Los misterios de Jorge Yázpik

martes, 23 de marzo de 2010

MÉXICO, D.F., 23 de marzo (Proceso).- Con un emplazamiento escultórico en los espléndidos espacios del Palacio de la Autonomía, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el escultor Jorge Yázpik (Distrito Federal, 1955) presenta una interesante muestra que delata evidentes cambios en su propuesta creativa.

Conocido principalmente por sus intervenciones lineales que, a manera de grietas o dibujos laberíntico-tridimensionales, guiaban al espectador hacia el interior de piedras de gran tamaño, Yázpik sorprende con una propuesta delicada, ágil y rítmica, que parece haber transfigurado en delgadas estructuras geométricas los misteriosos vacíos de sus pétreas esculturas.

Concebida a partir de la utilización de la madera como material esencial, la muestra integra aproximadamente 40 piezas que en su mayoría se caracterizan por su íntimo y rítmico formato. Realizadas casi todas entre 2009 y 2010, las obras materializan el vacío que en otras épocas fue sólo sugerido por Yázpik.

Construidas a partir de delgadas estructuras geométricas de madera que, como líneas tridimensionales de diferentes alturas, se ensamblan en conjuntos que remiten a los signos de las partituras musicales, las esculturas de Yázpik se convierten en la metáfora de ritmos que remiten al movimiento continuo, el vacío y el silencio. Un orden que, con alegría y belleza, sigue evocando la metáfora de eternidad que caracterizó las obras en piedra realizadas en años anteriores.

Relacionado en su obra con la dualidad que genera la convergencia entre lo positivo y lo negativo, el artista presenta obras en las que se integran materiales como piedras volcánicas con estuco y maderas. Entre estas últimas, el cedro, la teca, el chechén y el tzalam.

Concebidas, como toda la obra del artista, a partir del protagonismo y capricho formal de los materiales, las obras sorprenden por su delicada, delgada y rítmica estructura. Ensambladas entre la piedra o emergentes a través del estuco, las formas en madera corporeizan los misteriosos caminos que, en la creación anterior, llevaba al vacío interior –metáfora del alma– de las esculturas. Una perspectiva que convierte a los elementos dibujístico-lineales en los protagonistas escultóricos de cada una de las piezas.

Atractivo por su capacidad de transformar y materializar el espacio y el vacío guardado al interior de las piedras, Yázpik incursiona en una propuesta que, de manera contraria, deja al descubierto, y como protagonista, la estructura de algo que podría denominarse como el espíritu del material.

Evocadoras de las formas lineales que podría tener el vacío de la materia, las nuevas esculturas de Yázpik, a través del dualismo sensual de su materia y el chispeante ritmo de sus geometrías, se convierten en la metáfora de un ritualismo vital que sólo el arte puede generar. 

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