipo de investigación no apoya necesariamente esta teoría.

"Incluso si se revela que Khan y Tanweer debían haber sido seguidos mejor, con la evidencia que tenemos no se puede suponer necesariamente que hubo negligencia por parte de los servicios secretos", sostuvo el fiscal.

Y advirtió que las críticas tampoco deberían ser dirigidas a aquellos que arribaron para ayudar a las víctimas atrapadas en las explosiones en aquel fatídico día de verano de 2005.

Antes de la apertura de la causa, los familiares de las víctimas expresaron preocupación acerca de la aparente negativa de los servicios secretos para apoyar la investigación del juez de instrucción.

Graham Foulkes, cuyo hijo de 22 años, David, murió en el atentado al vagón de la estación Edgware Road, afirmó que los intentos del MI5 para esconder ciertos datos secretos "son muy preocupantes" para las familias de las víctimas.

Los servicios de espionaje británicos hicieron enfurecer a los familiares al proponer que la jueza de instrucción que atiende la causa, la magistrada Heather Hallett, presida las audiencias en secreto para poder acceder a evidencia desclasificada.

"Aquí están ellos (los espías), que cobran un salario para hacer un trabajo que claramente no hicieron. Y están empleando todas las artimañas legales posibles para quedar exentos de esta tragedia", subrayó Foulkes ante las cámaras de televisión que se encontraban fuera de la Corte Suprema.

Ros Morley, cuyo marido Colin, de 52 años, también murió en el ataque de Edgware Road, sostuvo que la investigación judicial debería analizar cualquier error o sistema fallido que provocó que los atentados fueran exitosos.

"Ciudadanos inocentes en Gran Bretaña y el mundo deben saber que están protegidos ahora y en el futuro. Espero que podamos sacar algo positivo de esta tragedia en la que 52 inocentes perdieron sus vidas", manifestó.

A la hora de dar por iniciada la causa, la jueza Hallett dijo que "no es sorprendente que muchos aún no puedan comprender los hechos terribles ocurridos el 7 de julio de 2005". 

La magistrada prometió que hará público el mayor número posible de documentos y evidencia de la pesquisa, para darle transparencia a las audiencias y los procedimientos legales. Sólo cinco personas de un total de 484 testigos pidieron comparecer bajo anonimato, en una causa que se espera será una de las más complejas en la historia legal de Gran Bretaña. Se estima que durará al menos cinco meses.

La investigación también es de mucha importancia para los más de 700 heridos en los ataques suicidas, los peores en el país desde el atentado con bomba de Lockerbie en 1988.

Llevó más de cinco años iniciar la pesquisa debido a que ésta no podía iniciarse hasta que no concluyera el juicio a los tres hombres acusados de ayudar a los atacantes.

El trío fue exonerado en 2009 de cargo alguno por la Corte de Kingston, en el suroeste de Londres, aunque dos de ellos fueron condenados por conspirar para participar de entrenamientos terroristas.

Durante los primeros días de las audiencias en la Corte Suprema, fueron presentados como evidencia videos nunca antes vistos sobre los vagones y el autobús destrozados después de los ataques, además de partes de grabaciones con las comunicaciones telefónicas y por radio entre los servicios de emergencia y el centro de control del London Underground (Tube).

La jueza Hallett, que preside la causa sin jurado, escuchó además detalles sobre cómo los cuatro atacantes se trasladaron a Londres.

Se espera que en los próximos meses la evidencia se centre en relatos de testigos en los cuatro sitios de ataque, el primero en la estación de Aldgate, seguido por Edgware Road, King's Cross y en Tavistock Square.

La investigación se centrará además en el historial de los cuatro atacantes suicidas y en temas generales forenses y funciones de los servicios de emergencia. Finalizará al analizar si las agencias de seguridad podrían haber prevenido los atentados.

En los primeros días desde el inicio de la causa se supo, por ejemplo, que 17 de las 52 víctimas no murieron instantáneamente en los ataques, sino que perdieron la vida horas después de las explosiones, tras momentos de mucha agonía. Ello se debió a dificultades de los servicios de emergencia para acceder a los sitios donde habían detonado los explosivos.

Michael Henning, un pasajero que se encontraba sentado en el mismo vagón que Tanweer cuando detonó su mochila, afirmó en la corte que los médicos tardaron demasiado tiempo en atravesar el túnel del metro.

"Esperamos por demasiado tiempo a que llegaran después de la explosión. Cuando logré salir vi a bomberos parados en la boca del túnel y los insté a que ayudaran, que había gente que se estaba muriendo. Pensé en la gente atrapada en los vagones. Si hubiera habido una segunda explosión ¿por qué dejar a 500 personas abandonadas allí?", se preguntó el testigo. "Estoy convencido que muchos que podrían haber sobrevivido murieron por las heridas luego de 20, 30 o hasta 40 minutos de padecer en agonía. Al menos deberían haber recibido morfina para que el dolor no fuera tan inhumano", subrayó entre lágrimas.

La Policía de West Yorkshire también reveló que tenían desde 1986 las huellas dactilares del cabecilla del grupo, Mohammed Sidique Khan, cuando el musulmán tenía sólo 11 años.

Entre las preguntas que buscará responder la magistrada están si la red de transporte de Londres debió haberse cerrado tras las detonaciones, pero antes que Hussain explotara su bomba en el autobús 30; si hubo fallas en las tareas de los servicios de emergencia; si se hubieran podido salvar más vidas, y si se pudo mejorar la comunicación entre las autoridades y los familiares de las víctimas. Sin embargo, la pregunta central es si el MI5 y la Policía pudieron haber prevenido los ataques.

Esta es la mayor pregunta y la más controvertida. La jueza Hallett dejó este punto para el final de la causa, para darle tiempo al equipo legal y al MI5 a presentar la documentación secreta requerida.

Los familiares creen que los servicios secretos debieron haber seguido a Khan y a su número dos, Shehzad Tanweer, luego que ambos fueron vistos en reuniones con conocidos sospechosos de terrorismo 17 meses antes de los atentados de Londres.

El MI5 se excusó de las acusaciones al indicar que se vio inundado de potenciales líneas de investigación en su momento y no contaba con información suficiente para priorizar el seguimiento de Khan y Tanweer por sobre otros casos.  La agencia de Inteligencia también argumentó que acusar al MI5 al respecto amenazará la seguridad nacional y podría ayudar a terroristas a planear futuros ataques.

Entre los testigos, hubo uno que dejó consternado a los presentes en la sala de audiencias.

Steven Desborough, un pasajero que viajaba en el vagón de Edward Road, narró lo visto tras la explosión. "Escuché el grito de una mujer, que pedía ayuda. Cuando me di vuelta, sólo vi un par de piernas paradas, desmembradas del cuerpo desde la rodilla. Traté de no mirar, pero los gritos de desesperación seguían. La otra parte del cuerpo de la mujer estaba a un costado, su rostro, una mueca distorsionada que aullaba. Segundos después vi cómo moría devastada por el dolor inconmensurable que la rodeaba. Sus gritos siguen resonando en mis sueños", narró Desborough.

 

cvb

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