Tufo político

miércoles, 8 de diciembre de 2004
México, D F, 7 de diciembre (apro)- Aunque previsible –incluso esperado-- el despido de Marcelo Ebrard como secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal provocó gran sorpresa, sobre todo por los argumentos esgrimidos por la Presidencia de la República y por la manera en que ocurrió, justo cuando el jefe de la policía capitalina comparecía en la Asamblea Legislativa La facultad que tiene el presidente para remover de su cargo tanto al procurador como al jefe de la policía capitalinos no está a discusión, los afectados podrán estar en contra de la decisión, pero saben que la deben acatar; lo que llama la atención es la manera en que ocurrió, ya que la decisión de Fox se presta a la especulación y la creación de hipótesis, aun cuando no queda duda de que, por lo menos, hubo mala coordinación entre las dependencias federal y capitalina para impedir el linchamiento de los dos agentes de la Policía Federal Preventiva en Tláhuac, y que era necesaria la destitución Veamos: El cese da la oportunidad a Marcelo Ebrard de montarse en el carro del complot que tantos beneficios redituó a Andrés Manuel López Obrador; le permite colgarse el traje de víctima y clamar con ahínco su inocencia Como López Obrador para la Presidencia de la República, Marcelo Ebrard encabeza las preferencias electorales de los capitalinos para la jefatura del Gobierno del Distrito Federal en el 2006, incluso, con Marta Sahagún como hipotética abanderada del PAN y el desprestigio del PRD por los escándalos de algunos de sus militantes (René Bejarano, Rosario Robles, Ramón Sosamontes, etcétera) Por lo tanto, no es descabellado plantear --aparte de la “incompetencia e incapacidad” que arguye la Presidencia en el caso Tláhuac--, que la remoción tiene también un fin político electoral De esta manera, en Los Pinos, o incluso los asesores de Fox, pensaron que despejaban el camino de una piedra incómoda para algún candidato de su preferencia –a la mejor ni siquiera de PAN Si la decisión se queda en el simple despido, Marcelo Ebrard sale ganando, porque al ser uno de los personajes con mayor influencia en el gobierno capitalino y de los hombres de confianza de López Obrador, es lógico pensar que en los próximos días estemos presenciando el anuncio de su nuevo cargo en la administración perredista que gobierna la Ciudad de México, lo cual permitirá al exsecretario de Seguridad Pública seguir en el candelero político y catapultarse rumbo al Antiguo Palacio del Ayuntamiento, donde despacha el jefe del GDF, lo cual su detractores intentarán impedir Como las investigaciones para deslindar responsabilidad continúan en la PGR, no es descabellado pensar que al tiempo que Ebrard se mantiene en la escena política capitalina, la Procuraduría que encabeza el general Rafael Macedo le finque responsabilidades penales e integre una averiguación en su contra, lo que lo colocaría en la misma situación de Andrés Manuel López Obrador, en la antesala de la cárcel y, lo más interesante, fuera de la contienda electoral del 2006 para la jefatura del GDF Pese a que los argumentos de las autoridades federales sean válidos y estén sustentados en la ley, para los capitalinos que simpatizan con el sol azteca, el mensaje será el que López Obrador se ha encargado de difundir: el complot en contra de la “esperanza” que representa un gobierno de izquierda Si es enjuiciado, Ebrard quedará, también, como un “mártir de la democracia”, como lo ha hecho López Obrador De cualquier manera, por el momento, el despido representa para el extitular de la SPP capitalina una “caída para arriba”, que despide un intenso tufo político Comentarios: jperez@procesocommx

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