Elecciones EU 2020

Los estados de la discordia

Debido a las características del sistema electoral estadunidense, un puñado de estados indecisos podrían definir al triunfador de las elecciones presidenciales del próximo martes 3. En la recta final de los comicios, John Biden y Donald Trump se los disputan palmo a palmo.
lunes, 2 de noviembre de 2020

Washington (apro).- Era la 1:35 de la mañana del 9 de noviembre de 2016, cuando la noticia alcanzó a los seguidores de Donald Trump congregados en una banqueta de la Sexta Avenida, afuera de su fiesta electoral. Se difundió que había ganado el estado de Pensilvania. El júbilo de esa noche se transformó en emoción solemne ante el milagro: se tomaron las manos en círculo y comenzaron a rezar. No importó que ese estado hubiera sido ganado por solo 0.7%, ni que al contabilizar todos los votos del país su candidato obtuviera 3 millones menos que su contrincante.

En el sistema electoral estadounidense, que data del siglo XVIII, no prima el voto directo, sino el llamado Colegio Electoral. Los votantes no eligen directamente al presidente, sino a 538 delegados que componen el Colegio, y que están repartidos entre los estados en función de su población y del número de sus representantes en el Congreso. Es un sistema donde el que gana se lo lleva todo, sin proporcionalidad: tener la mayoría en un estado, aunque fuera por un voto, es ganar todos sus delegados, que a su vez elegirán el presidente siguiendo la mayoría que los votó.

Por ello la campaña presidencial en Estados Unidos ha sido descrita como una contienda estatal, más que nacional. Concentra todo su interés en algunos estados indecisos, que serán entre seis o una docena. Del resto de los 50 miembros de la federación (y un Distrito Federal), por lo general ya se a sabe qué partido favorecerán. La polarización de los últimos veinte años, acentuada por Trump, solo ha agudizado esa tendencia.

A los estados que definirán a los delegados aún por repartir, se les llama “swing states”, estados “columpio”, o en disputa. Ahí se concentra un 75% del gasto de campaña de ambos partidos, según el Brookings Institute.

La meta de Joe Biden y Donald Trump para este 3 de noviembre, es ser el primero en sumar 270 de los 538 delegados.

Los dos “cinturones” del voto

Dos regiones concentran los estados más disputados: una es la “Rust Belt”, como llaman al antiguo norte industrial y obrero que incluye Pensilvania (20 votos), Michigan (16 votos) y Wisconsin (10 votos), cuyo giro hacia los republicanos determinó la elección pasada.

La otra es la “Sun Belt”, como se llama a los estados del sur: Florida (29 votos), Georgia (16 votos), Carolina del Norte (15 votos), y Arizona (11 votos), tradicionalmente republicanos, pero cuyos cambios demográficos (como el aumento de las minorías) podrían acercarlos al Partido Demócrata.

Biden lidera las encuestas en casi todos estos estados, sin despegarse mucho del margen de error. Las tendencias en las dos regiones señalan los grandes cambios que están redibujando el mapa político estadounidense.

En la “Rust Belt” se juega el frágil realineamiento de una tradición política: la antigua columna vertebral de la coalición demócrata, obrera y sindicalista, que acusó al partido de ya no representarla, y optó por el “America first” de Trump. Así ganó Pensilvania, Michigan y Wisconsin -que no votaban republicano desde los años ochenta- por apenas 77 mil 744 votos.

“La baja participación de votantes hizo que Hillary perdiera esos estados, aún no se sabe con certeza qué grupo demográfico será decisivo ahora. Si serán más los votantes rurales, los blancos sin educación universitaria, o en cambio los afroamericanos”, dice Donald Green, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Columbia, autor de Sacar adelante el voto: cómo aumentar la participación de votantes.

La “Sun Belt” es, para los demócratas, la promesa de un futuro que no termina de concretarse, sitio de triunfos -en su momento- considerados como indicadores del cambio demográfico en los estados, y de dolorosas derrotas que los desmintieron.

Arizona, Carolina del Norte y Georgia, pese a su historia reciente, se consideran en disputa. Los dos primeros sólo han votado por los demócratas en una ocasión desde los años setenta, pero en ellos las encuestan dan la ventaja a Biden. En el tercero Trump gana en las encuestas por una mínima diferencia.

“Biden es competitivo en estados donde los demócratas no suelen serlo: su mapa electoral para llegar a 270 votos crece, mientras que el camino es mucho mas difícil para Trump”, dice Louis Caldera, quien fungió como secretario del Ejercito en la administración de Bill Clinton y director de la Oficina Militar de la Casa Blanca con Barack Obama. “Un presidente republicano obligado a hacer campaña en sitios tradicionalmente suyos, buscando votos al final de la elección, nos revela que Trump sabe que puede perder estados que debería tener en el bolsillo”.

Para los republicanos, el porcentaje que alcance su voto rural es decisivo, en particular en Georgia. Lo es en todos los estados el voto blanco sin educación universitaria, que conforma su base más sólida. Para los demócratas, será determinante el voto afroamericano en Georgia y en Carolina del Norte, el voto latino en Arizona, y el voto suburbano en los tres estados.

Florida representa la piedra angular de la reelección. Es el estado que –siempre al filo de la navaja– determinó la elección de George W. Bush en el 2000 por apenas 537 votos. “Traigan a Florida a casa y esto se acabó. No tendré que esperar al resto de los resultados”, dijo el expresidente Obama en Miami el 24 de octubre.

Votantes claves

La llamada “ola azul” del voto demócrata, les devolvió el control de la Cámara de Representantes en 2018: el voto afroamericano creció 11%, y el voto latino 13%, según el Centro de Investigación Pew. El tercer factor fue el veredicto de las mujeres. Tras perder en 2014 y 2016, esas tres demografías fueron la base de su victoria.

Según el Centro Pew, 82% de la comunidad afroamericana votaría por el Partido Demócrata. Representa un porcentaje significativo de los electores potenciales en los estados más disputados: 3.2 millones en Georgia (32%), 1.7 millones en Carolina del Norte (22%), 2.2 millones en Florida (14%) y 1 millón tanto en Michigan como Pensilvania (13% y 10%, respectivamente). El triunfo demócrata depende de lograr la movilización de la comunidad afroamericana. En 2016, su baja participación abrió la puerta a Trump.

“La participación afroamericana en 2016 fue bajísima en la parte alta del medio oeste (que incluye la 'Rust Belt'), menos del 55% de los votantes registrados”, dice Green. “El punto de inflexión puede ser la nominación de Kamala Harris como vicepresidenta, que aumenta su credibilidad en la comunidad negra. Queda por ver si funciona”.

La nominación de Harris: afroamericana y de ascendencia asiática, fue también una apuesta por el voto femenino. En 2016, más del 90% de las afroamericanas votaron por Clinton, según CNN. El voto femenino en los suburbios de los estados en disputa será clave. El apoyo a Biden es 23% mayor que el de Trump.

“Mujeres suburbanas, ¿podrían quererme un poco? Por favor, salvé sus malditos vecindarios, ¿de acuerdo?”, espetó el presidente el 13 de octubre.

La fortaleza del voto femenino demócrata incluye a las latinas. El 73% de las registradas dicen que lo harán por Biden, según el Centro Pew.

“Las jóvenes votantes latinas son la esperanza, están conscientes del riesgo, y tienen una visión más comunitaria. En el partido se ha hecho un esfuerzo por su voto, puede ser decisivo, y determinar el de sus familias”, dice Caldera.

Ellas son sólo una parte de un voto latino diverso, de afiliación variable, y que según encuestas tiende a demostrar un menor interés por votar.

“Los hispanos son fundamentales para los demócratas en Arizona y Nevada, en Pensilvania hay medio millón de votos puertorriqueños, pero si no logran sacarlos a votar, no puede darse nada por ganado”, dice Caldera. “Hay muchos latinos con derecho al voto, o registrados, pero votan de forma irregular”.

Trump también tiene posibilidades de ganar una parte importante de este voto. Según el Centro Pew, más de un tercio de los hombres latinos lo prefieren.

“Los hombres latinos sin educación universitaria se están comportando de forma parecida a su equivalente entre los votantes de Trump, a los blancos con el mismo nivel de estudios”, explica Caldera. “Comparten empleos con esos votantes blancos, son compañeros, y escuchan juntos las mentiras de Trump”.

Para el presidente, el voto latino se resume a Florida, que ganó por 1.2% hace cuatro años. Los latinos representan el 17% del estado. Son el 58% de votantes registrados en Miami-Dade, el condado más poblado. Trump podría ganar, por la mínima, el voto latino del condado. Su fortaleza radica en la preferencia de voto del 69% de los cubanos-americanos, según el diario Miami Herald.

“El camino hacia la victoria republicana en el estado depende en gran parte del voto hispano en el condado de Miami-Dade, específicamente el de los venezolanos, los cubanos y la comunidad nicaragüense, quienes saben perfectamente de qué se trata la agenda socialista de los demócratas y por ello apoyarán a Donald Trump”, dice Peter Feaman, Miembro del Comité Nacional del Partido Republicano de Florida.

Para Caldera, esta retórica no funciona: “Trump ha querido pintar a Biden como un peligro: es un socialista que va a quemar nuestras comunidades, pero la gente no le cree”.

De puerta en puerta

“Covid es un arma de doble filo para los demócratas”, explica Green. “Socavó la presidencia de Trump, pero en este momento representa un dilema para los demócratas. Les impide salir a las calles a buscar votantes, para no ponerlos en riesgo”.

Green afirma que la forma más eficaz para movilizar al electorado es el contacto personal de puerta en puerta. Debido la pandemia el equipo del campaña de Biden decidió no hacerlo. Tampoco mítines masivos. El Partido Republicano optó por no realizar cambios en su estrategia.

“Nuestra victoria se decidirá en el terreno, nuestra gente en el estado ha tocado puertas por el presidente Trump, saliendo a conocer gente, no como el vicepresidente Biden que anda escondiéndose en un sótano. Esa es la diferencia”, dice Tom Schreibel, Miembro del Comité Nacional del Partido Republicano de Wisconsin.

Para Green, podría salir perjudicado el partido que sí consideró la realidad de la pandemia: “No hacer campaña de puerta a puerta a gran escala, impactará a los demócratas. En 2018 un ejército de personas salió y se organizó. Eso les dio la ventaja”.

Pese a las limitaciones de la campaña demócrata, los errores de la administración Trump ante la pandemia, y su tan alto costo humano y económico, son el principal argumento en su contra.

“Cuando un candidato es el mandatario, las elecciones son un referendo de su desempeño. Trump falló: más de 200 mil muertos, 9 millones de infectados, decenas de millones de desempleados, 10 millones perdieron su seguro de salud”, dice Caldera. Pero prefiere ser precavido: “Trump no es muy popular, y de ahí la ventaja de Biden en las encuestas. Pero quienes recordamos 2016 estamos luchando por cada voto, como si estuviéramos detrás y no en la delantera. No sabemos que sucederá el día de la elección”.

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