Cuba: el creciente poder de la Iglesia

sábado, 10 de julio de 2010

LA HABANA, 10 de julio (apro).- La Iglesia católica de Cuba dejó atrás su invisibilidad para resurgir de sus cenizas como uno de los actores nacionales fundamentales que impulsa, no sólo la liberación de presos, sino el diálogo y la reconciliación de la comunidad cubana dentro y fuera de la isla.

Esa es la visión de Jorge I. Domínguez, de la Universidad de Harvard, y Arturo López-Levy, de la Universidad de Denver, los dos cubanos expertos en política latinoamericana y relaciones internacionales, quienes coinciden en que Washington deber estar atento a la nueva etapa que se vive en La Habana.

Ambos coinciden en que es un precedente trascendental que actores nacionales, como la Iglesia católica, hayan logrado más que las presiones internacionales. Consideran que es algo inédito en la vida política de Cuba y es importante que sea tomado en cuenta por la comunidad internacional.

Domínguez y López-Levy destacan, en entrevista por separado, la importancia del papel que está jugando la Iglesia católica cubana en dos vertientes de interés nacional e internacional: el diálogo con el gobierno de Raúl Castro, y la reconciliación entre cubanos que radican en el extranjero y los que viven en la isla.

“La diáspora cubana se encuentra en Luanda, en Moscú, en Madrid, en Caracas, y en muchas otras partes del mundo, pero la mayor concentración de personas que insisten en seguir llamándose cubanos, fuera de Cuba, reside en el sur de la Florida”, señala Domínguez.

Destaca que lo novedoso de este diálogo es el papel jugado por un ente nacional, como la Iglesia, y la actitud de las autoridades cubanas, que lo han hecho público y que seguirán utilizando dicho canal.

Domínguez considera al presidente Raúl Casto como un hombre práctico que busca soluciones a problemas torales de la nación, es por ello, asegura, que el mandatario aceptó las sugerencias de la jerarquía eclesiástica para tomar decisiones humanitarias y del cese de la hostilidad pública contra las “Damas de Blanco”, el grupo esposas de los presos que serán liberados.

Tanto Domínguez como López-Levy concentran parte de su análisis en el diálogo y la reconciliación entre cubanos, temas que han adquirido una importancia vital en la isla y que los trajo a La Habana, a mediados del pasado mes de junio, para participar en una reflexión interna de la propia Iglesia católica.

Domínguez asegura que los obstáculos al diálogo, o a los diálogos, han existido por todas partes, tanto en Cuba como en la diáspora. “Sin embargo, cambios recientes sugieren la posibilidad de un futuro distinto. Me refiero tanto a opiniones públicas del presidente Raúl Castro como a las opiniones acumuladas de cubanos entrevistados en Miami mediante encuestas de opinión pública”, comenta.

         Asimismo, sostiene que “el reto para Cuba y su diáspora hoy es cómo explorar la posibilidad de una relación distinta que no exija la violencia, mucho menos una guerra”.

         Abunda: “Que (Cuba y la diáspora) tampoco prolonguen la violencia verbal que tilda de traición a todo aquél que discrepe, que no excluya a aquellos que por múltiples y variadas razones llegaron a ser ciudadanos de otro país (…) Que valoren lo que quienes se llamen cubanos hayan logrado tanto en Cuba como en cualquier parte del mundo, y que consideren esos logros parte de un mismo patrimonio nacional. Es decir, la nación cubana existe donde quiera que se encuentren aquellos que se sientan cubanos.”

Hace hincapié en que la diáspora que existe en Florida ha sufrido cambios. Para confirmar su hipótesis da cifras de encuestas realizadas en ese estado: según su investigación, en marzo de 1991, cada 6 de 10 cubanos se oponían en Florida al diálogo nacional entre exiliados cubanos, disidentes y representantes del gobierno cubano. En marzo de 2007, agrega, solamente 1 de cada 3 estaba en contra.

Destaca que las encuestas realizadas entre la comunidad cubana de Florida se observan también cambios de opinión sobre otros temas afines.

“En 1993 ya la mitad de los encuestados en Miami apoyaban que diversas empresas puedan vender medicamentos a Cuba. En 2007, la proporción a favor de tales ventas aumentó a 7 de cada 10 personas. En 1993, solamente 23% estuvo a favor de las ventas de comida a Cuba, pero en 2007 la proporción a favor de éstas sumaba 62%, es decir, casi se triplicó”, agrega.

         Más aún, “la proporción de cubanos y cubano-americanos en el sur de Florida a favor de la continuación del embargo que el gobierno de Estados Unidos ha aplicado a Cuba por medio siglo, casi no cambió en los años más duros del Periodo Especial: fue 87% a favor de su continuación en 1991 y persistió en 83%, en 1995.

“Sin embargo, esa proporción ha venido decreciendo sistemáticamente desde entonces. Fue 66% en 2004; 58% en 2007, y 45% en 2008”, apunta.

Afirma que los cambios de opinión con relación al embargo, “evidentes a partir de mediados de los noventa”, también se encuentran en la fecha de emigración.

En el 2008, 65% de los que emigraron antes de 1980 seguían apoyando la continuación del embargo estadunidense; solamente 29% de quienes emigraron después de 1998 mantenían su respaldo.

Por su parte, el catedrático de la Universidad de Denver, Arturo López-Levy, afirma que el objetivo final de la reconciliación nacional es compatibilizar a Cuba con el conjunto indivisible e interdependiente de los derechos humanos universales.

“Esta discusión sobre el proceso de reconciliación nacional cubano es parcial. Lo sé. No incluye importantes elementos como los referentes a posibles amnistías políticas o las propuestas de perdón y olvido”, comenta.

         Sin embargo, considera, “sobre estas cuestiones habrá que abrir diálogos en el futuro, pero no creo que sea el tema apropiado para las fases tempranas. Más allá de lo que las leyes hagan, desde mi condición de judío creo que el perdón por actos de vejación a otro ser humano sólo lo pueden dar Dios y las víctimas”.

Nadie debe ilusionarse, continúa, con la idea de que si se adopta una postura gradualista, el camino de la reconciliación será fácil.

Los dos catedráticos cubanos radicados en Estados Unidos consideran que es hora de reconocer que el diálogo entre cubanos tiene valor en sí mismo y distinguir aquello que para cada uno es negociable de lo que no lo es.

“Nadie está exento del llamado a encontrar espacios y valores comunes, y a pensar en una patria ‘con todos y para el bien de todos’”, concluye López Levy, en referencia a una frase del prócer cubano José Martí.

 

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