Italia: El terremoto de la corrupción

miércoles, 3 de marzo de 2010

ROMA., 3 de marzo (apro).- Cuando el 22 de abril de 2009, 17 días después del terremoto que devastó la zona de los Abruzos, Silvio Berlusconi anunció que sería l’Aquila la sede para la cumbre del G-8, en lugar de la isla de la Magdalena, en Cerdeña, nadie imaginaba que el terremoto continuaría hasta estos días destapando una serie de corruptelas en los más altos niveles del gobierno.

Ese día, en medio de las ruinas de esta ciudad y del dolor por la muerte de 295 personas que el terremoto había dejado en la región, un Berlusconi conmovido hasta las lágrimas declaraba que la razón del cambio de sede sería para atraer las inversiones y los recursos a donde verdaderamente se necesitaba.

“Este cambio servirá para relanzar la zona duramente golpeada por el terremoto del 6 de abril”, decía el primer ministro, al tiempo que anunciaba 220 millones de euros para las víctimas y la reconstrucción de 16 comunidades devastadas.

Casi 300 muertos y una población de 33 mil personas que de la noche a la mañana habían tenido que desalojar sus casas (muchas de ellas destruidas), ameritaban medidas urgentes. Para coordinar todo, Berlusconi nombró como “Comisario extraordinario para la emergencia del terremoto” a uno de sus hombres de más confianza: Guido Bertolaso, responsable en Italia de la Protección Civil desde hace ocho años y medio. Antes estuvo en el gobierno Prodi (entre 1996 y 1997); en 2000 se hizo cargo del Jubileo, celebrado por el Papa Juan Pablo II.

Para la reconstrucción del’Aquila el año pasado se necesitaba algo más que dinero: mucha vigilancia. En la escena del desastre apareció también el Procurador Nacional Antimafia, Piero Grasso, quien organizó un equipo de magistrados para evitar que las diversas mafias intervinieran en las obras por venir. El mensaje fue claro: la reconstrucción en l’Aquila sería conforme a derecho, con inversiones que no dejaran lugar a duda sobre su procedencia.

A pesar de ello, la corrupción fue escandalosa y abarcó varios lugares: la isla de La Magdalena, Florencia, Roma, l’Aquila…

Desde el pasado 10 de febrero, cuatro personas se encuentran en la cárcel por corrupción y fraude, y se iniciaron investigaciones contra otras 28. Bertolaso, el hombre del primer ministro, es una de ellas.

Entre los prisioneros, se encuentra Angelo Balducci, responsable del gobierno italiano para los trabajos públicos. Fue el encargado de asignar las obras en la Maddalena para la reunión del G-8, pero fue sustituido tras elevar los costos de 290 millones a 600 millones de euros.

Los otros detenidos son: Diego Anemone, empresario romano; Mauro Della Giovampolla, quien coordinaba los festejos de los 150 años de la Unidad de Italia que se cumplen este año, y Fabio de Santis, quien realizaba proyectos en La Maddalena y actual proveedor de obras públicas en la región de la Toscana.

Ninguno de ellos fue tomado por sorpresa: el procurador adjunto de Roma, Achile Toro, a través de su propio hijo, Camillo Toro, les pidió tener cuidado, porque “algo muy pesado va a ocurrir”, según una serie de intervenciones telefónicas divulgadas el pasado 21 de febrero.

Huir a México

De acuerdo con las investigaciones, a las que APRO tuvo acceso, el 2 de febrero tanto Balducci, Anemone y De Santis se comunicaron entre ellos por teléfono y también con sus abogados. En las conversaciones mencionaron “que se avecinan graves problemas judiciales”. Para enfatizar el problema, utilizaron un eufemismo: “está lloviendo muchísimo”.

Fuentes del Reparto Especial de los Carabineros confirmaron a esta reportera que los implicados pensaban viajar el 11 de febrero a Madrid, y de ahí salir hacia México.

“¿Por qué no vienen a Acapulco que es un paraíso?”, recomendó entonces Emmanuel Messina, abogado de Balduci. Previamente Messina fue alertado por el hijo del procurador adjunto de Roma, quien renunció a su cargo y hoy enfrenta también los delitos de “corrupción”, “revelación del secreto de oficio” y “beneficios”.

Sin embargo, el nombre que desde el 10 de febrero retumba con más fuerza es el de Guido Bertolaso, quien hasta hace unos días era llamado el “super secretario”, pues para cualquier problema que hubiera en Italia, era convocado a resolverlo, bajo un extraño esquema de emergencia: lo mismo lo llamaban para resolver el problema de la basura en Nápoles, que el de los damnificados por los volcanes en las islas Eolias, o para supervisar los trabajos del mundial de ciclismo, la reunión del G-8 y hasta los juegos olímpicos de natación que se llevaron a cabo el año pasado en Roma.

“Esto es lo extraño de la Protección Civil en Italia, pues todo lo han convertido en emergencia. El caso del terremoto en L’Aquila es muy significativo, pues lo normal hubiera sido que Protección Civil llegara en el momento de emergencia; es decir, inmediatamente después del terremoto, como lo hizo, que salvaguardara a las personas, como también lo hizo, pero hasta ahí. Nada tenía que hacer en la reconstrucción, pues eso ya es de otra área y con el poder que se le ha otorgado a Bertolaso desde hace años no es de extrañar que haya tanta corrupción. Tanto poder y poco control, igual a corrupción. Es una fórmula infalible”, explica a APRO Mario Secchi, politólogo de la Universidad de la Sapienza de Roma.

Bertolaso es médico. Se tituló con mención honorífica en la Universidad de la Sapienza de Roma. Cuenta además con una maestría en Ciencias de la Salud en la escuela de Medicina Tropical en Liverpool y realizó investigaciones sobre las enfermedades tropicales en África, en algunas de cuyas zonas de guerra fundó hospitales.

Su nombre y su persona han estado tan expuesto en los medios desde hace más de 10 años que en las encuestas de popularidad aparecía siempre detrás de Barak Obama y Berlusconi, y en ocasiones más arriba que el Papa.

Hoy Bertolaso está bajo sospecha de haber favorecido a algunos empresarios en las obras donde él ha sido el responsable. Desde la Maddalena (327 millones de euros), la reconstrucción en los Abruzzos (200 millones de euros), la remodelación del Palasport en Roma para el mundial de natación (9.7 millones de euros) y hasta los festejos del 150 aniversario de la Unidad de Italia.

En las llamadas que realizaban los empresarios, éstos organizaban “megafiestas sexuales” y hablaban de regalos y de masajes privados con el objetivo de “consentir y agasajar” a Bertolaso, quien ahora dice que no sabía nada de ello y que quizá su error fue confiar demasiado en terceras personas. Pero cada vez es más claro que favoreció a algunos empresarios.

Por más que ha dicho que “lo quieren enlodar” y a pesar de que fue el mismo Berlusconi quien le rechazó su renuncia el día 11 de febrero cuando se dieron a conocer todos estos acontecimientos, hoy enfrenta un escándalo que muchos italianos se han atrevido a comparar con Tangentópolis, la operación anticorrupción que decapitó a la Primera República italiana y que coincidentemente ocurrió también en el mes de febrero, pero de hace 18 años.

La justicia sigue investigando las llamadas intervenidas, así como algunos mensajes SMS del 29 de abril del 2009, 23 días después del terremoto, en los que el mismo Bertolaso cita a Diego Anemone, después de que éste lo buscó a través de un mensaje telefónico justo en L’Aquila para hablar de los contratos para la reconstrucción.

“Un caso típico de corrupción en Italia”, afirma Secchi confirmando lo que el pasado 12 de febrero, dos días después de los arrestos, Tullio Lazzaro, presidente del Tribunal de Cuentas informó en conferencia de prensa: “La corrupción es una patología todavía muy grave en Italia, y durante el 2009 se registró un aumento en las denuncias de la Guardia de Finanzas llegando al 229% respecto al año precedente”.

“Seguramente un escenario completamente diferente al que esperaba Bersluconi a un mes de que se lleven a cabo elecciones regionales (28 y 29 de marzo) en 13 de sus 20 regiones, además de 11 provincias, entre ellas L’Aquila y cuando por primera vez después de varios meses ha visto cómo ha perdido popularidad, llegando al 46 por ciento, según encuestas televisivas”, señala el politógo.

 

 

--fin de texto--