Francia: La llegada del contra-mayo del 68

viernes, 26 de abril de 2013
PARÍS (apro).- Mientras la comunidad homosexual festejaba con champagne la aprobación de la ley que autoriza el matrimonio y la adopción de menores a parejas del mismo sexo, los opositores a dicha norma se manifestaron violentamente a unas cuadras de la Asamblea Nacional, el pasado martes 23. Con petardos, ladrillos y barras de hierro, miles de encapuchados se enfrentaron con la policía, y al dispersarse agredieron a periodistas. Juraron que iban a regresar. Los opositores a la primera gran reforma social de la presidencia socialista de François Hollande no ganaron la batalla contra el matrimonio homosexual, pero sí la guerra de la visibilidad. En las últimas semanas fueron recurrentes las manifestaciones y la violencia callejera, e incluso los insultos y empujones en la Asamblea Nacional. Contrapusieron la expresión del gobierno “matrimonio para todos” con el lema “la manifestación para todos”. En su sitio de Internet, ese movimiento se autocalifica como “profundamente pacífico, apolítico y aconfesional”. En los hechos, sus integrantes y simpatizantes demostraron que en el país de los derechos humanos y del Mayo del 68 todavía existen sectores tradicionales, derechistas, católicos… y muy activos. El domingo 21, la “Manifestación para todos” organizó una movilización en las calles de París. Previamente ya había realizado otras tres. La que celebró el pasado 24 de marzo reunió a más de 300 mil personas. El pasado domingo 21, una muchedumbre marchó bajo un sol primaveral. Familias caminaban empujando carritos o con niños en hombros; ancianos portaban pancartas y los jóvenes lucían disfrazados. La imagen de esta multitud contrastaba con la que suelen proyectar las manifestaciones parisinas: en vez de banderolas rojas y blancas, miles enarbolaban banderas azules o rosas. Formaban una masa color pastel “en homenaje a las referencias del papá y de la mamá, quienes van a desaparecer del Código Civil”, recalcó Gustave, un joven manifestante de 19 años. A su lado, Jean-François asentía. Este sexagenario, padre adoptivo de cuatro niños, ha salido a la calle desde el inicio del movimiento, en noviembre del año pasado, “para defender la adopción” por parte de parejas heterosexuales. “Me da igual que se casen los homosexuales, pero la adopción (por parte de éstos) ¡no! Un niño viene de un padre y de una madre. No vamos a cambiar miles de años de historia y de biología así”, declaró. De hecho, todos los sondeos muestran esa diferencia de apreciación: más de 65% de los franceses consultados están a favor del matrimonio entre homosexuales, pero si la pregunta se centra en la adopción para las parejas de mismo sexo, las respuestas positivas oscilan entre 49% y 47%. “Frígida loca” Cuando la multitud pasó delante de la iglesia Saint-François-Xavier, sonaron las campanas bajo los aplausos y gritos de los manifestantes. Entre ellos se encontraba Marie, una mujer “católica y moderna”. “Representamos la Francia de los valores. Tenemos más de mil 600 años de catolicismo en este país, y nos quieren quitar eso”, dice ofendida esta madre de tres niños que lleva en la mano una pancarta extrañamente familiar: encima del eslogan “Queremos trabajo, no el matrimonio homo”, se puede ver la imagen de una fábrica, copia de la que llevaban en sus banderolas los obreros y estudiantes en 1968. En realidad, todos los símbolos de la “Manifestación para todos” se inspiran en los del Mayo del 68. “Esas pancartas hacen parte del patrimonio cultural de todos los franceses”, analiza la semióloga Mariette Darrigrand. “Los manifestantes quieren mostrar que su movimiento no es ni de derecha ni de izquierda, y que pretenden el universalismo”. Una carroza color pastel acompaña la manifestación. En ella va una mujer cincuentona con el pelo despeinado teñido de rubio. Sus labios están pintados de color rosa eléctrico. Con el puño levantado, grita en el micrófono: “¡Matrimonofilos, si! ¡Homofóbicos, no!”. A primera vista, la mujer que arenga a los manifestantes parece una asidua a las discotecas, sacada de una película de Almodóvar. En realidad es la lideresa del movimiento anti-matrimonio homosexual. La ambigüedad del personaje lo resume su apodo oficial: Frigide Barjot (Frígida Loca), un juego de palabras que hace referencia a Brigitte Bardot, la famosa actriz francesa de los años sesenta. Ella se define como una “alocada de Dios”. Proviene de una familia parisina y burguesa. “Gran fumadora, amante del vino”, dice sentir pasión por el Vaticano y por las familias en peligro. Ella es la comunicóloga perfecta: hace olvidar, con sus escotados color rosa y sus chamarras de piel, el carácter profundamente conservador del movimiento “Manifestación para todos”. Los integrantes de este movimiento “intentan normalizar su discurso para tener un capital de simpatía y atraer al número más grande de franceses”, analiza Jean-Yves Camus, politólogo especialista en la extrema-derecha. “Frigide Barjot es muy original y mucho más atractiva que los que rezan en las calles con el rosario en la mano”. Los “tradi” Hacía mucho tiempo que los “tradi”, como los llaman en Francia, no salían a las calles. En los últimos 50 años la derecha francesa sólo movilizó a sus huestes en función de temas específicos: en los setenta contra el aborto y la contracepción; en 1984 para defender a la educación privada y católica “La derecha no tiene esa cultura de la manifestación como la izquierda”, subraya Camus. “Pero la coyuntura política actual es idónea: el gobierno y las dos cámaras son socialistas, la popularidad del presidente es catastrófica, y tienen un tema de sociedad muy emblemático”, comenta. “Sabían que la ley iba a ser adoptada. El objetivo era mostrar que la derecha tradicional tiene músculos y terminar la tarea de radicalización de la derecha republicana iniciada por Nicolas Sarkozy”, señala Camus. El expresidente quería, por ejemplo, deshacerse de una vez por todas de “los valores del Mayo del 68”. Fue acusado de “introducir el cinismo en la sociedad y reducir el nivel moral en la política”. Su deseo de seducir al electorado católico de Francia (56% de la población, según el más reciente censo de 2012) se había limitado a integrar en unos discursos “la herencia cristiana de Francia”. “Varios miembros del movimiento contra el matrimonio homosexual suenan con un Tea Party a la francesa, una fuerza conservadora que podría influir en la derecha y en el resto de la sociedad”, comenta Camus. Es lo que pasa “cuando la izquierda está enferma y los partidos de derecha están en crisis”, lamenta Daniel Cohn-Bendit, exlíder del Mayo del 68, actual eurodiputado verde, en una entrevista que el periódico Le Monde publicó el pasado domingo 21. Cohn-Bendit –apodado en Francia Dany el rojo– considera que la radicalización de los partidos de derecha no es un fenómeno propiamente francés: “En Estados Unidos se centra en temáticas neoliberales anti-Estado y anti-impuesto; en Inglaterra se enfoca en el rechazo a la Unión Europea; en los Países Bajos se concentra en la inmigración y el Islam; y en Francia, en la defensa de la familia tradicional”. “Insurrección de las familias” Pero la fachada de un supuesto movimiento azul y rosa, pacífico y republicano, se agrietó en las últimas semanas para escindirse en dos entidades: de un lado, la “Manifestación para todos”, una mayoría pacifista y moderada; por otro lado, una franja extremista llamada la “Primavera Francesa”. Los integrantes de esta última tendencia están influidos por grupos de extrema derecha. Sin embargo, dicen que sus acciones están inspiradas en las revoluciones de la llamada Primavera Árabe que se registraron en varios países del Magreb y del Medio Oriente. En una nota publicada en Presente, la revista de los católicos tradicionalistas, el abogado Jacques Trémolet de Villiers, también activista para el restablecimiento de la monarquía en Francia, expresó que desea una “revolución permanente” e, inspirándose en el anarquista francés Pierre-Joseph Proudhon, llamó a la “insurrección de todas las familias de Francia”. Durante la manifestación que se llevó a cabo el pasado 24 de marzo, los seguidores de la Primavera Francesa intentaron ocupar la famosa Avenida de los Campos Elíseos, cuyo acceso está prohibido para los manifestantes. Delante de turistas aterrorizados, los policías y gendarmes intentaron contener a los inconformes con gases lacrimógenos. El movimiento Primavera Francesa, acompañado por diputados de la oposición, denunciaron una “violencia del Estado”, “digna de una dictadura” y lamentaron que la policía hubiera detenido a los manifestantes. La Primavera Francesa inauguró el concepto de “comité de acogida” para las personalidades que están en favor del matrimonio homosexual. El objetivo: perturbar cualquier presentación pública o reunión a las que éstas acuden. Así, varios ministros fueron víctimas de los silbidos y gritos de cientos de opositores…hasta en su propia casa. Más inquietante fue el “comité de acogida” reservado para Caroline Fourest, periodista y activista de los derechos homosexuales. Cientos de manifestantes, acompañados de un sacerdote, la persiguieron a su llegada a una estación de trenes y luego bloquearon el tren que ésta abordó. La periodista escapó gracias a la intervención de la policía. Como parte de este movimiento aparecieron los Hommen. En su sitio web se definen como “buenos tipos, una especie en peligro de extinción”. El 27 de marzo se filmaron debajo de las ventanas de la Jefatura de Policía de París. Llevaban el rostro cubierto por máscaras blancas y letreros en sus torsos desnudos con palabras como “Libertad” o “No más gases” (lacrimógenos). Agitaban banderas de Francia. Unos hicieron incluso un discreto saludo nazi en dirección de las cámaras. La cara de la homofobia En los hechos, Francia vive un clima creciente de tensión homofóbica. Grupos de hombres, a veces armados, han dañado bares y espacios culturales. Y en las dos últimas la policía registró cuatro agresiones “de carácter homofóbico”. En la noche del 6 al 7 de abril, una pareja gay fue atacada en un barrio popular de París. La fotografía del rostro tumefacto de Wilfred de Bruijn, un holandés que vive en Francia desde hace diez años, los ojos hinchados de sangre y los dientes rotos, se difundió a través de las redes sociales en sólo unas horas. “Esto es la cara de la homofobia. La noche pasada, en el distrito 19 de Paris, Olivier y yo hemos sido atacados sólo porque andábamos agarrados de los brazos”, comentó la víctima en su perfil de Facebook. La comunidad homosexual se reunió el domingo 21 en la Plaza de la Bastilla para protestar contra esa ola de violencia homofóbica. Acudieron unos 4 mil manifestantes “tristes y enojados”, como Romain y Gabriel, dos jóvenes homosexuales de 25 años. “Después de los judíos y de los musulmanes, somos los chivos expiatorios de la crisis económica”, lamentaron. “No podemos más, que se apruebe la ley ya”. El martes 23 los diputados aprobaron con 331 votos a favor y 225 en contra la ley que autoriza el matrimonio y la adopción para las parejas del mismo sexo. El día anterior, el presidente de la Asamblea Nacional recibió una carta con amenazas. “Han buscado la guerra, van a tener la guerra”, decía la carta. Los manifestantes prometieron regresar a las calles el 5 y el 26 de mayo; y Frigide Barjot no descarta presentarse en las próximas elecciones municipales, en 2014. El Tea Party a la francesa está en marcha para dar un nuevo rostro a la derecha gala.

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