El clan Salinas, dinero y sangre

viernes, 10 de diciembre de 2004
México, D F, 9 de diciembre (apro)- El trato respetuoso a la lastimada familia de Enrique Salinas de Gortari, asesinado este lunes 6 en circunstancias extrañas, como dice el lugar común, no implica guardar silencio de las andanzas del clan encabezado por Carlos, que inició y concluyó su sexenio bajo el signo de la sangre y el dinero El homicidio del menor de los cinco hermanos Salinas de Gortari rebasa el ámbito de lo privado, no sólo por la relevancia del apellido y los asesinatos alrededor de él, de por sí de interés público, sino por los recursos económicos que han estado en juego, y que no hay elementos para colegir sean producto de un esfuerzo productivo honesto Evocar el gobierno de Salinas y la reputación del clan es necesario, también, para evitar que hacia el final de este sexenio se recrudezca la confrontación y se deteriore más el ya de por sí dañado tejido social Los perdedores serán los mexicanos más pobres que, no se olvide, son la mitad de un país sólo por ese hecho dividido El sexenio de Salinas, de principio a fin, estuvo manchado por la sangre: cuatro días antes de las elecciones de julio de 1988, Francisco Xavier Ovando y Román Gil Heráldez, colaboradores directos de Cuauhtémoc Cárdenas, fueron asesinados de cinco balazos en la cabeza Impunes quedaron los crímenes, igual que el fraudulento triunfo de Salinas, quien el mismo día de su toma de posesión, el 1 de diciembre de ese año, ordenó por primera vez en la historia contemporánea del país una “parada militar” en el Zócalo, que incluyó soldados vestidos de civil que secuestraron jóvenes para conducirlos al Campo Militar Número Uno, donde fueron objeto de tortura física y sicológica La decisión de instaurar una represión de Estado selectiva, que implicó la captura del líder petrolero Joaquín Hernández Galicia --castigado no por los servicios sucios al régimen, sino por una vendetta política, como acreditó después un juez--, se articuló durante todo el sexenio, y la prueba más clara fue el asesinato de cerca de medio millar de mexicanos identificados con una partido ajeno al de Salinas La represión selectiva tenía una razón: profundizar la aplicación del modelo económico con sus socios del PAN, al que hasta la fecha se apegan, y desmantelar la planta productiva nacional, con ganancias no sólo para los compradores, sino también para quienes instrumentaron el despojo: Salinas y sus socios La extraña muerte de Jesús Clouthier del Rincón, el 30 de septiembre de 1990, en Sinaloa, fue el preámbulo para asesinatos de personajes de renombre, aunque igualmente importantes que los anónimos perredistas El asesinato jamás esclarecido del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en mayo de 1993, sólo amplió el reguero de sangre en todo el sexenio, que continuó con la muerte de soldados y guerrilleros zapatistas, mexicanos todos, durante los primeros días del levantamiento armado en Chiapas, cuyas hostilidades sólo fue posible frenar por la presión de la sociedad y no por los ánimos pacifistas del régimen Dos homicidios más, tampoco plenamente esclarecidos y ocurridos dentro de la familia priista, coronaron al sexenio de Salinas: Luis Donaldo Colosio, delfín del jefe del Ejecutivo, y José Francisco Ruiz Massieu, exesposo de Adriana Salinas de Gortari, hermana de Raúl, sentenciado como homicida intelectual Paralelamente a los hechos de sangre se alzaron los grandes negocios, cuyo monumento mayor es la fortuna de más de 120 millones de dólares precisamente de Raúl, en cuya vida jamás se conoció alguna actividad que fuera capaz de producirle semejantes ganancias Ni él ni ninguno de los hermanos y la hermana, hijos todos de Raúl Salinas Lozano, secretario de Estado durante el sexenio de Adolfo López Mateos, cultivaron la empresa productiva Según los amigos de Raúl hijo, por cierto beneficiarios de privatizaciones y negocios con el poder, su fortuna obedecía a un plan para “generar empleos” Los indicios, sin embargo, apuntan al uso de la “partida secreta” de la Presidencia de la República durante la administración de Carlos, quien se mueve por todo el planeta con amplios recursos y opera su reivindicación pública que, tal como se ve, es lejana Ahora perece Enrique, de cuyo convenio de divorcio informó el semanario Proceso en la edición de la semana pasada, una vez más, no por inmiscuirse en la respetable vida privada de las personas, sino por los millones de dólares en el arreglo, cuyo origen es de interés público, como lo acredita también la petición de la Interpol para localizarlo Una vez más, también, se cierne la sospecha: el cadáver es incinerado y aparece una carta que habla de persecución “desde 1995”, que tiene el sello de Carlos Salinas, autentificada por el procurador Alfonso Navarrete, que quiere ser gobernador del Estado de México, como por el secretario general de Gobierno, Manuel Cadena, salinista confeso Y sí, origen es destino: Raúl y Carlos, cuando niños, dieron muerte a la joven empleada doméstica de la familia El hecho, desgraciado y producto de un accidente, es sin embargo la marca del clan Fox se aferra Las decisiones políticas con revestimiento jurídico que ha asumido el titular del Ejecutivo federal, Vicente Fox, sólo acreditan el rumbo de la confrontación, a rajatabla, con Andrés Manuel López Obrador, jefe de Gobierno del Distrito Federal (GDF), a quien, como dijo Jorge Castañeda, hay que parar a como dé lugar, “por las buenas o por las malas” Depuesto de la jefatura de policía del Distrito Federal, Marcelo Ebrard es muy probable que sea consignado por los hechos de Tláhuac, a fin de evitar pueda contender para suceder a López Obrador Ramón Martín Huerta, feliz Comentarios: delgado@procesocommx

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