El Salvador: "Enjambre" de violencia

lunes, 26 de diciembre de 2005
San Salvador, 26 de diciembre (apro) -- La violencia en El Salvador no parece tener límites La ola de homicidios no se detiene pese a los incontables planes gubernamentales para tratar de ponerle freno, especialmente a través de la represión a las pandillas llamadas maras, que en la actualidad se han transformado en bandas criminales organizadas de manera sofisticada El lema presidencial de "a los malacates les llegó la hora" --slogan con el que el presidente Antonio Saca inauguró su administración en junio de 2004-- ha caído en "saco roto" en año y medio En su más reciente Carta Pastoral, la Conferencia Episcopal de El Salvador, señala el "enjambre de violencia" que padece esta nación centroamericana de 67 millones de habitantes "A la violencia doméstica y a la delincuencia común se añade la pavorosa violencia de las pandillas juveniles o maras, del narcotráfico y del crimen organizado", señala la misiva Pero la Iglesia Católica también aclara que en los medios de comunicación aparece en primer lugar la violencia que ejercen los pandilleros, "dejando la impresión de que ellos son los principales responsables de las muertes violentas que ocurren cada día" "Se asesina para robar, se asesina por venganza, se asesina por encargo, se asesina bajo el efecto del alcohol o las drogas, se asesina casi siempre con armas de fuego que circulan prácticamente sin control, se asesina a sangre fría, se asesina con lujo de barbarie y en completa impunidad; y hay quienes afirman que se asesina incluso como método de limpieza social", sentencia la carta de la Iglesia Católica Todo ello cuando están vigentes varios planes gubernamentales acuerpados en el Plan Súper Mano Dura, con el cual el presidente Saca se reivindica diciendo que están encarcelados casi 4 mil pandilleros "¿Qué pasaría si éstos criminales no estuvieran en la cárcel?", cuestiona el mandatario El acto criminal que más agobia a El Salvador son los homicidios Según estadísticas de la propia policía, éstos llegaron el año pasado a la cifra de 2 mil 700, para un promedio diario de 76 En el presente año dicha cifra se ha disparado a 3 mil 300 entre enero y noviembre, para un promedio de 10 homicidios diarios Las estadísticas oficiales también indican que en 2003, cuando no se habían implementado los planes de Mano Dura --que iniciaron con el gobierno de Francisco Flores y que continuaron con el de Saca--, la tasa de homicidios se situaba en 34 asesinatos por 100 mil habitantes En la actualidad la tasa es de más de 50 por cada 100 mil habitantes, el doble de la media latinoamericana "Lo que se percibe es un rotundo fracaso de la política de Seguridad Pública del Estado Salvadoreño, que desde mi punto de vista lo que ha perseguido hasta el momento es despojar al Estado de esa función para que proliferen las empresas privadas de seguridad En ese sentido, se escogió a las maras como enemigo número uno de la tranquilidad ciudadana, lo cual ha tenido un enorme rédito político para el gobierno y su partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA)", asegura a Apro el director del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (Idhuca), Benjamín Cuellar "El problema de las maras era grave antes del impulso de los planes de Mano Dura, pero al atenderlo con medidas represivas y para sacar provecho político --despliegue publicitario--, lo que se logró fue que las pandillas perfeccionaran su actuación", señala Cuellar Dicho en palabras de la Conferencia Episcopal: "Ante el clamor ciudadano, el gobierno (de Antonio Saca) ha puesto en marcha distintas iniciativas para poner remedio a esta plaga (el pandillerismo) Sin embargo, los resultados no son los que se esperaban Incluso las estadísticas oficiales indican que el número de homicidios va en aumento Las acciones contra las pandillas juveniles o maras han estado en el centro de la estrategia de las autoridades de seguridad pública, pero da la impresión de que las acciones violentas han generado más violencia Solicitamos a nuestras autoridades gubernamentales una política que concretice los programas de prevención, rehabilitación e inserción social con una suficiente inversión económica y otros recursos que aseguren la solución del problema de la violencia que sufre el país" La transformación de las maras hacia formas de delincuencia organizada es un hecho que admite incluso el gobierno Por ejemplo, Armando Echeverría, director del Programa de Rehabilitación de Pandilleros en el Consejo Nacional de Seguridad Pública (CNSP), dice que las maras ya no son pandillas juveniles como las que se originaron en las ciudades californianas en décadas pasadas a raíz de las olas migratorias de salvadoreños y centroamericanos que huían de las guerras civiles "En la actualidad son bandas criminales ligadas a los narcotraficantes, traficantes de armas, al sicariato y a las extorsiones", apunta el funcionario, quien explica que antes los integrantes de estas pandillas de identificaban por los tatuajes que usaban en sus cuerpos, pero en la actualidad no se tatúan para pasar inadvertidos, además de que usan armas de guerra y teléfonos celulares Sólo para que se tenga una idea del poder de las maras, en El Salvador tienen un ejército de más de 30 mil miembros, de los cuales menos de 4 mil están presos, pero al mismo tiempo, la cárcel les ha servido para reagruparse, reconocerse y crear liderazgos a nivel nacional Cuellar no es optimista Considera que la criminalidad no disminuirá el próximo año, aunque el gobierno de Saca haya sustituido al director general de la policía, Ricardo Menesses y haya puesto en su lugar al viceministro de Seguridad Pública y Ciudadana, Rodrigo Avila "Son cambios cosméticos, o más bien, lo que existe es un reciclaje del mando de Seguridad Pública Hay que tomar en cuenta que la policía ha venido en un proceso de franco deterioro, con procesos de militarización y de distanciamiento del control ciudadano En ese sentido, de ser la policía hija predilecta de los acuerdos que pusieron fin a la guerra civil en El Salvador, en la actualidad y paradójicamente, es una de las instituciones más maltratadas en nuestro país", afirma Cuellar

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