"Me gustaría ser como él..." : Ochoa; "Terminas por adorarlo": Zabaleta

sábado, 27 de febrero de 2010

MÉXICO, D.F., 27 de febrero (Proceso).- Un caso típico: actores que sucumben ante sus personajes… Jesús Ochoa es Boogie; Susana Zabaleta es Marcia Frog. Sólo prestaron sus voces, pero, sin quererlo, ambos actores acabaron entregando, completita, su alma al diablo. “Me gustaría ser como él cuando veo a los políticos. Todos quisiéramos serlo cuando te encuentras en desventaja”, confiesa Ochoa. Y Zabaleta igual: “Por más que al principio quieras que se largue de tu vida, terminas por adorarlo”.

“¡Háblame!”, se lanzó Julio Scherer García contra Jesús Ochoa. El actor balbuceó “cualquier cosa”, entre el nervio y la sorpresa. “¡Ésa es! ¡Ahí está la voz de Boogie!”, repetía efusivo Scherer, mientras se alejaba. “Me lo aventó de primera intención, sin anestesia. Fue el casting más curioso de mi vida”, cuenta Ochoa, que en más de 30 años de carrera no puede ocultar la emoción por interpretar a un personaje. Es la voz de Boogie El Aceitoso.

         Hacerlo, confiesa, es un honor. “Me ametralla en cada palabra que dice. Si lo hice bien o mal, ojalá no me juzgue”.

         Llevarlo a la pantalla fue una victoria. “Por fin le ganamos un duelo a Boogie. Lo agarramos y lo llevamos a la pantalla grande para exhibirlo, acusarlo y denunciarlo”, dice.

Ochoa ha visto la muerte de frente. Lo han matado de todas formas, muchas veces. “A los villanos así nos toca, cuando menos en la ficción”.

De Boogie, el actor envidia dos cosas: su gabardina y la posibilidad de saldar alguna cuenta. “Me gustaría ser como él cuando veo a los políticos. Todos quisiéramos serlo cuando te encuentras en desventaja. Pero nos gana la compasión, ¡maldita sea!”, afirma envuelto en carcajadas.

         A los ocho años, Boogie le sacó la lengua a su abuela… con unas pinzas. “Yo una vez le cerré el ojo a una chava… ¡pero a golpes!”, cuenta en broma Ochoa, y estalla en risa.

         No tiene ninguna historia personal con Boogie ni quiere tenerla. “Le tengo miedo. Afortunadamente sólo me lo he topado en la ficción, porque encontrárselo en la realidad debe ser muy cabrón”.

         Supo por primera vez de Boogie en sus años como estudiante de actuación, a finales de los 70, leyendo Proceso. Entonces empezaba a ver la revista desde el final, como tantos, donde les esperaba El Aceitoso. “Uno quería endulzarse un poco la cara con una sonrisa para que luego el resto de la revista te la desfigurara otra vez con la realidad”.

Zabaleta y la Boogie que lleva dentro

Descubrir el poder de su voz fue para Susana Zabaleta como haber comprado una “uzi”; un arma de seducción. “Consigues lo que sea: con un simple tono puedes pasar del sarcasmo al amor; puedes mentir y hacer que te crean o decir la verdad absoluta”, cuenta a Proceso la concertista, quien estudió ópera en la ciudad italiana de Florencia, en una conversación que adornó con su sensualidad y su humor negro.

Dueña de una figura violenta y ojos de caoba, la protagonista de Sexo, pudor y lágrimas y Vivir mata se despojó de su cuerpo para dar vida a Marcia Frog, la femme fatale que pretende doblegar el corazón de El Aceitoso.

Boogie se fija en Marcia, su personaje, cuando la ve bañada en sangre… Es una atracción “destructiva, pasional”, dice Zabaleta, a quien le atrajo la idea de ser, desde la ficción, la amante de un asesino. “Es un machín. Llegaba un momento en que ya decía: ‘yo sí te voy a partir tu madre Boogie’”.

De existir, la versión femenina de El Aceitoso sería más interesante y mucho más perversa, piensa la soprano y se postula: “A mí me gustaría ser la amante de Boogie y manipularlo a tal grado que yo no tuviera que matar a nadie. Lo utilizaría para decirle a quién eliminar. Esa es la Boogie que llevo dentro”.

Los antihéroes, comenta, son los personajes más disfrutables “porque se parecen a nosotros”. Religiosos, millonarios, estudiosos… “todos traen un asesino y un violento dentro de sí, esperando el punto que los detone. El hacer cosas malas provoca el mismo cosquilleo que estar enamorada”.

         Emblema del feminismo, por la fortaleza que proyecta, no buscaría venganza contra Boogie, el misógino. “Sucede que es adorable. Por más que al principio quieras que se largue de tu vida, terminas por adorarlo. Él se reconoce violento y le vale madres. No hay nada que aprecie más que la autenticidad. Si eres asesino, sé asesino siempre. Me chocan todos esos personajes de la política que van por la vida con letrero de ser buenas personas. Esos son a los que hay que tenerles miedo”.

Extracto de las entrevistas realizadas a Ochoa y Zabaleta que se publican en la edición 1739 de la revista Proceso en circulación desde este sábado 27 de febrero.

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