Italia: La moneda en el aire

viernes, 14 de diciembre de 2012
MILÁN (apro).- El viernes 7 de diciembre, día de San Ambrosio, comienza la temporada de ópera en el Teatro de la Scala de Milán. Tradicionalmente acude el presidente de la República, Giorgio Napolitano. Esta vez faltó a la cita, a pesar de que se presentaba Lohengrin, la ópera de Richard Wagner, cuya historia gira en torno del misterioso caballero de la mesa redonda. Horas antes, en Roma, la Cámara de Diputados discutía la Ley de Desarrollo. Ahí, Angelino Alfano, secretario general del Partido Pueblo de la Libertad (PDL) y mano derecha de Silvio Berlusconi, decía en su calidad de diputado que “la experiencia del gobierno Monti había concluido”. Toda su bancada negó entonces la confianza hacia la ley que se estaba discutiendo. Fue el primer signo de una crisis anunciada por quienes gobernaron este país antes de los técnicos, pero que lo dejaron el 13 de noviembre de 2011 por no contar, precisamente, con la confianza de las mayorías. Esa noche del 13 de noviembre de 2011, Berlusconi abandonaba Palazzo Chigi en medio de una crisis económica que comenzaba a golpear a toda Europa y que en Italia él no había sabido manejar, pues la deuda había crecido exponencialmente durante su gobierno. Berlusconi acababa envuelto en escándalos personales y los ciudadanos lo despidieron entre gritos e insultos. Tres días después llegó Mario Monti al gobierno. En estos 13 meses, el Parlamento italiano aprobó unas 50 leyes, sin embargo, la de Desarrollo no había pasado su primera prueba y, antes de que pasara al Senado, Napolitano canceló su cita con Lohengrin en Milán y decidió quedarse en Roma para comenzar las reuniones con los diferentes representantes de las fuerzas políticas y tratar de salvar a Italia de una nueva crisis política. Al día siguiente, sábado 8 y segundo día festivo en Italia (día de la Inmaculada Concepción), Monti, quien muy temprano viajó a Francia para una reunión del World Policy Conference, escuchó desde Cannes las declaraciones que el otro Cavaliere tenía preparadas. “Nosotros dimos una prueba de gran responsabilidad y por un año respaldamos a este gobierno de técnicos, buscando corregir los errores que, aunque no nos convencía, dijimos que una política de austeridad sobre una economía que no crece hace daño, y en este tiempo se hicieron muchos daños”, aseguró Berlusconi después de asistir al entrenamiento del AC Milan, equipo de su propiedad. Entrevistado en el centro de entrenamiento de su equipo de futbol, aseguró que si entraba a la competencia, sería para ganar. “Yo no entro en competencia para tener una buena posición, entro para ganar”, dijo el político de 76 años, con un proceso pendiente por favorecer la prostitución, donde está implicada la joven marroquíe conocida como Ruby Robacorazones. Fue, pues, su primera declaración formal sobre su regreso a la competencia política y, de paso, fue un ataque frontal contra el gobierno que lo había sucedido. La reacción de Monti Ante las declaraciones de Berlusconi, Monti –quien se encontraba fuera de Italia-- mantuvo la calma. Desde Cannes parecía no darle mucha importancia a las palabras del Cavaliere y, ante la insistencia de algunos reporteros, se dijo convencido de que nadie, sin importar el partido que lo eligiera, destruiría lo que se había logrado en términos de seguridad de las finanzas públicas. “Italia, en un año, salió de una crisis extremadamente grave e hizo reformas que ningún partido por sí solo hubiera podido hacer, cambios que obviamente fueron posibles gracias al desarme de las fuerzas políticas”, declaró. Pasadas las 19 horas, Monti llegó directamente a Roma, donde Napolitano lo esperaba para un encuentro privado que duró alrededor de dos horas. Al salir se le notaba extraño, pero no trastabilló ni un segundo cuando anunció su dimisión con carácter irrevocable, “una vez que se apruebe la Ley de Estabilidad”. El boletín oficial del Quirinale decía: “El presidente del Consejo ha revelado que la declaración hecha ayer en el Parlamento por el secretario del PDL, Angelino Alfano, constituye, en la sustancia, un juicio de categórica desconfianza hacia el gobierno y su línea de acción. El presidente del Consejo no considera, por lo tanto, posible alargar su mandato y en consecuencia ha manifestado su intento de dimitir. El presidente del Consejo averiguará cuanto antes qué fuerzas políticas no pretenden asumir su responsabilidad de provocar el ejercicio provisorio, haciendo todavía más grave las consecuencias de una crisis de gobierno, también a nivel europeo”. Y agregó que una vez que se aprueben “en breve” las leyes de Estabilidad y Balance, “el presidente del Consejo formalizará su irrevocable dimisión en las manos del presidente de la República”. Monti dijo después, en entrevista con el diario Corriere della Sera, que su decisión de renunciar la había tomado antes de llegar a Roma y entrevistarse con el presidente, quien lo apoyó desde el inicio para que se quedara en lugar de Berlusconi. “He madurado la convicción de que no se puede seguir así. He buscado en estos meses no ceder a mi carácter, de ser menos susceptible. Sin embargo, hubiera preferido que desconectaran directamente con un voto de desconfianza, y no de este modo... y preferí hacerlo así con los mercados financieros cerrados”. En unos cuantos minutos, Mario Monti volvía a cambiar las cartas sobre la mesa. “Monti se tomó un día para reflexionar, después hizo un gesto, el único que estaba en la línea con su persona, su vida y su modo de gobernar: asegurando la ley de estabilidad y después renunciar”, escribió el periodista y escritor Mario Calabresi en un artículo publicado en el diario La Stampa. “No sólo no podía aceptar ponerse bajo la acusación de quien le había entregado un país en ruinas, no sólo no tiene la intención de mendigar por semanas la confianza para cada ley que hace falta votar, pero tampoco de compartir un metro de calle con quien ahora ha decidido que todas las culpas son de la moneda única”, siguió Calabresi. “Fue un gesto claro y limpio que obliga a cada uno a asumir su propia responsabilidad y deja a Berlusconi solo con sus convulsiones”, señaló Calabresi. Para el domingo 9, cuando ya habían pasado los anuncios del político y el técnico, las diversas fuerzas políticas comenzaron a expresarse, sobre todo con los tiempos electorales que comenzaron a acortarse cada vez más a raíz del anuncio de Monti, pues el plazo para que se vote la Ley de Estabilidad no debe superar el 28 de diciembre, día que Montí entregaría su dimisión a Napolitano y correría el tiempo para la disolución de las cámaras. Tomando en cuenta esta hipótesis (la más segura), el pasado miércoles 12, la ministra del interior, Anna Maria Cancellieri, dio el 17 de febrero como posible fecha para que se lleven a cabo las próximas elecciones en Italia. Lunes negro Llegó el lunes 10 y ya todos en Europa esperaban la apertura de las bolsas para medir lo que en Italia había ocurrido apenas el fin de semana. Desde su apertura, las bolsas de Italia, España, Alemania y Francia comenzaron a registrar pérdidas. Los líderes europeos respaldaron a Monti y casi al unísono apoyaron la idea que en Italia comenzó a rondar desde que el también llamado ‘profesor’ anunció que se iba: una coalición que lo respaldara a él como candidato con el apoyo de la Unión Europea, pues la Constitución se lo permite. Monti salió al paso y trató de calmar las aguas nuevamente: “Que ninguno mistifique mi gobierno. Yo no me candidatearé por ahora”, señaló, a pesar de las declaraciones de la canciller alemana Angela Merkel, del presidente francés Francois Hollande, y del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, que le pidieron no salir de la escena política. “Eres una garantía”, fue el mensaje de todos. En cambio para Berlusconi, la reacción fue completamente la contraria. La portada del lunes 10 del periódico francés Libération ejemplificó el sentimiento europeo. Ahí estaba el cansado rostro de Silvio Berlusconi en primer plano y con el título: “El retorno de la momia”. La seguridad que parecía demostrar il Cavaliere apenas dos días atrás, cuando se presentó en el campo del AC Milán, se esfumó, y nuevamente el miércoles 12 Berlusconi aprovechó la presentación del libro del periodista Bruno Vespa para decir que si se presentaba Monti para la competencia, él le dejaba el camino libre, “si es que competía de parte de los moderados”. Lo cierto es que en estos momentos no hay alianzas que alcancen. Las reformas pendientes corren contra el tiempo, y de candidatos seguros, a pesar de los tiempos tan cortos, aún no se puede hablar. Europa puede apoyar a Monti y la serie de reformas que ha comenzado, pero en Italia no han terminado de gustar. El desempleo ha tocado niveles preocupantes (11.4%) y el tema de la reforma de las pensiones (impulsada por su gobierno y donde se eleva la edad para las jubilaciones) es todavía una herida que no termina de cerrar. “Si Berlusconi no logra tener alianzas importantes, él sabe que las esperanzas para él y su partido no son muchas, por eso ahora dice que hasta puede ceder el lugar para alguien mejor y ahí Monti la tendría ganada, pero por otro lado están el desempleo, las pensiones, los costos de la política, la ausencia de préstamos..., que son temas que seguramente definirán las próximas elecciones, y ahí Monti ya no es tan bien visto”, explicó Piero Ceccareli, politólogo consultado por Apro. Añadió: “Podemos decir que en lo que respecta a la política italiana, la moneda aún está en el aire”.

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