El Flautista de Hamelin

lunes, 20 de abril de 2009
MÉXICO, D F, 15 de abril (apro)- Más que una visión "optimista", como se describe en el programa de mano, El flautista de Hamelín, que recientemente estrenó la compañía Teatralnaya en el Teatro de la Ciudad Esperanza Irís, es una versión "cachirulesca" (con todo respeto para don Enrique Alonso y su Teatro Fantástico), del cuento clásico de los Hermanos Grimm, retomado por la autora estadunidense Josephine Preston Peabody
La ciudad de Hamelin estaba infestada de ratas y un día apareció un hombre que, a cambio de una recompensa, les libraría de todas las ratas El flautista empezó a tocar su instrumento y todas las ratas empezaron a caminar hacia donde la música sonaba Una vez reunidas en torno al flautista, siguieron la música hasta el río Weser, donde murieron ahogadas
Cumplida su misión, el flautista volvió al pueblo a reclamar su recompensa, pero los aldeanos se negaron a pagarle En venganza, mientras los habitantes del pueblo estaban en la iglesia, el hombre volvió tocar con la flauta, pero esta vez los hechizados fueron los niños del pueblo, a quienes el flautista escondió en una cueva para que sus padres nunca más los volvieran a ver, aunque en esta versión "optimista" el flautista decide devolver a los pequeños
Lo único rescatable de este aburrido montaje es la destacada participación del flautista Horacio Franco --metida con calzador en el concepto escénico--, quien supuestamente interpreta a la "parte oscura" del Flautista de Hamelín, pero que en realidad, con una maravillosa selección de melodías realizada por el propio Franco, es utilizado principalmente para hacer puentes musicales entre cada cambio de escena
El tedio y el aburrimiento son las principales características de esta puesta en escena, dirigida por Mauricio Osorio, en la que las actuaciones fluctúan entre el amateurismo y la sobreactuación Pensada aparentemente para un público infantil, la obra fue presentada en un horario nocturno que parece haber contribuido a la proliferación de bostezos entre el público que se dio cita en el Teatro de la Ciudad
Mala suerte tuvo Horacio Franco en la selección de lo que fue su primera incursión teatral, en un escenario que, además, no fue el más adecuado para la presentación de este espectáculo, que quizá en un foro más reducido, con una menor cantidad de público, podría tener mejor suerte, porque definitivamente el Teatro de la Ciudad les quedó grande
         Franco afirmó no haber aceptado el papel protagónico de la obra "por ética personal", ya que hasta ahora no había incursionado en el teatro, pero lo cierto es que su presencia en el escenario y sus extraordinarias dotes interpretativas que, al igual que sucedió con las ratas de Hamelín, hipnotizan al público por su belleza, logran salvar algo de la propuesta escénica
En este sentido, la intención de Franco es la de cambiar un poco el concepto de seriedad que la gente tiene sobre la música culta, ya que el teatro permite una mayor interacción con el público, sobre todo cuando se trata de un cuento tan famoso como El flautista de Hamelín, que busca dejar alguna reflexión entre los espectadores, pero que en esta versión resulta desafortunado
Franco comparte el papel protagónico con el actor Víctor Kruper, el más rescatable del elenco, quien realiza las partes teatrales de la obra, mientras las escenas musicales las interpreta Franco, quien también adaptó y realizó los arreglos de las piezas musicales que se escuchan durante esta puesta en escena que, definitivamente, es totalmente prescindible
 

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