El pecado del poder

sábado, 3 de agosto de 2002
México, D F (apro-cimac)- Tenía que haber sido el portugués Eca de Queiroz, contemporáneo de Flaubert y uno de los grandes literatos europeos, quien ciento cincuenta años después despertara la vena intolerante y dictatorial del ala dura del gobierno foxista Eca de Queiroz sufrió una escandalosa censura y la Iglesia portuguesa casi lo manda a la pira de los infieles cuando escribió su libro "El crimen del padre Amaro", en 1875 Nuevamente ahora en México vuelve a ser fruto de la discordia entre el poder Iglesia-Estado y el sano laicismo del siglo XXI Más allá de las pasiones viscerales, siempre es preferible explorar lo que políticamente significa el, hasta hoy, infructuoso saboteo contra la película de Carlos Carrera y estelarizada por Gael García Bernal con el mismo nombre del libro Por un lado, están las declaraciones del cardenal Norberto Rivera sobre el debate entre los diputados por el beso que el presidente dio al anillo papal y el estreno de la tan comentada película sobre el padre Amaro: son resultado de "una corriente de laicismo ateo, intolerante y persecutor de la Iglesia" (sic) Por otro, tenemos la invitación del "jefe" Diego para que la gente no vea en los cines semejante atropello a la fe católica, lo mismo que los desesperados intentos de Serrano Limón y el Grupo Provida para demandar penalmente a la directora de Conaculta, Sara Bermúdez, por otorgar el presupuesto para producir "esa película que atenta contra la fe católica" El filme presenta al padre Amaro joven, de 24 años, que recién ordenado sacerdote llega al pueblo de Los Reyes para oficiar en los servicios del padre Benito: un cura que recibe grandes sumas de dinero de "El Chato" Aguilar, famoso narcotraficante Por su parte, el padre Natalio, otro cura de la diócesis, por ser partidario de la "teología de la liberación" está involucrado con la guerrilla local Amaro se enamora de Amalia, una joven de 16 años Sanjuanera, la madre de Amalia, es una mujer pía que reza y va a la iglesia cada domingo pero mantiene una apasionada relación secreta El obispo lo sabe todo y sus homilías se dedican a fortalecer la culpa en las mujeres que desean el placer, y en los hombres que no cumplen cabalmente la ley divina El presidente municipal, que no podía faltar, balancea en su favor los poderes de la Iglesia y el Estado La novela es estupenda, sobre todo porque fue escrita por un hombre católico practicante, y, además, intelectual capaz de explorar los vértices silenciados de la naturaleza humana Hecha película en México, la historia se ha convertido en un buen termómetro de la influencia que la ultraderecha religiosa ha logrado en los altos mandos de la política nacional Las reacciones --más allá de despertar el morbo que seguramente incitará a millones de creyentes católicos, hombres y mujeres, a llenar las salas cinematográficas-- nos da un mensaje claro: sólo los poderosos tienen derecho a gastar cincuenta millones de pesos en la visita del Papa a un país con 40 millones de pobres Sólo los poderosos, ubicados entre la iglesia y la política, pueden negociar bajo la mesa con el narco; sólo ellos son capaces de estar más allá del Estado de derecho al esconderse tras de la sotana luego de haber abusado sexualmente de un niño, de una niña o de una monja Sólo ellos, los dueños de la "divina palabra", pueden inventar un santo para catequizar indios rebeldes Ellos, los que después de persignarse diariamente salen a especular con el capital para elevar al poder a un empresario piadoso, que con mucha fe miente de forma cotidiana Sólo ellos son capaces de salir libres de toda culpa al negociar información a cambio de libertad Ellos, los que ahora son cercanos al poder, desean mantener las vendas en los ojos de las masas a quienes consideran impertinentes e ignorantes; ellos, los que desean que sigamos creyendo en principios bíblicos, producto de la imaginación y la fábula educativa antigua Son ellos, los que desde el altar, el Senado o la Secretaría del Trabajo insisten en silenciar el verdadero rostro de la naturaleza humana que se corrompe con o sin sotana; son ellos, los que desean acallar las pasiones sexuales detrás del altar y frente al crucifijo Son ellos, los que quieren retroceder las políticas públicas contra la pobreza, creando "ciudades de la alegría" más parecidas a un guetto contra la libertad de elección que a un proyecto social Son ellos, los dueños del capital, los que ahora quisieran ?como en la Edad Media? ser dueños de las conciencias de hombres y mujeres Todos ellos son el cambio, la vuelta del timón a la derecha que separa, empobrece y ordena Todos ellos son los que miden su poder al salir libres del pecado; ellos son el fantasma del padre Amaro que, al descubrirlo falible, pecador y cristiano, descubren sorprendidos su reflejo Son ellos y ellas, dueñas de la doble moral que nos gobierna, desde la política y desde las altas esferas del poder empresarial los que gritan para que se censure la ya famosa política