Jane Goodall, la "Madre Teresa" de la naturaleza

lunes, 11 de noviembre de 2013
TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis. (apro).- La etóloga inglesa Jane Goodall, quien se dedica a educar a niños y jóvenes en la conservación del medio ambiente, asegura que la principal diferencia entre los hombres y los chimpancés es el desarrollo expresivo del intelecto humano. Pero paradójicamente, dice, quienes tenemos la facultad de pensar y reflexionar estamos acabando con nuestro hábitat natural. “En México, ustedes saben muy bien, se acaban los bosques y las selvas. De cómo herbicidas y pesticidas están contaminando ríos y lagos”, refiere la Mensajera de la Paz de las Naciones Unidas, quien hace 23 años se mudó al continente africano para analizar y explicar el comportamiento, la biología y la evolución de los primates. En una cena organizada por el Fondo de Conservación de la Reserva de la Biosfera El Triunfo (Foncet) la noche del domingo 10, el arquitecto urbanista Carlos León Chanona elogió la labor de la mujer inglesa que ha luchado toda su vida por proteger al chimpancé y su entorno natural. “La madre Teresa de la naturaleza”, como la calificó León Chanona, empezó su discurso con un sonido gutural que, en el lenguaje de los chimpancés, según ella, significa “hola”. Goodall, de 79 años de edad, llamó a “educar a las nuevas generaciones, a los pequeños que serán en el futuro los políticos, los gobernantes y activistas que incidirán en la toma de decisiones para salvar los bosques y selvas”. De igual manera, urgió a establecer una nueva cultura de convivencia entre seres humanos y naturaleza, y a crear bancos de microcréditos para las mujeres, para que las familias –dentro y en los alrededores de las reservas– tengan alternativas para crear proyectos de desarrollo sustentable. “Nunca me di por vencida, me tiraban, pero así me levantaba. Los problemas son gigantes, pero nuestra fortaleza debe ser mayor”, indicó la fundadora del Instituto Jane Goodall, donde desarrolló el programa denominado “Raíces y Retoños”, con presencia en más de 100 países, y que el Foncet ha aplicado ya en algunas comunidades de Chiapas. Agregó: “Cuando hay lágrimas en los ojos, son señal de que nuestro corazón (dice que) es posible hacer las cosas bien”. Jane Goodall ha sido galardonada con los premios Príncipe de Asturias de Investigación (2003), Legión de Honor de la República Francesa, Dama del Imperio Británico, Medalla Hubbard de National Geograpphic, Premio de Kyoto, Medalla Benjamín Franklin y Medalla de oro de la UNESCO, entre otros. De acuerdo con la primatóloga, durante su infancia observaba a menudo a las gallinas y las aves silvestres. A los 23 años, contó, partió al África para internarse en las montañas de Tanzania, donde inició un trabajo para investigar y observar chimpancés por seis meses. Concluido ese tiempo, National Geografic aprobó un financiamiento para que continuara con el estudio de los primates Esos animales, con quienes compartimos más de 98% de nuestro ADN, explicó, tienen sentimientos y emociones al igual que los seres humanos, pero también pueden llegar a ser tan violentos entre ellos hasta el grado de matarse con crueldad. Goodall ha documentado la forma de vida de los primates y sobre todo su lenguaje. Ha escrito diversos libros sobre el tema, así como artículos en diarios y revistas, además de que ha producido videos y documentales. Según dijo, cuando en su infancia llegó a sus manos el libro Tarzán, el hombre mono, ella sintió que debía dedicar su vida a los chimpancés. Tarzán se casó con Jane, aunque “era la Jane equivocada”, apuntó. Ya como experta en la materia, se doctoró en la Universidad de Cambridge y luego volvió a su campamento junto al Lago Tanganica, donde, subrayó, vio mermar la especie de los chimpancés, primero por la deforestación y luego por la cacería, debido a la demanda de llevarlos por el mundo como animales para la diversión. Sobre el programa “Raíces y Retoños”, aseguró que no se trata de una imposición, ya que las comunidades eligen sus prioridades. El nombre de “Raíces y Retoños”, detalló, es como los árboles altos y hermosos que empiezan con una pequeña y frágil planta, pero crecen hasta ser fuertes y casi indestructibles, y es eso lo que ella y muchos otros individuos comprometidos con la naturaleza quieren construir con la educación ambiental. “Espero que después de mi visita, tengamos que llenarnos de entusiasmo y alegría”, concluyó Goodall.

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