Desde su butaca de la celebridad, María Félix juzga a todos los presidentes

lunes, 8 de abril de 2002
María Félix fue condecorada en noviembre de 1996 por el gobierno francés con la Orden de las Artes y las Letras, en el grado de comandante En esa ocasión fue entrevistada para la revista Proceso, por el reportero Miguel de la Vega, y habló de ese homenaje, de la muerte de su hijo, y de los presidentes A continuación se reproduce aquella entrevista: A María Félix no se le tocaba La Doña tenía que salir siempre vencedora de cualquier contienda, de cada entrevista, de todos los ruedos En noviembre de 1996, recubierta de oro, resplandecía desde el fondo de un luto riguroso Hablaba mientras sus dedos, largos y autoritarios, recreban en el aire las palabras María Félix defendió a la virgen de Guadalupe y fustigó a la Iglesia como enemiga de México, calificó de traidor a Carlos Salinas de Gortari, recordó su infancia, desdeñó el llamado nuevo cine mexicano, lamentó la falta de un líder en la Presidencia y se condolió del dolor de la pobreza: "Mi pueblo sufre y sufre porque le han quitado la fe No tiene gobernantes; no se siente gobernado Y cómo no se va a sentir mal la gente Los pobres, muy pobres, a ellos, ¿qué les quitan? Siempre han tenido hambre Los de la clase media son los que han sufrido más, usted lo sabe Antes podían comprarse un coche, comprarse una casita Ahora no pueden No pueden" Era María Félix en el papel de María Félix El honor Hegel, entre Tres Picos y Campos Elíseos, en el corazón de Polanco La estancia, una recargada mezcla de estilos que da sustento al ambiente digno de una diva: muebles de tapicería bordada y madera tallada con barniz de oro, tapetes persas, un reloj francés de pie de dos metros de altura tapizado de concha nácar, taburetes, candiles, fotografías, lámparas de pantalla, un diván inglés con forma de dragón y cojines azules Estaban algunos de los retratos que le había hecho su compañero Antoine Tzapoff, de Leonora Carrington, de Leonor Fini No se veía el retrato de Diego Rivera por ningún lado María Félix apareció vestida de negro No dio la mano Su voz, grave, de leyenda, reclamó: "Nunca me dijeron que vendrían con fotógrafo No estaba preparada" Pero la altivez de sus cejas y la sonrisa burlona la delataban: la castaña cabellera estaba sujeta con sus tradicionales peinetas de carey De su cuello colgaba un cordón que sostenía una figura blanquiazul Serpientes doradas se ensortijaban en cinco de sus dedos Portaba un par de arracadas dobles, también de oro En la solapa llevaba una pequeña bandera mexicana y en el tobillo izquierdo, debajo de la media, sobresalía una pulserilla con dos corazones En su muñeca izquierda, tres pulseras de oro macizo ostentaban tres palabras escritas con diamantes: "Doña", "María" y "Puma", esta última, dice, "por dócil" La actriz recibió a Proceso para hablar sobre la condecoración que le acababa de otorgar el gobierno francés: La Orden de las Artes y las Letras en grado de comandante, la más alta distinción que rinde Francia a sus ciudadanos y a extranjeros El único otro mexicano que la ostenta es el Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz Según Olivier Bove, ministro consejero de Prensa de la embajada francesa en México, la orden se entrega a personalidades del mundo cultural, como agradecimiento por su labor en la promoción de la cultura francesa Explicó que esta condecoración, creada en 1957, tenía tres niveles: oficial, caballero y comandante Carlos Fuentes, de acuerdo con la embajada, tiene el grado de oficial El ascenso dentro de ellos corresponde a iniciativas del Ministerio de Cultura francés Aunque el nombramiento lo firma el ministro de Cultura, la decisión corresponde exclusivamente al presidente de la república francesa Esta condecoración le sería entregada a María Félix el martes 12 de noviembre en la Casa de Francia, en una ceremonia encabezada por el embajador Bruno Delaye Al momento de la entrevista, el rostro de María Félix capturó toda la atención Se sentó en la terraza La pierna cruzada Las cejas perfectamente delineadas Sus manos reflejaban sus 82 años Se apoderó de la escena, estaba en su papel Se representaba a sí misma en cada frase, en cada mirada Engatusaba con respuestas a medias y seducía con esa franqueza que decía poco "Siempre me ha gustado tener lo que nadie tiene", reconoció María y se ufanó: "Usted se imagina: a una mujer de Alamos el gobierno de Francia le manda su más alto reconocimiento, ¿no le parece bonito? La plata de Alamos brilla mucho más ahora La plata de Alamos está reluciente" Y aunque aceptó que no era nada "modestona", María Félix aseguró que dicha distinción era, sobre todo, para que el pueblo de México sonriera, "que sienta que no todo son penas; me refiero a los más necesitados, a los que nada tienen, a los que nunca han tenido", porque "los ricos no necesitan de sonrisas" -Dice usted que el pueblo de México sufre, ¿por qué sufre México, María? La Doña se creció a la pregunta, alzó la voz e imitó burlonamente la pregunta del reportero: -"¿Por qué sufre México, María?" Cómo no va a sufrir: le han quitado la fe Dijo que ve a la gente en las calles "sin apoyo, como sueltos, como perdidos" Afortunadamente, consideró, "tienen a la virgen de Guadalupe" -¿Usted cree en la virgen? -Ay, pero qué cosas dice -respondió ahogando la carcajada- Yo no creo en la virgen Ni usted tampoco ¿verdad? Cómo voy a creer en la virgen Nosotros no lo necesitamos Pero hay gente que sí necesita creer en algo -Pero cuando las mujeres priístas le rindieron un homenaje el 14 de agosto, usted pidió aplausos para la Malinche, para Sor Juana y para la Guadalupana Hasta criticó al abad Schulenburg por negar a Juan Diego y las apariciones -La defendí porque el abad metió en chismes a la virgen ¿Usted ve eso bien, que alguien meta en chismes a la virgen? Yo nunca había visto eso Yo no fui a hablar de política ni de nada con los del PRI Ahí dije que el abad había metido en chismes a la virgen y que ya estaba pidiendo perdón -De hecho ya se fue de la basílica -Ya pidió perdón y ya se fue le eché la malaria No pensaba irse Más bien la cosa de la basílica es una cosa política Hay que ver la cantidad de dinero que entra de limosnas -Según el abad, son como 15 millones de pesos al año -Según el abad, según el abad vamos a creerle al abad Mire, yo no estoy por la Iglesia, porque la Iglesia es uno de los principales enemigos de este país ¿Por qué? Porque la Iglesia necesita pobres, no necesita ricos Y la gente de abajo necesita fe Necesita creer en la virgen, necesita creer en algo Para María Félix no sólo México, sino el mundo entero, andaba mal Algo, dijo, le hace falta "Será que los gobernantes han cambiado, será que nosotros hemos cambiado No sólo los mexicanos, todo el mundo Será que todos hemos cambiado Cambiado para mal, claro" -¿Cómo era antes? -Sí, claro, como todo el mundo me cree centenaria, usted me pregunta para que yo me remonte a la prehistoria -No diga eso -Cómo era antes: estábamos más tranquilos, había menos hambre, había más confianza, la gente creía, los mexicanos hemos creído siempre, ahora ya no -A usted le tocó vivir una época gloriosa de México -Gloriosa no, estamos exagerando -Pero usted misma se ha quejado de que ya no hay las figuras que había en su tiempo -No, no las hay por eso todo el mundo me adora, porque no les ha salido otra como yo Todos se fueron, todas se fueron La única que queda para el muestrario soy yo -Por ejemplo, en el campo de la política ya no hay aquellas luminarias -Un líder -Un Lázaro Cárdenas -O un Alvaro Obregón Uno de estos pesados, con amor al país, con ganas de ayudar -¿Y qué me dice de la vida social de los cincuenta, en comparación con la de ahora? No existe, por decir algo, un lugar como lo que fue el Regis en su momento -Estaba Agustín Lara, estaba yo, estaba Toña la Negra había un ambiente en la Ciudad de México diferente Ahora la gente tiene miedo, no sale de noche porque la inseguridad no lo permite Qué quiere decir eso: el mal comportamiento que tiene el gobierno con el pueblo, con la gente pobre El que sale a robar, lo hace porque tiene hambre, algunos -Y este mal comportamiento, ¿no ha sido siempre el mismo? -No -respondió con un susurro Aunque alguna vez dijo que su ilusión había sido llegar a la Presidencia de México, María Félix renegó de la política, a la que veía como "un gran espectáculo en el que hay buenos y malos actores", de los cuales ninguno le gustaba Desde su butaca privilegiada por la celebridad, la Félix conoció de cerca a la mayoría de los personajes del poder, incluidos los presidentes La mayoría de ellos había salido de escena Y ella seguía aquí El primero en la lista es Miguel Alemán Valdés, a quien en aquella época se le señaló como amante de la actriz "Era un hombre con gran carisma, era un hombre inteligente, con un charm increíble Así como él era, su gobierno tenía un ambiente esplendoroso" -Pero ese esplendor se construyó con la más cínica corrupción -Yo no sé si era corrupto, pero lo que sí sé es que la gente estaba contenta Que es algo que no pasa ahora -¿Cuándo se perdió esto? -Yo no puedo decirlo exactamente, porque casi no vivo aquí -Usted ha conocido, desde entonces, a todos los presidentes de México, cómo los ha visto Qué me dice de Adolfo Ruiz Cortines -Lo conocí someramente, no fui su amiga Era un viejo, y a mí los viejos no me gustan -Adolfo López Mateos -Le decían el presidente caballero -Gustavo Díaz Ordaz -Me parece que era un tipo con un físico muy ingrato, pero era muy inteligente En el horrible momento de Tlatelolco hizo lo que tenía que hacer para tener al país en paz ¿Y por qué tengo que hablar siempre de presidentes, le parece muy divertido? -Ya vamos a acabar ¿Luis Echeverría? -Era un transa como todos y López Portillo fue el que nos hundió completamente Dígame usted si no No hemos tenido quién nos lleve a estar tranquilos -María, los tecnócratas: De la Madrid, Salinas y Zedillo -Es Harvard, es Cambridge, son aristócratas del talento nos tienen hechos polvo María Félix veía como algo natural que los presidentes dejaran el cargo mucho más ricos que cuando lo tomaron, pero en el caso de Carlos Salinas, "se llevó el país entero" El 11 de diciembre de 1989, al recibir la presea "Ciudad de México", María Félix le dijo a Salinas: "La ciudad me premia y yo lo acepto, y en manos de usted, señor presidente, es un gran honor para mí" Seis años después, acusó al exmandatario de traidor porque "dejó este país vendido al extranjero" De niña Su primer recuerdo fue junto a sus hermanos, montando a caballo Eran seis hombres y seis mujeres "Mi madre me concedía algunos privilegios como no ponerme la ropa que dejaban mis hermanas mayores No me gustaba usar ropa usada Mi mamá tenía bajo su férula a algunos de nosotros porque no podía con todos Mis hermanas mayores la ayudaban, cada una se hacía cargo de algunos de nosotros Yo siempre estuve bajo la guía de mi mamá" Su padre era hombre cercano a Alvaro Obregón, quien lo hizo jefe de la oficina federal de Hacienda de Mazatlán, luego de Guadalajara, posteriormente en Chiapas Su madre estaba a punto de ordenarse como monja cuando en unas vacaciones lo conoció y se casó con él Narró María que su padre era "muy guapo, pero muy duro", por lo que su madre, a escondidas, la aleccionaba para que pudiera defenderse de él "Yo le decía que cómo era posible que un señor tan grande, de bigototes, le hablara tan fuerte a una niña como yo El se desconcertaba mucho al escucharme hablar como adulto Nunca supo que mi madre era quien me enseñaba Nunca me gustó estar bajo la bota de un señor que me mandara Por eso cuando me casé, me divorcié lo más pronto que pude" En la evocación de su infancia, por primera vez en la entrevista María jaló las riendas de esos recuerdos y se resistió a entrar en detalles Prefirió las generalidades Omitió el suicidio de su hermano Pablo, de quien fue separada a causa de una relación incestuosa, como ella reconoció en su autobiografía, y calificó posteriormente ante la televisión como un "incesto platónico, con toda la pureza debida" -¿Alguna vez pensó en ser monja, como lo iba a ser su mamá? -¿Yo monja? -y la carcajada elimina cualquier duda de su negativa- Creo que no hubiera tenido aptitud A María le divertían sus desplantes de agresividad Se sabía avasalladora y así se desenvolvía Seguía siendo el personaje de sus películas, en las que siempre se representó a sí misma, a la mujer con espíritu de hombre No obstante, cuando se le preguntó a quién le heredó ese carácter que ya se confunde con el mito de tal forma que no se sabe si María es verdaderamente tan dura o sigue en su papel, jugó a hacerse la desentendida: "¿Y que carácter cree que tengo yo? No soy dura, soy de verdad siempre Le voy a decir una cosa: mi cocinero estuvo conmigo 40 años, ¿usted cree que si lo hubiera tratado mal se habría quedado tanto tiempo? Yo creo que soy a todo dar" De amores y dinero Ya divorciada de Enrique Alvarez, María Félix inició su carrera como actriz Debutó en 1942 en El peñón de las ánimas, al lado de Jorge Negrete, quien años después de pleitos y desencuentros se convertiría en su marido Antes, se casó con el músico-poeta Agustín Lara, de quien dice que "mucha gente lo veía feo, yo no le veía nada de feo Era todo un hombre Tenía una manera, una voz para decir las cosas" En 1956 se casó con Alex Berger, un acaudalado industrial francés En 1970, con La generala, María Félix acabó su carrera cinematográfica, con lo que puso fin a una carrera en la que realizó 47 películas Entre ellas: Doña Bárbara (de donde surgió su famoso apelativo), La Cucaracha, Tizoc, La Bella Otero y French Can-Can, por la que el director Jean Renoir la calificó como "la mujer más bella del mundo" Apartada de los reflectores, el mito de su personalidad se acrecentó María Félix residió en París, al lado del pintor Antoine Tzapoff, quien le llamaba dos veces al día desde Francia -María, ¿ha sido amada? -¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Acaso salió usted de la lluvia sin saber nada de mí? -Porque lo sé se lo pregunto -Por ahí hubiera empezado Mire, nada más un ejemplo: María bonita Esa canción es un regalo eterno que me hizo Agustín Lara "Siempre he tenido trabajo, pero siempre he tenido un amor Nunca he estado sola Puedo vivir sola, pero siempre tengo una gente que me quiere La presencia masculina en mi casa es indispensable Jamás me ha perjudicado Yo trabajaba y estaba casada En el caso de Antoine, él se asume solo, sus pinturas se venden, tiene su vida Llevamos ya 15 años juntos" María Félix dijo que no le gustaban las entrevistas porque consideraba "muy pesado" hablar de sí misma, además: "Qué me puede preguntar que no me hayan preguntado ya Nada Todo lo han preguntado Todo" Dijo que le gustaría, mejor, entrevistar a Tzapoff: "Preguntarle cosas a mi marido Jugar con él a la hora de la verdad, que consiste en decirnos todo Nunca digo mentiras No sé hacerlo Por eso siempre digo lo que pienso" De sus ingresos, nada quiso decir: "No voy a hablar de dinero con usted, ni cuántos centavos tengo, ni cómo los gasto Yo creo que es de mal gusto El dinero sirve mucho, calma los nervios, pero si comenzamos a hablar de eso, se acaba la plática" "La gente me ama" María Félix no se permitía ser ordinaria Hablaba y actuaba dentro de ese personaje que se ha creado, sin salirse un ápice del guión Sorprendía por su buen humor, sarcástico y directo No concedía La última palabra siempre tenía que ser suya -María, da la impresión de que el cine actual, ese que llaman "el nuevo cine mexicano", no ha generado estrellas del tamaño de los figurones que se dieron hace 40 años -Mire, aquí en México, que todo está preparado para que salga mal, nosotros hicimos el gran cine Teníamos poco dinero, pocas cosas con qué hacerlo -y engola la voz-, pero teníamos unas ganas de hacerlo No era el dinero el que nos movía, eran las ganas de hacer alguna cosa Se lo digo porque lo viví -Qué diferencias encuentra entre el cine que usted hizo y el que se hace ahora -El cine de ahora, ni lo conozco porque no veo nada Yo no veo ninguna película mexicana -¿Por qué? -Porque no me da la gana ver cosas malas, porque me divierten más otras cosas -¿Y cómo sabe que son malas? -Entienda: yo no estoy para ver si es buena o mala No lo veo Yo quiero pensar que nuestro cine mexicano, lo que llaman "la época de oro", surgió en un momento preciso, que es después de la guerra Cuando el cine americano estaba mal y también el cine europeo estaba mal Salió ese cine mexicano con una personalidad, con un paisaje diferente, apasionado, conmigo, con Emilio Fernández Dimos el trancazo -¿Y qué le pasó al cine mexicano? -Pues de repente perdió el rumbo Dejé de hacer cine en el momento en que murió mi marido (Alex Berger) y me dejó 87 caballos pura sangre y tuve que dirigir una cuadra Ese es un oficio de hombre, de hombre duro, pero yo pude Los tomé como mejor pude, y como la vida me da y me quita todo el tiempo, me quitó un marido fabuloso que yo tenía y me dio, a cambio, un lugar muy grande en los hipódromos Era la reina de los hipódromos, ganaba lo que quería, ganaba derbys, la gente me apostaba a mí, no le apostaba al caballo -¿Siente que en México se le ha reconocido lo suficiente? -¿Usted cree que no soy reconocida? -Lo digo en términos oficiales -Aquí en México no se premia a la gente como en otros países A mí me tuvieron que crear una medalla, la de la Ciudad de México fue una medalla inventada para mí, porque aquí no hay premios, sólo los hay para los extranjeros Vea el criterio del Aguila Azteca -Cree que esto se debe a esa costumbre muy mexicana de hacer todo lo posible por ignorar el éxito de alguien, ¿o es personal contra usted? -Yo no tengo necesidad de medallas ni reconocimientos porque la gente me ama, porque los mexicanos me aman En el extranjero me llaman "la mexicana" Y es que no soy borracha, no soy drogada, soy una gente limpia De vez en cuando, me fumo un purillo -¿Qué posición ocupa en lo que llama "la aristocracia del talento"? -Eso no me corresponde a mí decirlo El éxito me lo hago yo, con mis películas, con mi trabajo, la celebridad me la dan los otros Hay gente que sabe dirigir su trabajo, y hay quien sabe dirigir su vida Yo he podido dirigir las dos Si usted lo sabe para qué me pregunta -Le han tenido mucha envidia -Pero eso a mí no me importa, no conozco el sentimiento de los celos, yo no tengo envidia de nada Tengo envidia, si pudiera llamarse envidia, de una cosa: la inteligencia Aunque en realidad no es envidia, porque tampoco soy tarada -Cada pregunta que le hago, cada entrevista que concede, cada fotografía que le toman, cada saludo, cada sonrisa, son como pequeños actos de ese homenaje continuo en el que vive -¿Y por qué cree eso? -Eso me toca a mí preguntárselo -Qué le puedo decir: es el homenaje de la vida y de la gente para mí -¿Y cuál sería su legado? -No puedo dejar nada -Una historia -No -Una leyenda -No, sólo soy una actriz que ha hecho soñar a la gente -Pero su importancia va más allá de sus películas -No quiero dejar ninguna herencia, ningún legado, quiero pasar por la vida como cualquiera, que los recuerdan tres días y después los olvidan -Pero aunque no quiera, algo dejará -No me divierte la idea ¿Mi legado?, ¿cuál legado? Esta condecoración me gusta porque México está triste y le va a hacer sonreír a mi pobre México -¿Pobre México? -¡Hombre! Usted me está preguntando pobre por qué Por favor A la gente le va a dar gusto que una mexicana, una, sea condecorada -¿Qué simboliza para usted la condecoración? -Este reconocimiento tiene, primero, a las personas que creyeron en mí, que hicieron posible mi carrera Enseguida están mis padres, mis equipos de trabajos Está mi hijo Es mucho lo que tiene dentro esta medalla -Ese gusto va a ser para usted ¿qué puede importarle a la gente? -No, a mí me da más gusto por mi país que por mí, yo he recibido muchos premios Un premio es que la gente me ama, ese es el premio más grande, pero una distinción como ésta sí la tiene un mexicano, pero sólo una mexicana Está difícil que caiga en otra la medalla A mí se me hace fabuloso que me la hayan dado Jamás se me han acercado para sugerirme algo así como un homenaje aquí en México Qué más necesito que el amor de la gente En la calle todos me saludan, todos me mandan besos Estoy igual con el más pobre que con el más rico A mí qué me interesa la gente rica Qué pueden tener que yo no tenga, qué pueden traer que yo no traiga -dice mientras juega socarronamente con sus joyas-, qué me pueden dar que yo no tengo Nada -¿Alguna vez pensó en cambiar de nacionalidad? -(Otra vez carcajadas) Lo mismo me preguntó el juez cuando me casé con Berger Para nada ¿Usted cree que me habría ido mejor si hubiera sido china? -Usted insiste en compadecer a los mexicanos, ¿qué piensa que les ha pasado? -Que nos hemos hundido porque el dinero es muy canijo, ¿no le parece a usted? Salinas dejó este país vendido al extranjero, y la gente no dice nada Nos estamos haciendo tarugos porque ¿quién no sabe lo que le pasó a Colosio?, todo el mundo lo sabe -Qué le pasó -No se haga usted que no lo sabe -Bueno, según usted, qué le pasó -Usted sabe muy bien qué le pasó y quién le pasó, y quién todo Eso lo sabe usted Es el círculo de callarse, de no decir nada -¿Qué tendríamos que hacer? Porque lo que usted dice, casi es "hagamos la revolución" -Deberíamos Para cambiar -¿Como en Chiapas? -Como en Chiapas, no Nosotros no somos enmascarados, ¿a usted le gustan esos enmascarados? A mí no me gusta tratar con gente que no se conoce su identidad El gobierno yo no sé cómo acepta tener conversaciones con esos tapados Vamos a destaparnos y a hablar cara a cara -Salir a la calle, entonces -No, yo no estoy diciendo nada, ni cómo serán las cosas, pero sí sé que el país está entristecido, que está en una inseguridad, que aquí se mata fácilmente a la gente; que todos los problemas encima, como asesinatos, como lo de la Ruta 100, como todo lo de Colosio, todo se sabe, pero estamos callados Usted cree que algún día se va a saber lo que le pasó a Colosio ¡No se va saber nunca! Pienso que las cosas se deberían saber, pienso que el pueblo tiene derecho a saber lo que le pasa -Hace rato dijo que usted no era ejemplo para nadie -Digo las cosas de una manera que otras gentes no dicen, y yo soy completamente y absolutamente verdad de arriba a abajo Yo digo lo que pienso sobre política, yo digo lo que pienso sobre el amor, sobre mi condecoración Cada quien es como es, yo así soy -¿Y no haría falta más gente así? -Siémbrela, siémbrela no nos damos como camotes La fría Enrique Alvarez Félix, único hijo de María, murió en mayo de 1996 María reiteró que la vida siempre la había tratado así: le daba y le quitaba: "Me acaba de quitar a mi hijo, y ahora me está dando esta condecoración" -Y en el balance, ¿cómo queda con la vida? -Siempre se pierde cuando a uno se le muere un ser querido No hay premios ni condecoraciones, ni nada, que valgan lo que vale un hijo Pero así es, no hay de otra manera, así es la vida Contó que cuando llegó de París para el velorio, no quería ver muerto a su hijo: "Pero sabía que ese momento nunca se iba a repetir, y no me quería arrepentir después Alcé la tapa de la caja y lo vi El sacerdote estaba diciendo tonterías Le dije: callado, callado, vamos a rezar Y rezamos como nos enseñó mi madre" Un silencio recorrió la terraza ante la pregunta de si pensaba en la muerte: "No me da miedo Mi hijo y yo hablábamos muy seguido de la muerte, pero todo pasó a la inversa Yo creía que, lógicamente, la primera que se iba a morir iba a ser yo Yo eso creía No le decíamos la muerte, le decíamos La Fría Un día pasó por aquí y no me vio Cinco personas murieron en esta zona de neumonía Yo también estaba enferma y no me morí Cuando murió Enrique fue como si el mundo, que siempre iba caminando y caminando normalmente, de pronto se detuviera y comenzara a andar hacia atrás Todo se ve al revés Todo se ve diferente No entendía nada" -¿Usted espera a La Fría, o la ve lejana? -Quisiera morir como Enrique: sin enfermedad, sin dolor, lúcida Y después, nada, vienen otros (Proceso No 1045, 11 de noviembre de 1996)

Comentarios