Todo listo para que Putin siga en el poder

viernes, 16 de marzo de 2018
MOSCÚ (apro).- Después de 18 años de que el exespía de la KGB, Vladimir Putin, llegó al Gran Palacio del Kremlin, la política rusa sigue girando en torno a su nombre. Y así ocurrió en la campaña electoral que antecedió los comicios presidenciales de este do-mingo 18 en Rusia. Con los otros candidatos marginados por su escasa relevancia política, otro inhabilitado -Alexei Navalny- y otro asesinado en 2015 -Boris Nemtsov-, Putin se presenta por cuarta vez a unas elecciones presidenciales no como el candidato preferido, sino como el único posible para gobernar Rusia. “Putin ganará estos comicios. De eso no hay duda”, dice el politólogo experto en Rusia, Mark Galeotti. “Pero, en una época en la que los rusos tienen mucho de qué quejarse, el Kremlin no quiere que sólo sea una victoria electoral, sino un triunfo político. Y esto es lo que peligra, puesto que el opositor inhabilitado ha llamado a boicotear las elecciones, por lo que si la abstención es alta Alexei Navalny dirá que ha sido un éxito para él”, añade. Generación P La joven abogada Ksenia, de 24 años, mira desde la ventanilla del autobús en el que viaja y señala la nevada plaza Roja de Moscú. Pertenece a la llamada Generación P: aquellos jóvenes que sólo han votado en la era de Vladimir Putin. Disfruta vacacio-nar en países europeos y está desencantada de la política de su país. “Rusia es un país muy bonito, pero también muy lastimado. En unos años me iré de aquí”, dice Ksenia, quien comenta que no sabe si irá a votar. Su sentir no es inusual en la juventud rusa ni en gran parte de la población. Rusia ya lleva años con una baja participación electoral. En las más recientes elecciones legislativas (2016), só-lo acudió a las urnas 47% de los votantes. Preocupadas, las au-toridades rusas han lanzado campañas para promover el voto. En estos días, por ejemplo, las calles de las ciudades rusas lucen empapeladas con carteles recordando la inminente cita electoral. “Voten este domingo o habrá hiperinflación y africanos en el Ejército”, reza un promocional en Internet que durante la campaña electoral recibió seis millones de visitas y cuyo contenido fue criti-cado por diversas ONG y detractores de Putin. Personajes del espectáculo, entre ellos el cantante Grigory Leps; la antigua ganadora del festival de música Eurovisión y es-trella pop, Dima Bilan, y el rapero Timati, realizaron vídeos en los que invitan a los rusos a acudir a las urnas. En los días previos a los comicios, Putin recorrió calles, pla-zas y mercados, besando a niños y dando la mano a ancianas. Lanzó discursos patrióticos, a rato nostálgicos, en los que ofreció garantías de estabilidad para el país, a pesar de que el choque de su nación con Occidente no da señalas de atenuarse. Estas apariciones públicas son transmitidas de manera continua por los canales locales de televisión. El sábado 10, Putin presumió el nuevo arsenal ruso contra los misiles balísticos estadunidenses. Un día después, recordó que su abuelo paterno cocinó para el líder soviético Lenin y para su sucesor Stalin. Y el miércoles 14, viajó a la península de Cri-mea, anexionada por Rusia en 2014 y que Ucrania todavía reclama internacionalmente. Este viaje lo realizó justo cuando escalan las tensiones de Rusia con el reino Unido por el envenenamiento de Serguéi Skri-pal, exespía ruso que colaboraba con Londres. Las autoridades británicas expulsaron a 23 diplomáticos rusos. Los analistas juz-gan que esta acción británica provocará un respaldo popular ha-cia Putin, favoreciéndolo en estas elecciones presidenciales. Desde el entorno de Putin, el contraataque ha sido tajante: “Esta es otra maniobra para demonizar a Rusia, (es) una provo-cación”, dijo la televisión rusa. “Es una farsa de Occidente”, seña-ló la nota de un diario en la ridiculizaba las operaciones para sa-near de contaminantes las instalaciones donde fue envenenado el exespía ruso. Ese tipo de mensajes surte efecto en los seguidores del mandatario ruso. “Votaré por Putin pues es el único que nos pue-de defender, evitar que nos bombardeen, que nos pase como a Ucrania”, explica Oleg, un moscovita homosexual que, a pesar de las ideas poco favorables hacia este colectivo por parte de las autoridades rusas, se dice convencido de su decisión. “Lo votaré porque no quiero tener problemas y porque es el único personaje válido en el escenario actual”, explica una ancia-na de 90 años marcada por un pasado transcurrido bajo la Unión Soviética (URSS). Andrei Kolesnikov, politólogo de la sede del Instituto Carnie-ge de Moscú, resume el apoyo del que goza Putin: “Lo apoyan personas de todos los sectores sociales, muchos de clase media, que dependen del Estado y entre los cuales hay tecnócratas, mili-tares y personajes de los servicios secretos. Aunque también lo apoyan los sectores más marginados, los que dependen de los subsidios”. En entrevista con apro, Kolesnikov dice que las elecciones rusas tienen como objetivo inmediato mantener en el poder al ac-tual círculo de amistades políticas y empresariales de Putin. Se trata de un sistema que no ha cambiado en las últimas dos décadas y que está basado en un Estado central fuerte, en una firme personalización del ejercicio del poder (concentrada en Pu-tin), y en un libre mercado vigilado por el Estado. “No obstante, esta forma de gestión tiene limitaciones. No está claro cuándo las palabras del presidente o sus directas ór-denes tienen de verdad un peso político y cuándo son optativas u obligatorias”, opina Kolesnikov, autor de un largo ensayo titulado Escenario congelado: El sistema político ruso. Como ejemplo expone el caso de Ramzán Kadýrov, jefe de la República de Chechenia, quien tiene un amplio margen de ac-ción en ese territorio a cambio de la paz en esa zona de Rusia; o el caso del jefe de la compañía petrolera Rosneft, Igor Sechin, quien tiene una amistad cercana con Putin y goza de mayor liber-tad de acción que otros empresarios locales. Por otra parte, los opositores políticos y miembros de orga-nizaciones civiles dedicadas a la defensa de los derechos huma-nos (y no controladas por el Estado ruso), no gozan de libertades y son reprimidos: algunos han terminado en la cárcel y, en el ca-so de varios extranjeros, han sido expulsados del país. Sistema congelado Los otros siete candidatos a la presidencia rusa son vistos como personajes que desde el inicio de la carrera electoral han tenido poco o ningún margen para hacerse del poder. Entre ellos se en-cuentran el empresario Pável Grudinin, quien fue elegido candi-dato del Partido Comunista pese a que no era uno de sus militan-tes; y Ksenia Sobchak, antaño conocida como la Paris Hilton de Rusia y cuyo padre, Anatoli Sobchak, fue mentor de Putin. Los observadores señalan que puede haber cambios en la cúpula del gobierno ruso. Consideran, sin embargo, que con toda probabilidad el próximo primer ministro ruso será nuevamente Dmitri Medvedev, quien ya ocupó el cargo de presidente ruso de 2008 a 2012, y quien fue posteriormente nombrado primer minis-tro de 2012 hasta la fecha. Así la “Rusia de Putin I”, como algunos de sus detractores lo llaman, mantendría el status quo. “La intención del voto de los jóvenes rusos es un misterio, aunque ellos también son objeto de la propaganda gubernamen-tal”, reflexiona David Satter, antiguo corresponsal de The Finan-cial Times y quien en 2014 se convirtió en el primer periodista ex-tranjero expulsado de Rusia. “El resultado del voto es conocido ya por todos, pues Putin se está beneficiando del apoyo de todo su aparato, con lo cual sólo una alta participación puede dar esa sensación de que se trata de una democracia legitimada”, insiste Satter. Otro aspecto es la corrupción, que en Rusia ha empeorado significativamente desde las privatizaciones de los 90 y que en marzo de 2017 provocó inesperadas manifestaciones de protesta en decenas de ciudades de Rusia, revelando el hartazgo de la población que se considera afectada por la creciente desigualdad social y el deterioro de la calidad de vida. Los datos reflejan esa situación. De acuerdo con un informe de 2015 del Instituto Credit Suisse, el 10% más rico en Rusia mantiene en sus manos 87% de la riqueza del país, un porcentaje por encima del 76% de Estados Unidos y del 66% de China. Otro estudio, realizado VTB Capital, señala que 1% de la población posee 46% de los depósitos bancarios del país. Aun así, las protestas rusas del año pasado no acabaron bien: en junio pasado activistas y defensores de derechos huma-nos fueron arrestados. En diciembre, Alexéi Uliukáev, de 62 años y antiguo ministro de Desarrollo Económico, fue condenado a ocho años de prisión en un acto destinado a aplacar la rabia ciu-dadana. La celebración del Mundial de fútbol, programado para junio de este año, no ha tenido un efecto negativo en la población. Más bien lo opuesto. “Ha sido un factor más de consolidación del poder de Putin”, dice Kolesnikov. “No, no ha habido ninguna consecuencia. Los rusos están contentos con el Mundial. Eso es todo”, afirma Ga-leotti.

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