Un adúltero americano

lunes, 8 de noviembre de 2010

Los presidentes más apreciados por la gente en Norteamérica, según repetidos sondeos realizados por la prensa, son Abraham Lincoln, Franklin D. Roosvelt y John F. Kennedy. El atractivo provocado ha llevado a la creación de monumentos, museos, biografías, ensayos, cómics y, por el afán consumista de esa nación, a la producción de mercancías bizarras, como llaveros, destapa caños, abrelatas, trajes de baño, pantaletas y sostenes, entre otros.

Todo ello para manifestar la “admiración” por esas autoridades que en tiempos difíciles supieron expresar las intenciones cabales de los ciudadanos. En el caso particular de John F. Kennedy, la literatura que se ha creado es copiosa, hay textos sobre su vida familiar, militar, colegial, descripciones de sus viajes, aficiones, gustos culinarios, labores como senador, presidente… etcétera. Hoy aparece una nueva obra que se suma a ese caudal: la novela de Jed Mercurio titulada Un adúltero americano (Ed. Anagrama. Col. Panorama de narrativas. No 761. Barcelona, 2010, 361 pp.).

La narración se ubica en el momento de la elección de JFK como presidente en 1960 hasta el día de su asesinato el 22 de noviembre de 1963. Relata la posición que sostuvo frente a la crisis con Cuba y la URSS, el impulso otorgado a los derechos civiles de los afroamericanos y el logro de la firma del tratado sobre la prohibición de pruebas nucleares, así como el apoyo que dio al proyecto de llegada del hombre a la Luna. En este contexto, Jed Mercurio intercala las numerosas aventuras extraconyugales, que fuentes fidedignas le atribuyen sin verificar, con secretarias, asistentes, amigas, admiradoras, artistas y prostitutas.

Para Mercurio, JFK era una de esas personas que encuentran placer en la posesión de varias mujeres. La pulsión los lleva a seducir continuamente para lograr no sólo una satisfacción sexual, sino la jactancia de su opresión sobre otro. La falta de alguien a quién subyugar los hace sentir incompletos, por lo cual continuamente buscan conquistar. Cuando no lo logran se deprimen o enferman. El vigor también los impulsa hacia la política porque en ella se puede dar el dominio sobre uno o muchos individuos.

Así, existe una tendencia en los adúlteros a volverse sátrapas de un grupo, pueblo o país. En el caso de JFK sublimó, en algunos aspectos, dicha fuerza con una conciencia política, centrada en la aceptación de la diferencia y en una condena de la violencia para su país, no así con las demás naciones que siguieron sufriendo la arbitrariedad estadunidense.

Un adúltero americano centra en demasía su atención en la vida sexual de JFK y en ciertos momentos la convierte en un libelo. También excluye de la historia a su hermano Robert, que fue el fiscal general en su gobierno, y a varios familiares más que tuvieron un papel central en su vida. Los excesos eróticos y omisiones de la narración la acercan más a un artículo de revista del corazón o rosa que a una novela.

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