Drogadicción segura

domingo, 5 de octubre de 2003
El fracaso de las políticas tradicionales contra el narcotráfico es evidente: en casi todo el mundo, el número de drogadictos va en aumento Ante esa realidad, las autoridades de Vancouver decidieron que es más importante evitar las muertes por sobredosis y detener la propagación del sida que meter a la cárcel a los adictos Así, abrieron un Centro de Inyección Segura, en el que se proporcionan jeringas nuevas y se dan consejos para evitar las sobredosis Esta nueva política ha molestado al gobierno de Estados Unidos VANCOUVER, CANADÁ- Una mujer blanca se sienta en el suelo sucio del Pigeon Park, en una transitada esquina de esta ciudad Es mediodía Con ansia, la mujer prepara el contenido de una jeringa, se descalza y se clava la aguja en un pie, sin esterilización alguna Los músculos de su cuerpo extremamente delgado se tensan mientras se inyecta En la acera opuesta, un hombre asiático entra en crisis Sólo viste un calzón boxer color café Se tambalea y grita incoherencias, pero nadie parece notarlo Cae al pavimento y se contorsiona violentamente No tiene control de sus extremidades Un hilo de saliva pende de su boca En otro punto de la misma intersección, un traficante de drogas hondureño intercambia un pequeño sobre por los 25 dólares canadienses que le entrega una mujer indígena que viste un minúsculo short, una blusa desgarrada y sandalias de hule manchadas de sangre Ella trata de decirle algo, pero él le da la espalda, se monta en su bicicleta y se va A pocos metros de ahí, dos oficiales de la policía de Vancouver platican recargados en su patrulla Frente a ellos pasa un hombre negro con rastas Tiene una gasa sucia en el cuello, sostenida por dos tiras de tela adhesiva a punto de desprenderse Camina arrastrando los pies, el cuerpo inclinado hacia la izquierda, la mirada vacía Por sus venas fluye el veneno Las anteriores son escenas cotidianas en este puerto del Pacífico, la metrópoli más importante del occidente de Canadá y tercera en el país Durante la última década, casi mil personas han muerto aquí por sobredosis de heroína y cocaína Es el resultado más dramático de una explosión en el consumo de drogas que ha convertido a Vancouver en una de las urbes con mayor concentración de adictos en el mundo Por si fuera poco, la ciudad -que será sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010- tiene altos niveles de sida y hepatitis C, infecciones cuya propagación se debe, sobre todo, al uso compartido de jeringas Lo que sale de lo común es la decisión del ayuntamiento de atacar el problema de una manera inédita en el continente: La reciente creación de un centro, financiado por el erario, en el que los drogadictos pueden inyectarse bajo supervisión médica, en condiciones de higiene y sin temer la aplicación de las leyes sobre narcóticos El centro, conocido como Safe Injection Site, o InSite, abrió sus puertas el domingo 21 de septiembre, luego de una larga discusión pública Los partidarios del centro -una idea tomada de sitios similares en Europa y Australia- terminaron por convencer a la mayoría de los vancouverianos de que el primer paso para combatir el consumo de drogas -y, junto con él, el narcotráfico- era enfrentarlo como un problema de salud pública El tratamiento de los drogadictos, alegaron, debía pasar por sacarlos de las calles, evitar que sigan haciéndose daño y poner un freno a las muertes por sobredosis y a la transmisión de enfermedades Los cadáveres no responden a los procesos de desintoxicación, razonaron Uno de los argumentos a favor de la instalación del centro fue financiero: El costo anual de la atención médica a las personas con sobredosis, que asciende a 368 mil dólares estadunidenses, así como el del tratamiento que requiere cada nuevo caso de sida, unos 100 mil dólares La mayor muestra de apoyo a la idea se dio en las urnas En noviembre de 2002, los votantes dieron su respaldo a Larry Campbell, un exagente antinarcóticos y exinvestigador forense, quien, como candidato a alcalde por la Coalición de Electores Progresistas, se comprometió a hacer realidad el Centro de Inyección Segura La iniciativa había recibido un fuerte respaldo de su antecesor, Philip Owen, pero éste no pudo concluir las negociaciones con los gobiernos provincial y federal que asegurarían el otorgamiento de fondos No todos en Vancouver coinciden en que el InSite -que arrancó como programa piloto- es una buena idea Miembros del Parlamento que militan en la conservadora Alianza Canadiense la han criticado duramente, lo mismo que algunos oficiales de la policía local, quienes piensan que a los drogadictos hay que darles a escoger entre desintoxicación y cárcel Sin embargo, la crítica más feroz no provino de esta ciudad ni de otra región de Canadá, sino de la capital estadunidense: John Walters, jefe de la Oficina Nacional para el Control de Drogas, de la Casa Blanca, cargo que también se conoce como zar antidrogas, se mostró en desacuerdo con la perspectiva canadiense de que es menos importante encarcelar a los consumidores de droga que evitar contagios de sida y hepatitis C, mediante el uso de jeringas limpias "El abuso de las drogas es una enfermedad mortal", comentó el funcionario estadunidense "Resulta inmoral dejar que la gente sufra y muera a causa de una enfermedad cuyo tratamiento conocemos" Washington se ha quejado repetidamente de que los canadienses son menos severos en la persecución de los delitos relacionados con drogas -se estima que el porcentaje de personas encarceladas por ese motivo es cinco veces inferior en Canadá que en Estados Unidos-, y la posibilidad de que el Parlamento en Ottawa apruebe una ley que prácticamente volvería legal la posesión de pequeñas cantidades de mariguana ha encendido focos de alarma, al tiempo que se han dejado oír amenazas de volver más rigurosas las inspecciones en la frontera entre las dos naciones Se quejó Walters, en una gira por la vecina ciudad de Seattle, a principios de septiembre: "Canadá ha desarrollado la práctica de no sentenciar a nadie a penas severas, a menos de que cometa un delito con violencia Así que uno puede cultivar y embarcar drogas, puede ser aprehendido y las consecuencias son muy pocas" Paralelamente a la iniciativa sobre la mariguana que se discute en el Parlamento, un juez acaba de fallar sobre la inexistencia técnica de la ley que penaliza el uso de esa droga en la provincia de Columbia Británica, que incluye a Vancouver La decisión -que ya fue apelada- tiene contento al Marijuana Party, cuyos candidatos obtuvieron casi 12 mil votos a nivel provincial en las últimas elecciones federales "La mariguana es legal en BC (Columbia Británica)", proclama una manta color verde en las oficinas del partido, colindante con el café New Amsterdam, que vende pipas y otros objetos para fumadores de mariguana y tiene un salón especial para consumir la hierba "Aquí no se vende mota", informa un letrero en el café, pero ése no es problema en Columbia Británica, en donde se produce una mariguana -BC bud- que es considerada la más potente del mundo Se estima que la mariguana es uno de los productos agrícolas que mayores recursos proporciona a la provincia, probablemente sólo superada por la madera En su gira por Seattle, ciudad que también ha tenido graves problemas de heroína, Walters consideró que las autoridades canadienses no han logrado reducir el peligro que representa la mariguana de alta potencia, y sentenció: "Lo que hagan con su política local es, obviamente, asunto de ellos Respetamos su soberanía Pero cuando sus asuntos lesionan a los estadunidenses, ahí entramos nosotros para proteger a los estadunidenses" Para Donald MacPherson, responsable de asuntos de drogas del ayuntamiento de Vancouver y principal impulsor del InSite, los comentarios de Walters están fuera de lugar: "Uno sólo tiene que ver lo que pasa en Estados Unidos para ver que la política de guerra contra las drogas es un fracaso", dice en entrevista con Proceso "El zar antidrogas no es una persona con autoridad para hablar sobre las adicciones Su posición es continuar y acelerar la guerra contra las drogas Él está interesado en una discusión ideológica Nuestra estrategia, en cambio, está basada en el resultado de investigaciones y su meta es mejorar la salud pública El zar y quienes ven de manera ideológica este problema no entienden que no podemos parar el flujo de drogas Las drogas no son el problema, es la cohesión social" De "viaje" en Vancouver En el parque Oppenheimer, el aire huele a mariguana y las mesas estilo campestre son ocupadas por personas que venden o consumen estupefacientes, o las dos cosas Cuando el enviado pasa por el lugar, varias personas se levantan para ofrecerle drogas Se calcula que de los 16 mil habitantes de la zona conocida como Downtown Eastside -el sector oriente del centro de la ciudad-, la tercera parte se inyecta narcóticos de manera consuetudinaria Es difícil creer que apenas unas cuadras al norponiente está el arbolado y adoquinado barrio turístico de Gastown y, un poco más allá, la terminal de cruceros, adonde llegan enormes barcos de pasajeros, y el Centro de Convenciones Los expertos aún no se ponen de acuerdo en los motivos de la explosión del consumo de drogas que azotó a Vancouver a mediados de los noventa y que aún no termina, pese a que ha amainado Se cree que la llegada de la cocaína, en un momento de leve declive en el uso de la heroína, causó una combinación desastrosa Los drogadictos del Downtown Eastside se inyectan una y otra drogas No es raro que las mezclen La avenida East Hastings, que cruza el barrio, podría ser llamada vía de los zombis Es inconfundible la apariencia del drogadicto Flaco, tatuado, sucio, en ocasiones con gasas adheridas al cuello, brazos o piernas, camina sin ir Se tambalea, habla solo, apesta Está muerto en vida El barrio es un agujero de miseria dentro del primer mundo Tiene fama de ser la zona urbana más pobre de "Norteamérica", como canadienses y estadunidenses suelen llamar a la confluencia de sus dos países En medio de la degradación se asoma una condición igualitaria: se ven lo mismo hombres que mujeres; hay indígenas, asiáticos, sajones, latinos y negros Sólo faltan los drogadictos de origen árabe -escudados, los de ese grupo étnico, por sus tradiciones religiosas y familiares, dicen-, aunque, según algunas versiones, ya se les comienza a ver por el barrio En East Hastings y las calles y callejones siniestros que la cruzan, no hay esperanza ni deseo más allá de la siguiente dosis La avenida es un gran graffiti dividido en inmuebles clausurados y negocios deprimentes: bares oscuros, tiendas de empeño, cafetines mugrosos, sex shops y hoteles En estos últimos, no hay hora de salida ni tarifas especiales ni desayunos incluidos Se les conoce como SRO, o Single Room Occupancy, viviendas de un solo cuarto Todos cobran 375 dólares canadienses, la cantidad máxima que el gobierno paga por el alquiler de un desempleado Y es que aquí todos viven del welfare, la beneficencia pública -Deberías ver cómo vivimos -reta Doug, un drogadicto sin apellido -Vamos -acepta el reportero -Mejor no Te asustarías No hace falta ir Basta ver la entrada de hoteles como el Balmoral, Shaldon, Savoy, Empress, Dodson, Patricia y Washington, y observar los desechos humanos que traspasan sus puertas Con frecuencia -particularmente los días que se pagan los 500 dólares de beneficencia pública-, los inquilinos abandonan los hoteles cubiertos por una sábana Esos días, miércoles de welfare, rondan las ambulancias Una mujer delgada con el maquillaje corrido, despeinada y sin dientes delanteros, se acerca y se levanta una manga de la sudadera "¿Quieres un reloj?", pregunta, al tiempo que enseña un falso Rolex que parece a punto de resbalarse de su brazo flaco y picoteado, que se agita como si tuviera vida propia "Dame lo que tengas", pide, casi suplica Rechazado el ofrecimiento, la mujer camina hacia uno de los callejones y, detrás de un contenedor de basura, comienza a desvestirse hasta quedar en ropa interior Revisa su cuerpo buscando un lugar dónde aplicarse la siguiente inyección Al día siguiente estará en el Pigeon Park, un parque de palomas sin palomas, metiéndose una nueva dosis en el pie Por la East Cordova Street camina un grupo de hombres con chalecos fosforescentes Parecen trabajadores de limpia, y de alguna manera lo son Recogen basura, pero de un tipo particular Su objetivo es levantar las jeringas que los drogadictos dejan tiradas Y no sólo eso: También reparten jeringas limpias gratis a quien se las solicite El inmigrante venezolano Edgar Ramírez es uno de ellos No trabaja para autoridad alguna, sino para la Red de Usuarios de Drogas del Área de Vancouver (VANDU, por sus siglas en inglés), organización de drogadictos y personas desintoxicadas que ha apoyado la apertura del InSite "Trabajamos cuatro horas al día, en grupos, y recogemos unas 100 jeringas cada uno", dice con su fuerte acento caraqueño Aun así, no ha desaparecido la costumbre de usar jeringas desechadas No faltan quienes, además de esa peligrosa costumbre, mezclan el polvo de cocaína con el agua de los charcos antes de meterse la droga en las venas A la entrada y a la salida de cada callejón del barrio hay letreros que advierten: "Éste no es un sitio de inyección segura" E invitan a los drogadictos a visitar el InSite Los cuatro pilares En el número 139 de East Hastings está el Safe Injection Site Es un edificio de tres pisos, verde con líneas cafés Una muy evidente y bien ubicada cámara de video vigila la entrada A un costo de 2 millones de dólares canadienses al año, el centro ofrece atención médica y asesoría en salud para los drogadictos que lo soliciten, así como espacios para que puedan inyectarse y un estuche que incluye jeringas, agua esterilizada y otros artículos Hay algunas reglas: Los usuarios deben registrarse, no pueden permanecer allí más que el tiempo necesario para inyectarse o recibir atención y no pueden compartir las drogas que lleven ni poner inyecciones a otros El personal del centro tiene prohibido el contacto físico con quienes se están inyectando y sólo pueden ayudarlos en ese momento mediante consejos para hacerlo de la manera más segura posible El InSite es un proyecto piloto, por lo que sus resultados serán evaluados antes de otorgarle más fondos El día que abrió sus puertas, recibió apenas una veintena de visitas, una cifra bajísima si se le compara con los 5 mil drogadictos que supuestamente habitan en el Downtown Eastside El centro tiene capacidad para atender a unas 850 personas al día, en 18 horas de operación Los responsables achacan la escasa asistencia al temor de los drogadictos de ser fichados Sin embargo, para el tercer día ya estaba recibiendo a unas 180 personas Satisfechas con el InSite, las autoridades de Vancouver no se hacen ilusiones Comentó el alcalde Larry Campbell en vísperas de la inauguración del centro: "Nadie debiera esperar que el Downtown Eastside cambie de la noche a la mañana Sin embargo, en combinación con otras medidas de prevención, tratamiento y trabajo policiaco, esperamos reducir las muertes relacionadas con la droga y ver que quienes se inyectan drogas reciban la atención médica y el apoyo que requieren para vivir de manera más saludable" Para enfrentar el consumo y tráfico de drogas en la ciudad, Campbell puso en marcha la estrategia llamada Los cuatro pilares, que incluye acciones preventivas, como dar información sobre los daños que producen los narcóticos, y la promoción de actividades recreativas, así como el tratamiento de los drogadictos y las medidas de procuración de justicia para atacar a las organizaciones que distribuyen los estupefacientes De los cuatro pilares, el de la "reducción de daños" fue el más difícil de colocar en la opinión pública "Tuvimos un gran debate público sobre el tema, que duró años", dice Donald MacPherson "La mayor parte de los políticos prefiere moverse en el terreno seguro de mostrarse duros frente al tema de las drogas, hablando de él como un asunto de procuración de justicia, y nada más Por fortuna, aquí hubo un liderazgo político que corrió el riesgo de hacer las cosas de otro modo y logró cambiar la percepción de la mayoría para que el fenómeno fuera visto, antes que otra cosa, como un problema de salud pública" MacPherson fue director varios años del Centro Carnegie, institución de beneficencia comunitaria localizada en la zona cero del Downtown Eastside, que proporciona comida barata y otros servicios a los habitantes del barrio Dice que decidió adentrarse en el tema cuando se hartó de ser simple testigo de cientos de muertes por sobredosis "Un año, tuvimos 200 muertes por sobredosis; otro año, 160", cuenta en entrevista "Simplemente, me cansé y me sentí frustrado de que habiendo soluciones no las aplicáramos Una sobredosis de heroína no tiene por qué ser fatal Las muertes por sobredosis ocurren cuando el usuario está solo o no recibe ayuda adecuada Me di cuenta de que nuestro sistema de salud estaba fallando Sabíamos qué hacer si alguien llegaba con la cadera rota, pero no sabíamos qué hacer para prevenir las muertes por sobredosis" Viajó a Europa para conocer lo que se estaba haciendo en otros países para reducir el daño que producen las drogas Supo de los centros de inyección segura en Suiza, Alemania y los Países Bajos Y regresó a Canadá con la idea de impulsar un sistema similar Dice: "Lo que hemos hecho es tomar ideas prestadas de los europeos Ellos están mucho más adelantados que nosotros en prevenir sobredosis y contagios de sida Si un porcentaje de la población siempre va a usar drogas, ¿por qué no hacer que ese uso sea seguro? Así, al menos tenemos la esperanza de que, un día, dejarán de usarlas" Relata que el punto de quiebre de la discusión sobre el uso de drogas inyectadas fue la propagación del sida "Antes de que eso ocurriera, era muy difícil tocar el tema Y entonces surgió la oportunidad de echar a andar los programas de intercambio de jeringas El siguiente paso lógico era tener un centro de inyección segura, porque, ¿de qué sirve darles jeringas limpias si siguen inyectándose en los callejones? Tenemos que sacar esta actividad de las calles y llevar a los usuarios a un lugar donde hubiera condiciones de higiene adecuadas" MacPherson no se engaña: "Sé que el centro está generando mucho interés, pero no es sino una pieza de una estrategia mayor, más ambiciosa" -Es evidente que Canadá no está siguiendo paso a paso el modelo estadunidense de la guerra contra las drogas ¿Por qué? -Muchas de las estrategias que se están aplicando en el mundo no tienen sentido Me parece que Canadá, y en particular Vancouver, está encabezando la discusión, profundizándola Necesitamos una estrategia más pragmática y menos ideologizada para luchar contra las drogas Hay mucho que desmitificar Es necesario entender que el uso de narcóticos tiene poco que ver con la política de drogas, y más que ver con factores como la economía, el desempleo, la vivienda Tenemos que preguntarnos por qué los niveles de uso de drogas en los Países Bajos, por ejemplo, son menores que los nuestros y los de Estados Unidos Ahí están las estadísticas "Y en Canadá estamos empezando a entender que, si vamos a discutir sobre el daño que producen las sustancias, hay que incorporar a la discusión a las legales, como el alcohol y el tabaco, que son los verdaderos asesinos"

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