Estados Unidos: el arrancadero electoral

lunes, 9 de febrero de 2004
Aunque todavía falta un largo camino por recorrer, finalmente con el inicio de las elecciones primarias entre los demócratas se puso en marcha la maquinaria electoral en Estados Unidos La atención se ha centrado, por el momento, en quién será el candidato presidencial de este partido y si podrá desafiar con posibilidades de triunfo a George W Bush en las elecciones de noviembre Una apuesta imprevisible ante los nueve meses que faltan y la multiplicidad de acontecimientos que pueden ocurrir en ellos Existen sin embargo algunos hechos que pueden considerarse desde ahora Llama por ejemplo la atención, que pese a las dudas sobre la resolución de la elección presidencial del 2000, que desnudó el anquilosamiento y los vicios del sistema electoral estadunidense; a sacudimientos tan profundos como los atentados del 2001 y la guerra de Irak; a la erosión de la economía y la legalidad internas, la contienda vaya a desarrollarse en los mismos términos de siempre Pese a que ha habido 700 iniciativas para modificar la ley electoral de Estados Unidos, y después del fiasco de la Florida, se dio por descontado que habría una más, pero no pasó nada Tampoco se alteró la oferta política Aunque subsisten por lo menos diez partidos de diversas denominaciones (ninguno que pudiera llamarse ciertamente de izquierda), la confrontación será entre los mismos de siempre: republicanos y demócratas Y no sólo eso, sino que la polarización política del país parece ser la misma que enfrentó hace cuatro años a George Bush con Albert Gore Entonces los demócratas y sus bases electorales buscaban impedir a toda costa que Bush llegara a la Casa Blanca Ahora se trata de sacarlo La gran pregunta es si habrá otra vez una votación copiosa o si el abstencionismo volverá por sus fueros Por lo pronto y como siempre, el peso decisivo radica en la recaudación de fondos y en la presencia mediática El dinero y la imagen En todo caso, los demócratas empiezan a despertar del largo letargo posterior a la derrota de Gore y los acontecimientos que los llevaron a cerrar filas con la nación, independientemente de su posición partidaria Pero aunque ya se calentaron los ánimos y se perfilan los probables candidatos, el Partido Demócrata está todavía muy lejos de ofrecer un liderazgo y un discurso común Estos tendrán que construirse durante los próximos meses De hecho, la campaña para definir al candidato demócrata ha sido más un periodo de erosión que de construcción Con nueve precandidatos de arranque, de los cuales por lo menos cinco desde el inicio no tenían la mínima oportunidad de llegar, tiempo dinero y esfuerzo se dispersaron, con el resultado de que figuras y corrientes importantes del partido aparecieron apoyando a diferente aspirantes y, el que más, apenas logró reunir 40 millones de dólares para su campaña, mientras que otros no llegaron ni a la décima parte Y ya se sabe, que en Estados Unidos el que no tiene dinero no llega Pero no conformes con esta dispersión de imagen y de recursos, los aspirantes a la nominación se tiraron a matar entre ellos, una práctica que puede ser muy democrática, pero que deja heridas muy difíciles de sanar para una posterior candidatura común y envía señales de desunión hacia los electores Peor aún, los argumentos ni siquiera fueron programáticos, sino de descalificación personal, lo que le confirió un bajo nivel a la eliminatoria Es más, en su afán por alcanzar la candidatura presidencial, los precandidatos demócratas casi se olvidaron de quién es su verdadero rival, a pesar de que la administración Bush ofrece múltiples puntos de ataque por mentirosa, abusiva, corrupta, unilateral y violenta Y los ejemplos están a la mano: las inexistentes armas de destrucción masiva, el caos en Irak, los contratos sospechosos de Halliburton, el escándalo de Enron, la limitación de las libertades civiles, el recorte de los programas sociales, la pérdida de empleos, la concentración de capital … y más Apenas ahora que los punteros empiezan a definirse y que la recta final se torna decisiva, los precandidatos demócratas empiezan a levantar la voz y a acordarse de que tienen un contrincante externo que vencer De hecho, después de las dos primeras rondas eliminatorias, John Kerry, Howard Dean, John Edwards y Wesley Clark, los cuatro aspirantes que tienen todavía posibilidades de ser nominados, se lanzaron contra Bush, aprovechando, por lo demás, el fuerte bache por el que atraviesa el presidente republicano Lo interesante, sin embargo, será si a lo largo de la campaña sostendrán esta posición crítica o si la irán matizando en función de los temas que puedan herir la susceptibilidad de potenciales electores No hay que olvidar, que en la última elección presidencial republicanos y demócratas intentaron tanto acercarse a una inocua posición de centro, que por momentos casi no se distinguían sus plataformas Pero los demócratas dicen ahora que en su campaña Bush se presentó como un moderado, pero ha gobernado como un radical de derecha Esta sería tal vez la veta a explotar El problema es que los electores no partidistas, que habitualmente son los que definen las elecciones, no suelen fijarse en estas sutilezas ideológicas, sino reaccionan a estímulos concretos que afectan –o creen que afectan– su vida cotidiana Y estos estímulos casi siempre están sujetos a vaivenes circunstanciales o al manejo mediático que se hace de ellos Así, lo que es válido en un momento, puede ya no serlo en otro Uno de los mejores ejemplos de la volatilidad de la opinión pública estadunidense, lo ofreció en fechas recientes el semanario Newsweek Mientras que en su número del 19 de enero colocaba a Bush literalmente “en los cuernos de la luna”, a la semana siguiente publicó una encuesta según la cual, si las elecciones presidenciales se realizaran ahora, el puntero demócrata, John Kerry, derrotaría al actual inquilino de la Casa Blanca La primera argumentación tenía su lógica Al postularse para su reelección, Bush no había tenido que pasar por el desgaste de confrontarse en una eliminatoria con otros aspirantes republicanos Las bases de su partido lo apoyan en forma casi unánime y gracias al gran empresariado que se ha beneficiado con sus políticas, ha logrado ya reunir más de 130 millones de dólares para su campaña La detención de Sadam Hussein, el abandono de los programas nucleares y de armas de destrucción masiva por parte de Irán y Libia y la leve pero perceptible recuperación de la economía, también abonaron a esta causa Pero la erosión del ejercicio del poder también está presente El discurso sin vacilaciones, sobre todo en materia de terrorismo y de la guerra en Irak, que le ha conferido el apoyo de muchos y una imagen de sólido liderazgo, ya empieza a cansar a otros Esto se notó particularmente después de que Bush en su discurso anual sobre el Estado de la Unión volvió a agitar los mismos fantasmas externos de siempre y no ofreció prácticamente ninguna novedad para la desmejorada situación doméstica Y justamente sus argumentos predilectos de seguridad son los que están en entredicho La situación en Irak es caótica y los atentados crecen a la par de las bajas estadunidenses Pero, además, se combinaron las revelaciones del ex secretario del Tesoro, Paul O’Neill, sobre el hecho de que Bush había decidido invadir Irak ya antes de los atentados del 11 de septiembre, y la renuncia del jefe de inspectores de armas de destrucción masiva, David Kay, quien como sus antecesores llegó a la conclusión de que Sadam tal vez tenía programas, pero de ninguna manera arsenales que pusieran en peligro la seguridad mundial Estos dichos sólo confirmaron lo que ya se sabía, pero cayeron en una coyuntura política diferente, que es el arranque de la carrera electoral Y no será cuestión de que los demócratas dejen pasar una oportunidad así para explotarla en sus campañas De hecho, inmediatamente empezaron a hacerlo Por lo demás, tienen la mesa puesta No necesitan ni siquiera cuestionar los programas de seguridad o la guerra, sino resaltar que el presidente mintió; algo muy sensible para la ciudadanía norteamericana, como se demostró con Clinton en el caso Lewinsky Lo más importante de este mal momento por el que pasa Bush, empero, es la repentina percepción de que sí puede perder la reelección y no es invencible como lo hacían parecer, coincidentemente, la propaganda oficial, los medios y las encuestas Y este viraje en el imaginario colectivo, puede tener una influencia crucial en la intención de voto Pero esto apenas empieza y ambos bandos saben jugar rudo Sea quien sea el candidato demócrata, filtraciones, espionaje cibernético y documental, revelaciones íntimas, acusaciones falsas, chantajes y otras lindezas estarán a la orden del día durante los próximos meses Sin contar con que algún elemento circunstancial pueda alterar el curso de todo el proceso electoral ¿Qué tal la detención de Bin Laden o un nuevo atentado?

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