"Ojos de reyes", libro de Héctor Perea

lunes, 8 de febrero de 2010

MÉXICO, D.F., 8 de febrero (apro).- El papel que el helenista, escritor y diplomático Alfonso Reyes tuvo como admirador, coleccionista e impulsor de las artes plásticas tanto mexicanas como extranjeras, se plasma en el libro Ojos de Reyes, del investigador y especialista en la obra del regiomontano Héctor Perea, que recién acaba de ser publicado.

En el primer capítulo del volumen de 179 páginas, editado por la Universidad  Nacional Autónoma de México (UNAM), el también autor de La caricia de las formas. Alfonso Reyes y el cine y España en la obra de Alfonso Reyes, cuenta que pese a su gusto por el arte, Reyes no quiso ejercer la crítica artística, como sí lo hizo con el cine firmando al alimón con Martín Luis Guzmán sus columnas como Fósforo.

         ¿Por qué no lo hizo Reyes? Perea cita para explicarlo a la crítica de arte Raquel Tibol, quien en el ensayo “Alfonso Reyes, los pintores y las artes plásticas”, incluido en el libro Voces para un retrato, de Víctor Díaz Arciniega, señala:

“Permanente, sensible, informado y aun conceptualizado fue el interés de Alfonso Reyes por las artes plásticas, pero no ejerció la crítica de arte. No le interesó escribir de manera sistemática sobre el quehacer de sus amigos o de otros artistas cuyo trabajo le interesó o admiraba. Fue un espectador altamente calificado, no sólo por su amplísima cultura visual, de amplio espectro histórico, sino por una infrecuente capacidad para la aprehensión y análisis de los lenguajes visuales con instrumentos éticos y estéticos.”

         Perea cuenta cómo el gusto de Reyes por el arte le llevó a establecer vínculos estrechos con diversos artistas. Él participó, por ejemplo, en la campaña en favor de que Diego Rivera obtuviera una beca del gobierno del estado de Veracruz, que le permitió ir a Europa en 1906. Por Rivera conoció a otros creadores como Marie Blanchard y Jacques Lipchitz, o a la galerista Berthe Weill.

         Citando a la investigadora Paulette Patout, refiere también el vínculo que el escritor regiomontano estableció en París con los cubistas y cómo le gustó la obra de la época azul y rosa de Picasso e hizo de Amadeo Modigliani uno de sus pintores predilectos.

         En su paso por diferentes naciones, Reyes se vinculó al arte plástico de diversas formas:

“Durante su estancia diplomática de los años veinte en la capital francesa, la promoción del arte mexicano fue prioritaria para Reyes. Y en Sudamérica, su vida, tanto a nivel diplomático como artístico --más allá de los contactos políticos ineludibles o los literarios buscados--, estuvo marcada en buena medida por la sensibilidad de los pintores de que se rodeó o que lo buscaron y por las corrientes artísticas de su propio país que se encargó de proyectar, aun en momentos y ambientes no siempre amigables desde el punto de vista ideológico.”

El libro, que se presenta este jueves 4 de febrero en el recién estrenado auditorio Adolfo Best Maugard, del Museo Nacional de Arte, incluye 14 apartados, entre ellos Cuestión de estética, La visión rotativa, El museo privado, Sinceridad pictórica, Necesidad y ocurrencia, Sueño de una tarde de Bahía, El arte de ver, La escultura animada y La piedra al agua dormida.

         Aborda su faceta como coleccionista de la cual se da cuenta en la Capilla Alfonsina, donde se pueden ver algunas de las obras que adquirió a lo largo de su vida, entre ellas el retrato que le hizo Manuel Rodríguez Lozano, donde se le ve la mirada verdosa. Pero hay también testimonio en fotografías de las residencias que ocupó en distintos lugares, como en la embajada antigua en Brasil en la Rua das Laranjeiras, en Río de Janeiro, o en su piso en Madrid.

         A decir del investigador José Antonio García Sandoval, profesor en lengua y literaturas hispánicas de la UNAM, Perea ofrece en este libro “los datos puntuales de las obras y artistas que se cruzaron en el camino del escritor regiomontano, sugiere también la influencia que alguna de las artes visuales tuvieron en su escritura (...) El libro también da ocasión para que el autor despliegue su erudición acerca de las artes en general y de la obra de Alfonso Reyes en particular”.

 

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