República Saharaui: 37 años de soledad

viernes, 15 de marzo de 2013
MEXICO, D.F. (apro).- Al incumplir con el compromiso de realizar un referéndum de autodeterminación en el Sahara Occidental, la comunidad internacional tendrá que asumir una ruptura del cese el fuego que prevale desde 1991, advierte el canciller de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Mohamed Salem. “Este cese el fuego es gemelo al referéndum. El Frente Polisario (Frente Popular de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro) lo aceptó porque Marruecos aceptó el referéndum. Es un paquete, o tomas el paquete o lo dejas entero”, explicó Salem durante una entrevista realizada por Apro. Después de 37 años la RASD sigue esperando que Naciones Unidas (ONU) organice el referéndum de autodeterminación que liberará su territorio de la ocupación colonial de la monarquía Alauí de Marruecos. Desde hace cuatro décadas, Amnistía Internacional (AI), Human Right Watch (HWR) e instituciones académicas –entre ellas diferentes universidades asentadas en Madrid--, así como comisiones de derechos humanos de ONU y del Parlamento Europeo, denuncian las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen marroquí en contra de los saharauis. El miércoles 6, el gobierno de Marruecos negó el acceso a la ciudad de El Aaiún a un grupo de parlamentarios de la Unión Europea, quienes habían acudido a observar la situación de los derechos humanos. El régimen de Rabat desconoció también al nuevo enviado de ONU para la región, Christopher Ross, por ser demasiado “parcial” en favor del referéndum. El gobierno de Marruecos considera ilegales tanto las asociaciones de defensoras de derechos humanos saharauis como el activismo pro-independencia. Los acusa de propiciar la “violación de la integridad territorial”. Sin embargo, ningún país ha reconocido la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental por la simple razón de que ocupa un territorio por la fuerza, lo cual es ilegal. Las conclusiones del libro El oasis de memoria de Sahara Occidental de Carlos Martín Beristain y Eloísa González Hidalgo son alarmantes. Sus dos tomos recolectaron y ordenaron en un poco más de mil páginas los testimonios de saharauis víctimas de torturas, juicios arbitrarios, encarcelamiento clandestino, violaciones de derechos o discriminación social. Los autores estiman que siguen desaparecidos entre 360 y 460 personas. Según la embajada de la RASD en México, 81 países reconocen a ésta como Estado, la mayoría de África, seguida por América Latina. Ninguno de ellos es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. México reconoció al Estado árabe en 1979 durante la Conferencia de los Estados No Alineados de La Habana. Según el canciller Salem, Marruecos paraliza la organización del referéndum debido a que “está seguro de que lo va a perder”. Rabat propone como solución la autonomía política del territorio saharaui, del que los saharauis –pueblo fundamentalmente nómada-- no quieren escuchar. Éstos sostienen que equivaldría a reconocer la soberanía de Marruecos sobre un territorio que no le pertenece. El conflicto so volvería entonces un problema “interno” y ya no “internacional”. “Los saharauis viven ahora un proceso como el de la Revolución Mexicana o el de la Bolivariana, o el de José Martí en Cuba; un proceso revolucionario donde todo el pueblo, los cultos y los menos cultos, se están involucrando en una sinfonía total de independencia nacionalista”, destaca el diplomático, quien la semana pasada visitó México como parte de una gira por varias naciones de América Latina. Invasión España estableció un protectorado sobre los territorios del Sahara Occidental durante la conferencia de Berlín de 1884. En esta conferencia, las potencias europeas se repartieron los territorios del continente africano. En 1960 la ONU votó la resolución 1514, que otorgó a los pueblos el derecho a la autodeterminación y a la independencia, lo que lanzó el proceso de descolonización en África. Seis años más tarde decidió que el futuro del Sahara Occidental se determinaría por vía de un referéndum. En 1973, independentistas saharauis crearon el Frente Polisario que lanzó una lucha de liberación contra España. En el Sahara, la agotada dictadura franquista sostuvo relaciones tensas con Marruecos. La monarquía alauí no escondió su interés para administrar los 266 mil metros cuadrados del territorio saharaui, con sus ricos bancos pesqueros y minas de fosfato. Al año siguiente España anunció la organización de un referéndum de autodeterminación para llevarse a cabo en 1975, bajo los auspicios de la ONU. Pese a las reivindicaciones de Marruecos, la Corte Internacional de Justicia declaró que los territorios eran terra nullius (tierra de nadie) antes de ser parte de la colonia española, por lo qué le negó la soberanía a Marruecos. El 6 de noviembre de 1974 el régimen del rey Hassan II lanzó la “Marcha Verde”. Unos 100 mil marroquíes entraron en el Sahara Occidental. Fue un acto de demostración de fuerza con destinatario preciso: España. En plena caída, el régimen franquista aceptó abandonar el Sahara Occidental en beneficio de Marruecos y Mauritania. Ello se concretó en los Acuerdos de Madrid del 14 de noviembre de ese año. Tal como lo decretó posteriormente la Corte Internacional de La Haya, la ocupación se realizó sin que ninguna de las tres partes pudiera reivindicar su soberanía sobre el territorio. La estrategia de Marruecos, según los autores, consistió en vaciar el desierto y emprender una represión feroz contra los integrantes del Frente Polisario y la población civil saharaui. De 1975 a 1977, el modus operandi del ejército marroquí consistía en pillajes, destrucción de jaimas (viviendas tradicionales), matanza y robo del ganado, bombardeos de sus campamentos, tortura sistemática, violaciones sexuales y desapariciones forzadas. “Marruecos no reconoce que ha utilizado Napalm, fósforo blanco o bombas de fragmentación. No admite haber lanzado a saharuis civiles vivos de helicópteros. Tampoco reconoce a los desaparecidos ni a la gente que ha muerto bajo tortura en cárceles del Sahara Occidental. Está acusado de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra”, dice indignado el canciller Salem. Éxodo nómada González Hidalgo señala que sólo con los bombardeos de campamentos civiles el gobierno de Marruecos cometió 14 crímenes de guerra e infringió cinco principios del Derecho Internacional Humanitario. Como consecuencia del terror de los bombardeos y de las violaciones “sistemáticas” de los derechos humanos, miles de saharauis huyeron hacia Argelia para refugiarse en campamentos, como en Tinduf, en un éxodo del cual todavía no han regresado. Los enfrentamientos continuaron en el calor infernal de las dunas del Sahara entre los militares y el Frente Polisario, el cual combatía en su entorno. Para protegerse de las intrusiones de la resistencia armada, el régimen del rey Hassan II erigió en 1982 un muro de 2 mil 720 kilómetros rodeado de minas antipersonales, que actualmente sigue en pie. Otros saharauis se quedaron en el territorio ocupado, abandonando el modo de vida nómada para refugiarse en áreas urbanas, como en la ciudad de El Aaiún. “Los saharauis en las zonas ocupadas son tratados de manera diferente de los colonos marroquíes, quienes tienen todos los derechos. La represión feroz contra la población civil saharaui, los tribunales militares, las desapariciones, la tortura y todas las violaciones a los derechos humanos son similares a la política del apartheid, o la política de las dictaduras chilena y argentina”, subraya el diplomático saharaui. En los territorios ocupados la administración y las instituciones –como las escuelas-- dependen del gobierno marroquí de Rabat, la capital marroquí, así como las instituciones. La población saharaui emprende desde hace 37 años campañas de resistencia y de desobediencia civil, como huelgas de hambre, que el régimen marroquí reprime con fuerza y violando los derechos humanos, según denuncian asociaciones defensoras de dichos derechos. Censo perdido En 1991 el Frente Polisario y el régimen de Marruecos firmaron un Plan de Arreglo. Éste fue aprobado por la resolución 690 del Consejo de Seguridad de la ONU. Decretaba un cese al fuego a condición de que se organizara un referéndum. Para ello se creó la Misión de las Naciones Unidas para el Referendo en el Sahara Occidental (Minurso), encargada de establecer el censo de los votantes. Según un informe del entonces secretario general de la ONU Javier Pérez de Cuellar, Marruecos emprendió una “nueva Marcha Verde” el 19 de diciembre de 1991. Estableció decenas de miles de colonos marroquíes para falsear el censo y, por extensión, los resultados del referéndum, lo que el Plan de Arreglo prohibía. El Consejo de Seguridad definió la Marcha Verde como “deplorable”, una “violación del derecho internacional”. El censo no se llevó a cabo. En 1999 la Minurso levantó finalmente el censo. Un año después presentó los resultados. De las 147 mil solicitudes que provenían de las partes colonizadas por los marroquíes, sólo se aceptaron 2 mil 135. Furiosa, la monarquía presentó 79 mil apelaciones, por lo que “el proceso quedó nuevamente bloqueado. Marruecos rechazó continuar con el proceso de aplicación del Plan de Arreglo”, señalan los autores de El oasis de la memoria de Sahara Occidental. “Marruecos se echó para atrás porque pretendía ganar el referéndum mediante la participación de marroquíes, cuyo número sobrepasaba el de los propios saharauis”, precisa por su parte el canciller Salem. También destaca que “en sus informes, Franck Rudy, el encargado del proceso de identificación, dijo que el gobierno de Rabat trajo a marroquíes, les dio trajes tradicionales saharauis para disimularlos entre la multitud”. El nuevo encargado de las Naciones Unidas, James Baker, propuso un plan en mayo de 2003 que preveía un referéndum con el censo del año 2000, pero con la posibilidad para los marroquíes de votar. Tantos factores beneficiaban a Marruecos y no al Frente Polisario, ya que iban a votar 103 mil marroquíes y 86 mil saharauis. A pesar de esto, el Frente Polisario aceptó las condiciones, pero Marruecos las rechazó. Desde ese entonces no existe ningún nuevo plan para organizar un referéndum en el Sahara Occidental. “A cualquier marroquí, si le das la ciudadanía mexicana, de Israel o de Alemania, o de Argentina, o de Santa Lucía, o de Mauritania, o de Malí va corriendo. Y si a los colonos marroquíes en el Sahara Occidental se les da la oportunidad de ser ciudadanos en un país independiente, votarían a favor”, explica Mohamed Salem. Monarquía absoluta Mohammed VI recuperó el trono de Marruecos en 1999 al fallecer su padre, Hassan II. Durante su primer discurso televisado prometió acabar con la corrupción y garantizó el cumplimiento de los derechos humanos. Ese discurso no convence al canciller saharaui, quien observa que “el rey sigue siendo jefe del Ejecutivo, jefe de la autoridad islámica, jefe de la autoridad judicial, jefe de la autoridad audiovisual y primer empresario de Marruecos. Un rey absoluto con una farsa de democracia en donde el Parlamento no significa nada. El gobierno se hace y se deshace al antojo del monarca”. La intifada (insurrección) pacífica de 2005 o el desmantelamiento brutal por las fuerzas de seguridad de miles de jaimas del campamento de Gdeim Izik en noviembre de 2010 fueron duramente reprimidos por el ejército marroquí. Los activistas fueron bastoneados, llevados a la cárcel y enfrentaron tribunales militares, según el libro. El 17 de febrero anterior un tribunal militar realizó un juicio contra 24 saharauis acusados de participar en el asesinato de 11 policías marroquíes, luego del desmantelamiento del mencionado campamento de Gdeim Izik. El tribunal militar condenó a ocho activistas a la cadena perpetua, a cuatro a 30 años de cárcel y a diez a entre 20 y 25 años de prisión. Las ONG’s denunciaron que ese fue un “juicio político” debido a que, afirmaron, las pruebas no existían. Por lo tanto, las relaciones entre las poblaciones marroquí y saharaui se vuelven más tensas. “A diario en las zonas ocupadas hay una confrontación. Cuando hay manifestaciones, la policía marroquí utiliza a los colonos para entrar y destruir las casas y los bienes de los saharauis en pleno día”, apunta Salem. En el libro El oasis de la memoria de Sahara Occidental, la activista saharaui Aminatu Haidar advierte que la generación que viene está frustrada y cansada de ver que la situación no ha cambiado desde que nacieron. Teme un retorno de la violencia. “No se puede poner en marcha un proceso de reconciliación porque la situación no ha cambiado”, sentencia Carlos Martín Beristain, quien asesoró a las comisiones de la Verdad de Perú, Paraguay y Ecuador. Durante un coloquio organizado por las seis universidades de Madrid en 2007 y 2008 sobre el Sahara Occidental, Juan Soroeta, especialista en Derecho Internacional de la Universidad del País Vasco, declaró que “Francia ha vetado de forma sistemática cualquier propuesta que suponga imponer una solución, por lo que las Naciones Unidas siguen actuando desde este entonces en el ámbito del Capítulo VI”. Ese capítulo implica que el conflicto se puede resolver con el acuerdo de las dos partes. El canciller Salem dice que el régimen de Rabat paga a grupos de cabildeo tanto en Washington como en París, así como a universitarios y abogados, quienes cumplen la misión de ofrecer una imagen progresista de Marruecos. “Dicen que el sistema avanza, que se democratiza el país, que Marruecos se está ‘reformando’, aunque las reformas nunca llegan”, afirma el diplomático saharaui. “Existen investigaciones que demuestran las conexiones y compra de complicidades entre el palacio real marroquí y centros de poder en Francia”, agrega. A pesar de ello, las redes de asociaciones amigas del pueblo saharaui son muy activas en el mundo, dice Salem. En la última ceremonia de Los Goya, en España, el documental de Javier Bardem sobre el Sahara Occidental, Hijos de las nubes, fue reconocido con el premio en esa categoría. Hace 37 años que los saharauis esperan un referéndum. El “fracaso de la comunidad internacional”, como lo califica Mohamed Salem, abre la posibilidad de un nuevo conflicto. El periodista y literato Eduardo Galeano, quien escribió sobre la situación de los saharaui en la introducción de la memoria sobre el coloquio que se llevó a cabo en Madrid, lamentó: “El patriotismo es, hoy por hoy, un privilegio de las naciones dominantes”.

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