El SIDA paulatinamente adquiere características de enfermedad crónica

viernes, 29 de noviembre de 2002
Ver fotogalería En la XII Conferencia Mundial sobre SIDA, celebrada en Ginebra del 28 de junio al 3 de julio de 1998, se señalaron las enormes dificultades de los pacientes con VIH/Sida en países en desarrollo para obtener los medicamentos antirretrovirales que han ido frenando con éxito la expansión de la epidemia en Estados Unidos y Europa Si bien el balance de esta Conferencia no fue particularmente alentador, por la distancia que separa de una vacuna eficaz, y por las resistencias de un número de personas infectadas a diversas combinaciones de los fármacos antisida, los hechos auspiciaban en esa época cierto optimismo: el número de infecciones nuevas en Europa occidental pasó de 23,954 en 1995 a 14,874 en 1997, lo que representó un descenso de 38% y en Estados Unidos, únicamente en 1997, se registró un baja de casi 10% de los nuevos casos Esto se explicó en parte por las medidas preventivas adoptadas desde los años ochenta por las comunidades homosexuales (muy activas en Norteamérica y Europa), y por el porcentaje cada vez más elevado entre los jóvenes del uso regular del condón Durante la Conferencia, el doctor Bernard Hirschel, del Hospital Cantonal Universitario de Ginebra, señaló que cada año se infectaban millones de jóvenes: "Para ser más precisos, 10 millones de casos nuevos desde que nos reunimos en Vancouver hace dos años" De esos millones, 90% se ubicaba en países en desarrollo, con un incremento espectacular en las naciones del Sudeste Asiático, en la India, en China, en África Subsahariana, América Latina y Europa central Hace dos años el promedio registrado era de 7,500 infecciones diarias en el mundo; hoy, la cifra se eleva a 16,000 Sólo en 1997 el avance de la epidemia se tradujo en una cifra de 58 millones de nuevas infecciones y 23 millones de muertos Ante este panorama desolador, y ante los enormes contrastes entre los recursos de las naciones ricas y los países en desarrollo, en la XII Conferencia Mundial sobre SIDA se señaló reiteradamente que las costosísimas combinaciones antirretrovirales jamás podrán constituir una panacea a nivel mundial, como tampoco lo sería, en el corto o en el mediano plazo, una vacuna ideal, sobre todo cuando aún no se sabe si es verdaderamente eficaz su experimentación en animales En algo sí estuvieron de acuerdo los asistentes a Ginebra: las principales acciones preventivas tenían relación con la modificación de las prácticas sexuales de riesgo y con una incansable labor de información dirigida prioritariamente a los jóvenes Las infecciones nuevas en México En México la situación era también preocupante En 1996 y 1997 se registraron miles de infecciones nuevas que afectaron de manera especial a homosexuales, bisexuales y personas muy jóvenes Aumentó también la incidencia del SIDA en madres embarazadas, en usuarios de drogas y en niños de calle De estas infecciones la mayoría fueron evitables En el caso de las seropositivas embarazadas, incrementaron los casos de transmisión viral de madres a hijos por no disponer éstas durante el embarazo y el parto de terapias basadas en AZT Lo que es una realidad es que las autoridades de Salud podrían evitar esta infección perinatal en más de 60% ciento de los casos, pero muchas veces, con tal de no asumir los costos del tratamiento preventivo, prefieren no informar a la madre de esta posibilidad terapéutica En numerosos centros de salud, sobre todo regionalmente, aún existe una gran desinformación respecto al VIH/ SIDA y los tratamientos adecuados en cada etapa del padecimiento A gran cantidad de pacientes seropositivos los atienden médicos sin preparación suficiente en materia de infectología, que al no recetar los medicamentos adecuados provocan resistencias a los fármacos y muy serios efectos secundarios que podrían evitarse Algo más grave aún, al recetar sin la dosificación adecuada, que suele ser muy estricta, los medicamentos antivirales generan resistencias que permiten al virus mutar fácilmente y volverse más incontrolable Y es desastrosa la interrupción de los fármacos, ya sea por desabasto en los centros de salud o por negligencia del paciente A pesar de ello, en muchos hospitales públicos, sobre todo regionales, los pacientes cuentan irregularmente con una administración oportuna y continua de los medicamentos necesarios, así haya quedado estipulada en el Diario Oficial de la obligación del gobierno de proporcionar dichos fármacos En diversos estados de la República se acrecienta el desabasto de medicamentos y la falta de atención oportuna y profesional a los enfermos de SIDA, particularmente a los que se hallan en fase terminal En Yucatán, Guerrero, Aguascalientes, Querétaro y Michoacán, se han reportado anomalías graves, que van de la negligencia de no procurar a los pacientes con SIDA de un medicamento contra el citomegalovirus, el Ganciclovir, sin el cual puede sobrevenir rápidamente en ellos una ceguera parcial o total, al comercio ilegal de medicamentos antivirales por parte de médicos que omiten mencionarle al paciente que su tratamiento es responsabilidad del Estado El exgobernador de Chiapas, Manuel Velasco Suárez, justifica así la negativa a proporcionar medicamentos: "No hay medicamentos que sirvan Si éstos existieran, yo diría que es obligación de la sociedad proporcionarlos a todos Pero ninguno sirve Los que hay son sólo para aliviar algunos síntomas pasajeramente Por desgracia, el que ya tiene SIDA tiene una enfermedad mortal y hay que ayudarlo, humanamente, con todos los recursos existentes, pero resultaría hasta inmoral estarle dando medicamentos muy caros, si no van a servir para nada" (Reforma, 27 de noviembre, 1997) Este tipo de actitudes auspiciaron en provincia la expansión de la pandemia, la falta de atención médica a los campesinos y las esposas de migrantes que se infectan En las catástrofes naturales en Oaxaca o Guerrero, los enfermos de SIDA se han visto totalmente desprotegidos, pues rarísima vez es prioridad de las autoridades de salud asegurar la continuidad en el abasto de medicamentos indispensables para su sobrevivencia En ese entonces se presentó en Aguascalientes el caso de una doctora del IMSS que, entre una variedad de medicamentos inhibidores de la proteasa, decidióe utilizar para todos los enfermos con SIDA uno solo, el Indivanir, muy agresivo y no recomendado para pacientes con historial de padecimientos renales Esta decisión afectó a enfermos que podrían tolerar mucho mejor otro tipo de fármacos (Saquinavir o Ritonavir) y que se ven así condenados a tratarse de una forma tal vez contraproducente para su salud Igualmente, la carga de medición viral que aplicó la doctora no estaba validada por la Secretaría de Salud, lo que supuso un gran riesgo de inexactitudes en el diagnóstico final y en el tipo de tratamiento recomendado La situación en los reclusorios del país no es menos preocupante De casi 15,000 internos en las penitenciarias del Distrito Federal, 43 de ellos han sido diagnosticados como seropositivos, y de la población total de reos, 60% no recibe visitas íntimas, lo cual favorece la promiscuidad y los riesgos de contraer enfermedades de transmisión sexual, incluido el SIDA Es urgente una reglamentación en reclusorios que intensifique las labores de prevención, las pruebas de detección del VIH, y el acceso oportuno a las terapias más avanzadas para los pacientes, sobre todo en los reclusorios de provincia donde existe una gran desinformación La obligación constitucional En Proceso (5 de julio de 1998), el doctor Alejandro Cravioto Quintana, director de Fonsida, hizo un señalamiento muy delicado: "El gobierno tiene la obligación constitucional de ayudar a la gente a mantener la salud, pero no necesariamente a dar medicamentos gratuitos a ningún grupo con un padecimiento especial" A sus imprecisiones (¿a qué grupos se refiere, cuáles son los padecimientos especiales?), la declaración añade un enigma: ¿cómo justifica un servidor público el negar medicamentos gratuitos, sobre todo cuando la vida del paciente depende de su administración oportuna? Esto en el caso de cualquier enfermedad Durante largo tiempo prevaleció una idea: el SIDA es una enfermedad mortal, y su diagnóstico equivale a una sentencia exterminadora Desde la presentación de las nuevas terapias antivirales en la Conferencia Mundial sobre SIDA en Vancouver, en 1996, se demostró que el SIDA era un padecimiento muy controlable cuando los medicamentos se administraban con regularidad, sin interrupciones, y con un seguimiento profesional responsable El SIDA ya no es la fatalidad absoluta y paulatinamente adquiere las características de una enfermedad crónica, no muy diferente a la diabetes o a los padecimientos cardiovasculares Quienes continúan viendo en el SIDA un proceso irreversible o un castigo divino, rechazan las evidencias de los informes europeos y norteamericanos que hablan de miles de camas vacías en hospitales, ocupadas antes por enfermos de SIDA, disponibles actualmente para pacientes con otras enfermedades Las personas seropositivas pueden reducir significativamente sus estancias hospitalarias, retornar a sus actividades laborales, seguir en casa sus terapias, y reintegrarse a la vida activa, con un periodo de sobrevivencia que rebasa los diez o los quince años, en contraste con los fatídicos cinco años límite, regla común hasta hace poco El llamado Síndrome de Lázaro, síndrome de resurrección y sobrevivencia, se ha dado también en México, pero lo obstaculizan precisamente la falta de voluntad moral y política de las autoridades de salud, y las embestidas constantes de los grupos conservadores Estos últimos concentran su beligerancia en la descalificación sistemática del condón y de las campañas preventivas, aunque ya también censuran que se "gaste con exceso" para atender sectores vulnerables que, a su juicio, tienen en la enfermedad su justo merecido por conductas reprobables Las múltiples declaraciones de Jorge Serrano Limón, José Barroso Chávez y del arzobispo Norberto Rivera, entre otros, contra el condón, se proponen acentuar la marginación y desprotección de los enfermos, bajo un supuesto: la abstinencia y la monogamia de parejas unidas ante Dios constituyen la única protección real contra el SIDA, y el Estado sólo debe proteger a quienes observan esta regla y nunca a sus infractores De acuerdo con esta lógica conservadora, promover el uso del condón significa legitimar las conductas impropias, aceptar la existencia del pecado, y destinar recursos públicos a la atención de enfermos culpables de su propia suerte; es hacerle pagar al contribuyente los costos de la disipación moral "Síndrome de Titanic" En Proceso, el doctor Cravioto, director del fideicomiso encargado de atender la situación de los enfermos de SIDA que carecen de seguridad social, pareció no entender muy bien lo ya conocido como "Síndrome de Titanic", es decir, la marginación de los grupos más afectados por la epidemia (homosexuales, bisexuales, migrantes, sexoservidoras, usuarios de drogas) en beneficio de las mujeres y los niños, que reciben todo el apoyo de la institución No comprenderíamos la necesidad de optar entre un sector y otro como si fueran excluyentes El apoyo que merecen mujeres y niños, imprescindible, no disminuye la urgencia de atender a la población vulnerable que representa más de 80% del total de personas infectadas Es insostenible sugerir, como lo hace el doctor Cravioto, que la población aún no comprende la gravedad de la epidemia Afirmó: "Cuando podamos convencer a la sociedad de que éste es un proyecto bueno para todos, que todos, y no sólo los homosexuales, como se pensó en un principio, estamos en riesgo, creceremos para apoyar a quienes no tengan recursos para medicinas o acceso a los servicios de seguridad social, sea niño o adulto" ¿Debemos entender que es legítimo dejar morir a miles de pacientes en espera de que la sociedad pierda su virginidad, alcance la madurez y esté dispuesta a aceptar que los homosexuales y las sexoservidoras también son seres humanos? ¿Aceptará el doctor Cravioto las cifras de Conasida que señalan que más de 70% de la población infectada son hombres que tienen sexo con otros hombres? La insensibilidad ejercida por el doctor Cravioto es similar a la que, desde el inicio de la epidemia, obligó a la comunidad homosexual a ocuparse de su propia suerte, a desarrollar modelos propios de organización social que incluían la prevención de enfermedades, la promoción del condón, la información comunitaria, las redes de asistencia médica y asesoría psicológica, y a convertirse en la vanguardia evidente de la lucha contra el SIDA La historia es conocida Al declararse la epidemia del SIDA, a lado de la comunidad gay existente, las personas seropositivas necesitaron construir otra, paralela, de personas afectadas por el virus Y en esta comunidad se confundieron las preferencias sexuales y las biografías de comportamientos riesgosos; el homosexual convivió con el ama de casa infectada, y la prostituta con el heroinómano o con las personas con hemofilia Una extraña fraternidad surgió entre quirófanos, pasillos de hospital y salas de espera en clínicas especializadas Esto alteró los paisajes conocidos y las viejas estrategias de lucha por los derechos civiles Por primera vez surgieron asociaciones de enfermos que pugnaban por una mejor calidad de vida, por el derecho a la salud y por el libre acceso a medicamentos extremadamente onerosos Esta voluntad de lucha se opone a la falta de voluntad política y moral del gobierno, a la homofobia apenas disimulada de los tecnócratas de la salud y a los continuos embates de la ultraderecha También se opone a los afanosos cazadores de foros públicos en donde poder difundir falacias destructivas (el SIDA no es una enfermedad infecciosa, el sexo protegido es un atentado contra el placer), en donde poder auspiciar la confusión entre la época dorada de libertades sexuales y el ingreso anticipado a las funerarias El desprecio a la vida y la intolerancia son males que se añaden a las devastaciones del virus (Proceso 1132/ 13 de julio de 1998)

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