Nuevo León: crimen por celos

lunes, 11 de octubre de 2010

MONTERREY, N.L., 11 de octubre (apro).- En medio de una ola de violencia en esta entidad, el pasado 20 de abril, Víctor Castro Santillán, estudiante de psicología de la UNAM, quien cursaba un semestre de intercambio en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), fue salvajemente asesinado en las inmediaciones de Ciudad Universitaria de Monterrey.
    Con severas contusiones, el cuerpo de Víctor fue hallado por la policía frente a las instalaciones de la compañía ferroviaria Kansas City Southern, ubicada muy cerca de Ciudad Universitaria, aunque lejos del campus donde estudiaba y también de la zona residencial en la que vivía.
    Tras una serie de tropiezos de las autoridades estatales y de la UANL, el 14 de septiembre fue detenido el presunto autor intelectual del crimen, Marcelo Laguardia Dávila, de 24 años, quien fue puesto bajo arraigo.
    Marcelo, originario de Ramos Arizpe, Coahuila, es hijo del empresario hotelero y político panista Alfonso Laguardia, extesorero municipal de esa urbe industrial durante el período de Ernesto Saro Boardman, actual senador de la República, y contralor en la administración de Ricardo Aguirre, que concluyó en diciembre pasado.
El homicida pactó con una supuesta célula de Los Zetas el pago de 6 mil pesos para que asesinaran a Castro Santillán, según se lee en su declaración preparatoria.
El móvil fueron los celos: Laguardia había conocido a una francesa, de nombre Justine Pessard, durante una estancia en España. Se enamoró de ella y la convenció de hacer un intercambio académico en la UANL.
Con nuevos amigos y asimilada a la vida universitaria en Monterrey, Plessard era pretendida por varios alumnos de la Facultad de Psicología, donde ella, Laguardia y Víctor Castro estudiaban. Según el procurador de Justicia de Nuevo León, Alejandro Garza y Garza, Castro era pareja sentimental de la joven.
El funcionario también explicó que Laguardia pretendía matar a otro estudiante, a quien identificó sólo como Rogelio, por cortejar  a su exnovia francesa. Por la ejecución de los dos estudiantes de psicología le cobrarían 8 mil pesos, pero dado que no completó ese dinero, decidió pagar sólo por el crimen de Víctor.
Laguardia habría dado un anticipo de 2 mil pesos, por lo que quedó a deber a los asesinos materiales 4 mil pesos, ya que por un solo homicidio pagaría 6 mil.
Víctor Castro Santillán era alumno de excelencia en la UNAM, campeón internacional de guitarra clásica, dominaba tres idiomas y era maratonista. (Proceso 1748)

Lo que vale la vida en este país: 2 mil pesos

Desde el inicio de las indagatorias, los padres de Víctor, Vicente Castro y Sofía Santillán, ambos psicólogos y muy vinculados a la UNAM, han mantenido la exigencia para que se haga justicia por el crimen de su único hijo.
    Desde la semana que siguió al homicidio de Víctor, sus padres declararon a Proceso datos y nombres que revelaban la posible naturaleza del crimen, pero una y otra vez fueron desdeñados e incluso descalificados ante los medios de comunicación por el rector de la UANL, Jesús Ancer Rodríguez, quien limitó los informes e indicios de la pareja “al dolor de padres”.
    Entre otros aspectos, los padres del joven de 22 años plantearon sus dudas en torno de la relación de su hijo con Plessard.
    Aportaron, entre otras cosas, nombres de alumnos y también un comentario que la pareja registró durante una visita de su hijo a la Ciudad de México, cuando invitó a sus amigos de Monterrey: Plessard, la estudiante francesa de intercambio en la UANL, le agradeció a Víctor que la hubiera “rescatado” de sus viejas amistades.
    Apenas ocurrido el crimen, Justine regresó a Francia y se ha negado a hacer cualquier declaración formal a la representación mexicana en ese país. Su salida de México ocurrió un día después del crimen, luego de acompañar a los padres de Víctor a la identificación del cadáver. Justine dejó a la mitad el ciclo escolar.
    Con las versiones recogidas, en todo momento Sofía Santillán dijo que los asesinos de su hijo estaban dentro de la facultad, como finalmente ocurrió.
    De acuerdo con el procurador Garza y Garza, hasta ahora han obtenido algunos datos de dos supuestos autores materiales del homicidio e intentarán atraparlos.
    Sin embargo, Vicente Castro y Sofía Santillán consideran que por la brutalidad con que fue asesinado su hijo podría haber más implicados e incluso han exigido que la fiscalía mande llamar a otros estudiantes que podrían tener cierto grado de participación en el crimen.
“Con mucho dolor vimos el expediente. Las imágenes nos partieron el alma por la forma en que golpearon a Víctor para matarlo, y no creemos que hayan sido dos personas. Dicen que van por dos asesinos materiales, y me preocupa que esto se vaya a sesgar”, dice Vicente Castro.
    Asimismo, menciona que en su declaración, Laguardia asentó que el día del crimen fue a la escuela para atender pacientes, como parte de sus prácticas profesionales.
    “Me alarma que en la UANL no tengan un mínimo de filtros para detectar conductas anormales y hasta les den pacientes. Mi esposa y yo somos psicólogos y sabemos que eso es posible. Pero, sobre todo, me abruma lo que vale la vida en este país. Que cualquier muchacho con 2 mil pesos pueda privar de la vida a alguien, es aterrador”, lamenta el padre de Víctor.    
    Con el arraigo de Laguardia, hijo de “de una familia de dinero y con influencias políticas”, los padres de Víctor temen que la averiguación no se integre bien y el asesino quede en libertad. Y aunque consideran que las declaraciones de Marcelo Laguardia son consistentes con los datos que ellos recogieron, insisten en que la fiscalía responsable del caso indague más en la Facultad de Psicología de la UANL, porque ahí podría haber más cómplices del crimen.