Paraguay, un pueblo maravilloso comandado por una mafia política

lunes, 8 de agosto de 2005
* Reflexiones del pintor Carlos Colombino, quien expone en México * Presenta una serie de obras que hablan de la dictadura en aquel país México, D F, 8 de agosto (apro)- Para el pintor Carlos Colombino (Paraguay, 1937) su obra es la expresión de una lucha por la vida: "Un testimonio para decir ?no nos han matado, estamos vivos todavía, no han podido acabar con nosotros" El también director y fundador del Centro de Artes Visuales/Museo del Barro, de Asunción, expone por primera vez en México, en el Museo José Luis Cuevas, con un conjunto de obras que dan cuenta de sus más de cuatro décadas de trayectoria artística Una selección en la cual se puede ver no sólo un estilo constante, plasmado por su casi monocromática paleta y por la dureza de sus formas y figuras, sobre todo se puede ver constancia en sus temáticas y preocupaciones centradas principalmente en su propio país: la dictadura que sufrió con Alfredo Stroessner de 1954 a 1989, y la situación actual, que en su opinión es una "transición hacia la nada" Entrevistado en el Museo Cuevas, en el antiguo convento de Santa Inés en el Centro Histórico de esta ciudad, Colombino explicó que desde hace tiempo conoce a José Luis Cuevas, quien donó una obra para el Museo del Barro, y fue quien lo invitó a exponer Relató que en aquel momento lo vislumbró como un suceso imposible, "porque nosotros no tenemos en Paraguay un sistema para exportar la buena imagen del país; exportamos la mala imagen, porque esa se exporta sola: los ladrones, los políticos, los dictadores" Así que, agregó, salvo la imagen de los jugadores de futbol, la de algún músico importante que de repente llegue a destacar, y por supuesto la del recién fallecido escritor Augusto Roa Bastos, no se conoce a Paraguay porque, siendo un país pobre, no tiene forma de promoverse Incluso comentó que cuando el embajador de México en Paraguay, Antonio Villegas, le comunicó al gobierno paraguayo que deseaba organizar esta exposición, la respuesta fue que no era posible, pero finalmente el ministro de Hacienda, Dionisio Borda, decidió apoyar el proyecto y así se logró la muestra La colección es un recorrido por su trayectoria Contó que realmente se inició en España pero al volver a su país, a principios de los años sesenta, la situación política era tan fuerte que sintió la obligación y necesidad de responder de alguna manera Así surgieron en sus cuadros figuras humanas mutiladas, descabezadas, torturadores y torturados, y representó a Stroessner mediante una cuerda con las siglas USA (Estados Unidos), para expresar que el vecino país del norte mantenía en el poder al dictador, pese a hablar en sus discursos de democracia El ensayista y crítico de arte paraguayo, Ticio Escobar, escribe en el catálogo de obra de Colombino: "Esos seres desmembrados, sombras de sí mismos, expresan, a su vez, la brutalidad de una circunstancia política que trasciende el mero hecho anecdótico, y se convierte en un alegato firme contra todas las formas de opresión y violencia que universalmente denigran al ser humano" "Nada sirve" Vino luego una serie inspirada en el trabajo del grabador renacentista Alberto Durero Creó más de 200 cuadros durante más de diez años, para hablar de la destrucción del Paraguay Vendría más adelante otra década y otra serie pero igual aparecen cuerpos pétreos, sin ojos, sin bocas, mutilados: "Es la consolidación absoluta de la dictadura Esta serie duró los ochenta y parte de los noventa A finales de esa década se va la dictadura, pero no del todo, quedan muchos aspectos negativos, entonces hice una serie llamada Canibalismo No pude traer ni un cuadro porque son de formato muy grande" A falta de imagen, describió entonces uno de los cuadros, La última cena, donde con la imaginería de las tradicionales "últimas cenas", plasma un grupo de seres humanos donde se devoran unos a otros Tras el fin de la dictadura, relató, se pensó que habría una esperanza, pero ésta también se acabó y comenzó un periodo de "transición a la democracia", en el cual él no confió: "Creo que es una transición hacia ningún lado, porque no creo que en mi país exista la democracia; es una transición a cualquier parte, a la nada, y comencé a trabajar con los fantasmas que uno tiene dentro, hice por ejemplo, aquella silla y el zapato (señala un par de cuadros), cosas que no sirven para nada Es el país que no sirve para nada, nosotros que no servimos para nada, o sea, somos un pueblo maravilloso comandado por una mafia política, ¡terrible! Y creo que es igual que acá --Se le nota la desesperanza --¡Desesperanza!: La pobreza, la corrupción, la inseguridad, todos esos elementos ingresan de una forma brutal y cambian el sentido de la vida Por otro lado, también cambia en mí que ya estoy más allá de la juventud, estoy al término de mi vida, por lo tanto también ingresa eso, quizá para ya no darme tiempo, ya no tengo tiempo, el poco tiempo que me queda es el tiempo de la desesperanza, a pesar que trabajo en el campo cultural para hacer que Paraguay cambie, tenga otro imagen, uno ya se siente agotado El artista contó que ha sido duro trabajar en el arte en un país como Paraguay, pero que afortunadamente no acabó por anularlos porque, con otros creadores, formó instituciones paralelas, entre ellas el Museo del Barro, e impulsaron, así mismo, comisiones para luchar por la democracia y los derechos humanos: "Esto nos ha salvado a unos, a otros les valió el exilio, como el caso de Roa Bastos, que escribió Yo el supremo en Buenos Aires; no lo hubiera podido escribir en otro lado A nosotros no salvó este exilio interno, crear instituciones y grupos de trabajo alternativo en contra de la dictadura" La exposición de Colombino se inauguró el pasado 28 de julio en el Museo Cuevas, y estará abierta al público hasta el próximo 14 de septiembre

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