El olvido del sur

lunes, 9 de agosto de 2010

Este libro acerca de la migración centroamericana en México de paso para los Estados Unidos no requiere de introducción alguna. Los hechos que narra tienen la contundencia inexcusable de la barbarie. 

En la frontera de México con Guatemala se vive la cotidiana liquidación de la persona, igual que en un campo de concentración. La sodomía, el asesinato, la tortura, la amenaza sistemática, la separación de hombres y mujeres que se aman, la explotación de los niños, el desprecio por los bebés, que “ya tienen edad para morir”. 

Aún antes de que terminara la primera mitad del siglo pasado, México había vuelto la espalda al sur del continente. Volcados nuestros gobiernos a los Estados Unidos, vieron en la pujanza del país vecino su propio porvenir. Olvidaron el dato esencial en esta entrega de nuestra economía y nuestra política al Tío Sam: los Estados Unidos viven la democracia al interior de la nación y el imperialismo hacia el exterior. Son explotadores de la riqueza ajena. Y ahí sucumbimos nosotros, cegados por un sol blanco. 

Declaraciones van y vienen y en todas ellas el gobierno de Felipe Calderón, como todos los anteriores desde Miguel Alemán, claman por un trato justo a nuestros compatriotas. Hace tiempo padecimos el trato indigno a nuestros braceros, fuerza de trabajo barato en los campos estadunidenses. Ahora ya ni eso. Asistimos a los asesinatos de los guardias fronterizos de los Estados Unidos. Caen los mexicanos, a veces en racimos, y los sobrevivientes de este éxodo que va de regreso nos cuentan sus desgracias con todos los matices del rojo sangre y el ocre tragedia, dolor. 

Experiencias tan contrastadas, el olvido del sur y la fijación paranoica en el norte, debieran obligarnos a mirar nuestra política exterior de otra manera y dar un paso, un vistazo limpio a un problema que hace trizas el evangelio laico de los derechos humanos.

 

Un adelanto del libro aquí:

http://www.proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/80935

 

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