El corazón líquido de Lourdes Luna

lunes, 4 de octubre de 2004
México, D F, 4 de octubre (apro)- Nómada, la coreógrafa Lourdes Luna recorre una y otra vez el país sin lograr quedarse de forma definitiva en ningún lado Mientras que sus demás compañeros han buscado echar raíces en algún sitio y construirse una cierta plataforma para sobrevivir, Luna, de forma aventurada, recorre diferentes ciudades, trabaja con los bailarines de la región, genera espectáculos y proyectos de alto nivel, y al tiempo se muda para recomenzar Nacida en Monterrey, Nuevo León, Luna emigró tempranamente a Mérida, Yucatán, para trabajar como invitada con la compañía de danza contemporánea de esa ciudad Su colaboración le valió ganar el Premio INBA-UAM por primera vez con Adentro indócil Después viajó a la ciudad de San Luis Potosí para dirigir la compañía Nucleodanza y posteriormente su propio estudio Con un ofrecimiento del gobierno de Michoacán, fue a trabajar a la Universidad de San Nicolás de Hidalgo en Morelia Tenaz, y decidida capacitó a sus bailarines y ganó por segunda ocasión el INBA-UAM con Cicatrices De nuevo en Mérida, donde Lourdes dirige la Compañía de Danza Contemporánea del estado Corazón líquido El último estreno de Luna, Corazón líquido, estuvo apenas unos días presentándose en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario Se trata --como en otras obras suyas--, de una puesta en escena de autorreflexión emocional A partir de un vocabulario complejo, original y de gran elaboración, el fraseo de Luna es absolutamente locuaz y significativo Alejada del mundo de la danza, un tanto montaraz y madre de 2 niños, la artista no tiene tiempo para caer en los lugares comunes y en uso de ciertas dinámicas que se encuentran de moda Lo suyo es totalmente fiel a sus convicciones, a una peculiar búsqueda de un vocabulario preciso y contundente capaz de expresar lo más profundo Así, en la escena, varios recipientes con tinta sangre evidencian el desangramiento de los intérpretes Con ávidos movimientos, los bailarines se sacan el corazón propio para estrujarlo sin fuerza y licuarlo Hábil y sensata para encontrar las mejores posibilidades de sus intérpretes, Luna muestra un equipo de trabajo vigoroso y con capacidad para movilizar al espectador de su butaca La obra, con música de Michael Nyman y Steve Reich, entre otros, es sensible, honesta y un tanto pesimista Su mensaje es claro y al mismo tiempo de gran belleza Es de predecirse que Lourdes Luna no se quedará por mucho tiempo en Mérida, quién sabe qué nuevos anhelos le surjan o hacia dónde decida dirigir sus pasos Se trata de una artista diferente, con una sensibilidad y una perspectiva de la vida absolutamente temerarias Y dentro de la burocracia artística, de apenas treinta años, Luna es un caso extrañísimo de talento, aislamiento y nomadismo

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