Nocturno incidente II

lunes, 27 de junio de 2005
México, D F, 27 de junio (apro)- Apreciados lectores: cumpliendo con mi promesa, aquí tienen la continuación de mi incidente nocturno Pues sí, mis estimados, les juro que cuando la estrafalaria e inquietante figura, apoyándose en su muleta, se irguió frente a mí y dijo que era la Democracia, por poco doy de nalgas en el pavimento Si no fue así, se debió a que mi desconocida me sujetó con insospechada fuerza Repuesto de la sorpresa, intenté zafarme No pude Los dedos de su siniestra argolla de acero en mi brazo derecho, lo impidió Comprendí que lo hacía para asegurarse que escucharía sus siguientes palabras: --Oh, tú que me miras y tomas por prostituta en decadencia, sábete que mi lamentable aspecto se debe a que en cuanto me concibió tu paradójica especie, en contradicción con el significado del nombre que me dio, de autoridad o gobierno del pueblo o soberanía de los más, me puso al servicio de los menos Recuerda que para mis padres, sus admirados griegos, yo fui instrumento de los privilegiados ¿Pues no en las ciudades-Estado de la Grecia clásica un puñado de ciudadanos del sexo masculino decidía el curso de la política pública, imponiendo su sacrosanta voluntad a una multitud de mujeres y esclavos? Y en la antigua Roma, la plebe, la masa de los hombres libres, ¿no tuvo que sostener una larga lucha por sus derechos? ¿Y para qué? ¡Para ser los comparsas del poder en turno! Más tarde, en el largo letargo medieval, en un principio poco tuve que ver en las luchas por el poder entre los privilegiados de la época, Iglesia, reyes por la voluntad divina y nobleza En ese tiempo, los intentos de la plebe, los más, por formar parte del gobierno, frecuentemente, como no podía por menos de ocurrir en esos días de fe rayana en fanatismo, tales intentos, y más cuando se hicieron en nombre de la religión, fueron reprimidos a sangre y fuego por considerarlos heréticos Posteriormente, en el mismo medioevo, una clase integrada por mercaderes, artesanos dueños de talleres y banqueros (comerciantes del dinero) fue paulatinamente adquiriendo fuerza y prestigio, y sintió que tenía todos los merecimientos para formar parte del poder detentado por los reyes y los nobles; poder basado en una economía centrada en la posesión de la tierra, en la agricultura, en la ganadería Este poder, hijo de la cultura feudal, se presentaba como muro infranqueable a la que estaba creando esta clase en auge, cultura cimentada en el progreso del mercado, la industria, las finanzas y el transporte Para superar tal muro, se valieron de diversos medios A veces, colaboraron activamente con reyes y nobles en sus implacables represiones contra las revueltas populares, de los más En otras ocasiones, oponiéndose a reyes y nobles enarbolando la bandera de la libertad y de la libre iniciativa, consiguiendo así la entusiasta colaboración de las multitudes atadas a la noria de sus necesidades cotidianas; colaboración que fue determinante en sus luchas decisivas contra el viejo orden Luchas que terminaron con su completa victoria ¿Y todo para qué? Para que esas multitudes atadas a la noria de sus necesidades cotidianas, fueran comprobando, una y otra vez, que toda la deslumbrante y ardiente retórica sobre una servidora, cuando del poder se trata, ¡oh manes de Pareto, Mosca y Michels!, poco tiene que ver con la lucha de clases y responde más bien a una circulación, ocupación y ejercicio del mismo por elites, que lo emplean en su beneficio, hecho que no pocas veces enmascaran, hipócritamente, con solemnes prédicas de elevados principios y desvergonzadas referencias al interés general Reflexiona La mundialización que viene hoy, donde las soberanías nacionales, y por lo tanto del pueblo, los más, se subordinan a los intereses y libre circulación del capital y al libre mercado, ¿no confirman lo que he dicho? ¿Te disgusta mi aspecto? Pues ten en cuenta que si así me ves, es porque así estoy por lo que ya te dije: que a la ambición de unos, la codicia de otros, a la sumisión de los de allá, a la desidia de los de aquí, a la pusilanimidad de los de acullá, a la ignorancia de tantos y a la estupidez de todos se debe el que no haya podido alcanzar ni alcance la belleza que en conjunto me han deseado y siguen deseándome? Al decirme las últimas palabras fue acercando más su cara a la mía El fulgor de sus verdes ojos ofuscó mi vista Me dio una sacudida y sentí que iba hundiéndome en una oscuridad cada vez más negra Bueno, no sé si todo lo anterior fue realidad o sueño, pues los amigos que me han visitado en el sanatorio donde me encuentro y al que fui traído inconsciente, dicen que por haber sido golpeado por algún vehículo que se dio a la fuga, opinan, al contarles mi noctívaga aventura, que fue imaginación mía, provocada por los tragos y la apasionada discusión que habíamos tenido sobre política y sociedad ¿Qué creen ustedes? Mas realidad o sueño, ¿qué piensan de lo que me dijo mi dama de la noche? ¿Ven la posibilidad de que podamos darle la belleza que queremos que tenga? ¡Más nos vale! Con afecto para todos JUAN I LUSO

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