El papel de las encuestas

martes, 11 de abril de 2006
Los candidatos sueñan con las encuestas Las ven todos los días, mañana, tarde y noche: las descifran, las interpretan, las aclaran, las comentan -jubilosos, ecuánimes, sombríos o desconsolados Las encuestas determinan sus rasgos más visibles en las estrategias de campaña: audaces o precavidos, ofensivos o defensivos, alegres o abatidos Pero también definen la percepción que los ciudadanos tienen del proceso electoral Muchos votan en función de las encuestas: ¿Para qué votar en contra de un candidato que de todas maneras ya ganó? O bien: ¿Para qué votar a favor de un candidato si de todos modos no gana, para qué desperdiciar el voto? López Obrador lleva ya varios años arriba de las encuestas de intención de voto, pero cualquier cambio es bueno para sus adversarios El mes pasado, el PRI dio a conocer unos sondeos para clamar que era de nuevo la segunda opción: había dejado de ser la tercera Este mes, el PAN publicó un desplegado titulado Las encuestas lo confirman: Felipe Calderón va a ganar, que destacaba los resultados de GEA/ISA, notablemente atípicos, según los cuales Calderón tenía ya 36% de las preferencias, por arriba de López Obrador Una cosa es cierta: Todas las encuestas serias coinciden en destacar, en marzo, la baja del candidato del PRD y el ascenso de los candidatos del PAN y del PRI A mediados de marzo, Consulta Mitofsky levantó una encuesta que arrojó estos resultados: López Obrador, 375%; Calderón, 306%, y Madrazo, 288% En ese período, Marketing Político realizó a su vez otra encuesta que tuvo resultados similares: López Obrador, 37%; Calderón, 32%, y Madrazo, 29% Un poco más tarde, Ulises Beltrán y Asociados publicó otra encuesta que dio estos resultados, interesantes: López Obrador, 36%; Calderón, 34%, y Madrazo, 28% Ulises Beltrán advirtió que levantó la encuesta en plena campaña negativa contra el candidato del PRD, por lo que sus resultados son probablemente coyunturales, no permanentes Incluso así, resulta válida la pregunta que hace Jaime Sánchez Susarrey: "¿Estamos ante un ligero traspié de AMLO que no altera la situación general o, por el contrario, nos encontramos ante una inflexión en las tendencias que se acentuará con el paso del tiempo?" ¿Es una oscilación sin importancia o un punto de quiebre? Lo vamos a saber a finales de este mes, después de Pascua Las encuestas marcan, sin duda, el carácter de las elecciones Pero al mismo tiempo no son garantía de nada: pueden estar equivocadas En 1988, la encuestadora Gallup falló por completo al darle a Salinas una victoria muy holgada frente a Cárdenas La razón era clara: El régimen inspiraba miedo a los ciudadanos, que no decían lo que pensaban (como sucedió también en 1989 en Nicaragua, otro régimen autoritario, donde las encuestas sin excepción vaticinaban la derrota de Violeta Chamorro) En 1994, por el contrario, las encuestas acertaron al predecir el triunfo de Zedillo (muy amplio: 49%) frente a Fernández de Cevallos y Cárdenas Pero en 2000, una vez más, la mayoría de las indagaciones hechas públicas falló: le daban la victoria a Labastida, quien al final obtuvo nada más 37% de los votos, frente al 43% de Fox Las excepciones fueron María de las Heras, Arcop y GEA/ISA, pero los grandes medios no las publicaron (la de María de las Heras, una de las más acertadas, salió en un diario pequeño de Estados Unidos) A pesar de todo, las encuestas desempeñaron en 2000 un papel determinante: fueron una especie de primera vuelta, dejaron claro que nada más podían ganar dos candidatos, Fox y Labastida, y en ese contexto una proporción muy alta de perredistas (uno de cada cinco en el Distrito Federal) decidió votar contra su candidato, Cárdenas, para sufragar por el único que podía "sacar al PRI de Los Pinos" Varios analistas afines al PAN han subrayado que Calderón tiene que despegarse de Madrazo para consolidarse como la única opción frente a López Obrador Sólo así podría suceder lo que pasó en 2000: un grupo importante de ciudadanos con intención de votar por el PRI sacrificaría a su candidato para impedir el triunfo de un mal mayor, la victoria del candidato del PRD El problema es que, si bien es necesario que el PRI caiga para que el PAN suba (que muchos priistas voten como panistas, al menos en la elección presidencial), también es indispensable que no baje demasiado, pues el beneficiario de esa caída sería el PRD En los primeros tres meses del año, cuando su partido descendió en las encuestas hasta el tercer lugar, alrededor de 3 mil priistas con una militancia promedio de 25 años, entre ellos dos docenas de diputados, desertaron de sus filas, muchos por el rechazo a Madrazo, otros por la definición de las listas para el Congreso Algunos dejaron el PRI por Nueva Alianza, como los líderes del SNTE; otros, por el PAN, como el presidente del Congreso de Puebla Pero la mayoría lo hizo por el PRD Alrededor de 2 mil 500 de los desertores fueron a parar a la coalición Por el Bien de Todos, entre ellos varios que los dirigentes perredistas registraron ya como sus candidatos al Senado: Edilberto Buenfil por Campeche, Raúl Sifuentes por Coahuila, Víctor Anchondo Paredes por Chihuahua, Juan José Flores por Querétaro, Víctor Manuel Gandarilla por Sinaloa Andrés Manuel es un expriista que ha fortalecido su base política a partir de sus vínculos con ese partido, y su triunfo en 2006 podría significar no tanto el fin como la refundación del PRI Por eso Calderón, si quiere convertirse en la única alternativa a López Obrador, tiene que ser muy delicado en su labor de demolición del PRI Una desbandada priista en Guanajuato acabaría probablemente en el PAN Pero una desbandada priista en Chiapas o Oaxaca iría a dar indudablemente al PRD

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