Análisis político: Lo mejor para el desempleo, el empleo

domingo, 22 de septiembre de 2002
Oigo y disfruto una discusión entre dos personas conocedoras, inteligentes, que se respetan mutuamente a pesar de ser, ambas, protagonistas en los medios El tema: la situación económica del país y sus consecuencias Se arranca de las famosas estadísticas de INEGI: un desempleo abierto de alrededor de 27% cifra que de ser cierta causaría las envidias de todo el mundo Pero no es cierta Sólo el resultado de encuestas urbanas, y no en todas las urbes, que siguen además un criterio de la OIT que convierte en empleados a quienes siendo mayores de 12 años, han trabajado una hora en la semana, por cuenta ajena o propia o llevan ocho semanas buscando chamba Por ello, la credibilidad de los datos es menos que aceptable El punto de conflicto, sin embargo, se plantea en los remedios "S", por identificarlo de alguna manera, joven maduro, conservador notable, escritor de recursos con evidente preparación universitaria y plenamente identificado en y con la televisión, sostiene la tesis clásica de que para crear empleo es preciso alentar la inversión, no importa si nacional o extranjera Eso supone alicientes para el empresario que habrán de pasar por disminuir el rigor de las obligaciones fiscales y laborales, contrataciones temporales, créditos blandos y una buena disposición estatal para repartir contratos sin olvidar los subsidios a la Banca Y, por supuesto, sin restricción alguna para que vengan los dólares de fuera, en la electricidad, en el petróleo y en lo que sea Y un alerta: el gobierno no puede cargar con una burocracia que no sea productiva, que simplemente se limite a vegetar Hay que despedir a los innecesarios Porque, de otra manera, México, ese ser intangible y citable, sufre las consecuencias que están a la vista Ya se incorporarán a la economía informal O a lo que puedan Del otro lado, interrogante y casi violento "J", maduro, de izquierda, periodista de abolengo, agresivo, absolutamente inteligente y con una acción notable y permanente en la oposición, sostiene que entre el desempleo y que el Estado tenga que cargar con un exceso razonable de trabajadores no hay la menor duda Debe propiciarse y mantenerse el empleo público Las alternativas: economía informal y la miseria abundante no son admisibles La primera, porque es una economía artificial, que no contribuye al gasto público ni genera seguridad social y muchas veces está más allá de la frontera de la delincuencia La miseria, porque no hace falta decir cuales son las consecuencias Sin olvidar que los hechos más recientes comprueban que la inversión extranjera no es solución como lo demuestran las grandes quiebras de las empresas norteamericanas que han puesto al capitalismo en crisis notable, paralela a la producida en el mundo llamado "socialista" al caer el Muro de Berlín Quiero terciar y el árbitro no me deja Abandono la plaza en plena discusión Pero lo que no se dice de palabra se puede decir con la pluma, esa ficticia pluma hoy vestida de computadora (¡nombre feo!) sin que el español: "ordenador", me guste tampoco Las alternativas: economía decadente, desempleo notable que puede ser en este momento equivalente al cincuenta por ciento de la PEA (la economía informal, el otro 50%, no es empleo sino ocupación); inversión pública disminuída, inversión privada escasa y un gobierno que ha asumido con entusiasmo la tarea de despedir sin causa a miles de sus trabajadores A unos, con el pretexto de que, como son de confianza, no tienen derecho alguno, lo que es ciertamente falso; a otros, porque se les ofrece cualquier cosa que aceptan porque la necesidad caret lege (carece de ley), lo que Cervantes, con gracia, traducía diciendo que tiene cara de hereje (en "Los habladores", por si les interesa el dato) Alternativas al desempleo: empleo público, economía informal, miseria sin remedio, delincuencia creciente y, viendo de lejos modelos ajenos aparentemente eficaces, seguro de desempleo Empecemos por el final El famoso seguro de desempleo, en vigor en muchos países capitalistas, es un mito Recuerdo que en España, en los albores del socialismo que dirigía Felipe González, el problema mayor era la economía sumergida cuyos protagonistas, trabajadores sin prestaciones y en la oscuridad, cobraban regularmente el seguro de desempleo Pero, además, cárguele usted a nuestros salarios miserables, los de abajo, una cuota adicional para ese seguro De alguna manera lo tenemos establecido en la Ley del Seguro Social con el seguro de cesantía en edad avanzada, muy poco eficaz como remedio social Cuando en España el desempleo andaba por arriba del 20% (allí no se había inventado el INEGI ¡Que espléndido producto de exportación podríamos tener!), lo que se decía es que un desempleo mayor del 3% no se paga con sus cuotas sino con el impuesto sobre la renta La economía informal y la miseria consecuente no son remedio No contribuyen al ingreso fiscal, quizá sólo a través del consumo, escasamente a la seguridad social (el seguro de salud para la familia) y generan violaciones permanentes a las reglas de convivencia además de provocar artificios laborales ya que los ambulantes no son otra cosa, por regla general, que trabajadores a comisión disfrazados de pequeños empresarios Sin derecho laboral alguno, por supuesto El gasto público por la vía de la contratación de servidores del Estado es inconveniente en cuanto las necesidades son inferiores al volumen de trabajadores Sin embargo, ha sido un mecanismo inteligente para aplicar en nuestro país un virtual seguro de desempleo que en primer término se compensa con actividad y, en segundo lugar, genera seguridad social, impuesto sobre la renta (con lo que el Estado recupera parte de la inversión) y, sobre todo, tranquilidad social Me ha tocado, por muchos años, trabajar en el IMSS Era evidente, en otros tiempos, que había más trabajadores que trabajo Pero las cosas funcionaban bien Inclusive, muy bien Un analista de productividades probablemente se habría asustado Pero esos analistas solo analizan la productividad inmediata y olvidan la paz social y, sobre todo, que se mantiene un nivel razonable de vida para una población que de otra manera caería, como ahora ocurre, o en la economía informal, o en la miseria o en el recurso desesperado de la delincuencia Que muchos justifican pensando en la delincuencia de arriba, de la que todos tenemos conciencia y que no suele castigarse Lo que no se puede es olvidar la miseria Y mucho menos sustituirla por una presunta productividad inmediata Porque será bueno, barato y abundante lo que se produzca Pero, ciertamente, no habrá quién lo compre