Buena muerte

lunes, 31 de octubre de 2005
México, D F, 31 de octubre (apro)- Queridos insensatos y confusos mortales: les escribo para decirles que su angustioso interés y debates sobre la eutanasia son, en el mejor de los casos, una utopía; en el peor, una obscenidad En el mejor, porque pretenden limarme los colmillos; en el peor, porque por olvido, estupidez o cinismo no toman en cuenta esa su realidad que hoy viven Aunque no me lo crean, comprendo y simpatizo con eso de que su bondad se agite y hasta se desgarre afligida entre el suicidio y el homicidio piadoso, esto es, que sientan que se parte en dos ante quien, sintiendo una enfermedad mortal de necesidad, solicita que le quiten la vida para poner fin a sus sufrimientos físicos y espirituales, para tener una buena muerte Por eso estoy, en gran medida, con los partidarios de la eutanasia, porque con ella persiguen preservar hasta el último momento, por todos ustedes tan temido, la dignidad del hombre ¡Bravo! Eso está muy bien, porque muy bien habla de los que sostienen, defienden y luchan por tal posición que, por otra parte, en nada perjudica a esta su segura servidora, que puede ser indiferente e incluso implacable, pero en nada una fría calculadora de crueldad como, en general, pueden serlo los humanos Lo que me causa risa, a la vez que me indigna, es ver que por olvido, estupidez o cinismo ?ustedes juzgarán el motivo? en ese su hoy estén practicando lo que ya algunos de ustedes han definido como eutanasia eugénico-económica, forma pervertida de la misma, pues en ella el sacrificio de las vidas ajenas, las de los otros, no sólo carece del consentimiento previo y libre de los victimados, sino hasta de la finalidad piadosa de suprimir su dolor y tiene en cuenta únicamente objetivos pragmáticos, como por ejemplo: o bien el mejoramiento de la raza, que generó la infamia de las cámaras de gas y los campos de exterminio en la Alemania nazi, o bien el fundamentalismo económico que está viviendo hoy Vean: el nuevo orden internacional en el que respiran, el de la globalización del libre mercado y la libre competencia, que a bombo y platillo no desperdicia ocasión de proclamar machaconamente que a todos beneficia, habla lo menos posible de que cada día mueren en el mundo más de 30 mil niños por el simple hecho de ser pobres, pobres en gran medida debido a ella Y esos niños mueren sin habérseles pedido y mucho menos dado su consentimiento para morir por ser pobres Y a esos niños no se les evita que mueran torturados por los mordiscos del hambre, los espasmos de las diarreas, enmedio de convulsiones producidas por la malaria, que por ejemplo mata en África a más personas que el sida, a dolorosas complicaciones de enfermedades de las que habrían podido curarse con un mínimo de atención sanitaria que no pudieron alcanzar por su pobreza A esas muertes, por si fueran pocas, tienen que añadir las de adultos, hombre y mujeres, y las de ancianos que mueren miserable e indignamente también por ser pobres Y no me vengan con que deliro al asociar esas muertes con la globalización, ¿pues que, no estadísticas de respetables instituciones internacionales, como la ONU y la FAO, por ejemplo, no confirman que la mentada globalización está concentrando cada vez más y más en menos manos la riqueza y haciendo más profunda y extensa la brecha que separa a los ricos de los pobres? ¿Entonces? El fundamentalismo del libre mercado, no contento con ser permisivo con tanta mala, de indigna, muerte, también condena, en su insaciable persecución del beneficio, a otros millones de seres humanos a una vida de carencias, miserable e indigna por lo tanto Ahí están las estadísticas que una vez más confirman que no miento Ante esta realidad irrefutable, la de tantos miles, de millones de malas muertes, la de tantos miles de millones de malas vidas, consentidas y en gran medida propiciadas por la globalización neoliberal pregunto: ¿qué caso tiene que suden y se acongojen y se desgarren por la legalización o no legalización de la eutanasia que beneficiaría o perjudicaría, en todo caso, a un reducido número de los de su especie? Mis muy queridos insensatos y confusos mortales: por estos hechos que les he expuesto en la presente, es que considero y les digo que su angustiada preocupación y apasionados debates sobre la eutanasia es o bien una utopía o bien una obscenidad Sin más, su inevitable y segura servidora LA MUERTE