Una de cada nueve personas sufre hambre en el mundo: FAO

miércoles, 27 de mayo de 2015
MÉXICO, D.F. (apro).- La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) dio a conocer que alrededor de 795 millones de personas en el mundo sufre de desnutrición. Y aunque la cifra es inferior en 216 millones a la de 1990 –debido principalmente a las mejorías en China–, significa que actualmente una de cada nueve personas sufre hambre, puntualizó. En su informe sobre el estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2015, la FAO destaca que a raíz de los éxitos de las políticas públicas en Sudamérica, la región de América Latina y el Caribe, se logró reducir el hambre a una proporción inferior a 5% de la población en las pasadas dos décadas. Actualmente 34 millones de latinoamericanos sufren hambre, contra 66 millones en 1990, precisa. En el caso de México, sostiene que cumplió con los Objetivos del Milenio (ODM), ya que menos de 5% de la población se encuentra en situación de inseguridad alimentaria, pero aún no alcanza la meta de “erradicar” el hambre (a menos de 3%) como lo estableció en 1996 durante el Foro Alimentario Mundial (WFS, por sus siglas en inglés). De acuerdo con el reporte, nueve países de América Latina, entre ellos Brasil, Chile, Uruguay, Venezuela y Cuba, redujeron a menos de la mitad la proporción de población desnutrida entre 1995 y 2015, y otros cuatro países –Colombia, Ecuador, Honduras y Paraguay– están por alcanzar la tasa de menos de 5%. Guatemala y El Salvador, por su parte, no cumplirán con los ODM en términos de reducción del hambre. Tampoco Haití, cuya economía nacional sigue siendo muy débil, además de que la década pasada sufrió sucesivos desastres naturales (terremotos, huracanes y epidemias). Aparte de América Latina y el Caribe, el sureste de Asia sacó a 150 millones de personas del hambre entre 1990 y 2015. De ellas, 100 millones provenían de China. Este año, añade el reporte, 9.6% de la población en esa región se encuentra en situación de desnutrición, contra 23.2% hace dos décadas y media. Según la FAO, la difícil coyuntura global desaceleró el ritmo de los logros contra el hambre en los últimos años. Esta coyuntura, explica, se ilustró con la volatilidad en los precios de los productos agrícolas y energéticos, la creciente tasa de desempleo y subempleo, así como las catástrofes naturales o humanas y la multitud de conflictos que han desplazado de sus hogares a una cantidad de personas no observada desde la Segunda Guerra Mundial. Crecimiento incluyente En su informe, la FAO insiste que el crecimiento económico no necesariamente reduce el hambre en los países, contrario al “crecimiento incluyente” enfocado hacia el último quintil de la población en términos de ingresos, o sea 20% de los más pobres. “La gente muy pobre no puede participar en los procesos de crecimiento que requieren capital o que generan empleos para las personas con educación o saber-hacer”, plantea el documento. Y subraya: “El crecimiento económico provocado por la explotación de recursos con extenso capital, como minerales o petróleo, tiene muy pocos vínculos con los pobres”. Para reducir de manera notable el hambre, la FAO aconseja a los países concentrar sus esfuerzos sobre las pequeñas unidades agrícolas, generalmente familiares y no mayores a dos hectáreas. De igual manera, urge a los gobiernos a incentivar la adopción de “prácticas y técnicas de intensificación sostenible de la agricultura”, que contemplan un manejo sostenible de las tierras –para su conservación– y del agua, y un sistema agrícola diversificado a través, por ejemplo, de la agroforestería. Señala que a pesar de cubrir sólo 12% de las tierras agrícolas a nivel global, las pequeñas explotaciones agrícolas representan 90% de las 570 millones de granjas en el mundo y producen más de 80% de la comida en términos de valor, ya que “tienden a tener mayores cosechas”. Sin embargo, la FAO resalta que en esas explotaciones familiares “la productividad laboral es menor y la mayoría de las familias de campesinos son pobres y vulnerables ante el hambre”. Otra de las herramientas clave en la lucha contra el hambre, agrega, es la protección social a través de programas de redistribución como el seguro social, que hoy en día impiden a 150 millones de personas caer en la pobreza extrema. No obstante, la FAO lamenta que “alrededor de 70% de la población mundial siga careciendo de una forma de seguridad social adecuada y formal”. El organismo también refiere que ante la volatilidad de los precios en los mercados internacionales, varios países con economías emergentes han regulado el comercio de los productos básicos con el fin de controlar su precio en interno. En general, apunta, adoptaron medidas de restricción de exportaciones y la eliminación de tarifas aduaneras para ciertos productos. “El comercio, de por sí, no representa una amenaza ni una panacea cuando le toca a la seguridad alimentaria, pero puede ser un reto e incluso un riesgo que deben ser considerados en la adopción de políticas públicas”, destaca.

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