OGorman ante los centenarios

jueves, 1 de abril de 2010

MÉXICO, D.F., 1 de abril (Proceso).- Dos discípulos destacados del historiador Edmundo O’Gorman, Eugenia Meyer y Andrés Lira, se pusieron en el papel del maestro y dedujeron, con base en su congruencia de pensamiento, lo que éste opinaría de los centenarios de la Independencia y la Revolución que se conmemoran este año.

Celebrado como un acontecimiento por los historiadores que se formaron a la vera de Edmundo O’Gorman, el volumen de 958 páginas que recoge 27 textos para que las nuevas generaciones se acerquen a él tuvo su presentación el jueves 25, un día después de que la antologadora Eugenia Meyer fuera designada maestra emérita de la UNAM.

Imprevisibles historias en torno a la obra y legado de Edmundo O’Gorman, selección de Meyer con un amplio estudio preliminar sobre el sentido de la obra del historiador (“El oficio de historiar”), estaba destinado a aparecer para el centenario de su natalicio, en 2006, pero “por alguna razón que no vale la pena referir aquí” –dijo en la librería Rosario Castellanos durante la presentación, acompañada de Andrés Lira, Paulette Dieterlen, Roger Bartra y moderada por Gloria Villegas– no ocurrió, como lo consigna en la página legal del libro.

¿Qué actitud tomaría O’Gorman frente al Bicentenario y al Centenario, cuál sería su postura?, se inquirió a los doctores Meyer y Lira, finalizada la mesa.

–Primero tomaría distancia –enfatizó rápidamente Meyer–. Tenía una actitud muy similar a la que tuvo con el quinto centenario (en 1992, cuando se opuso al término “Encuentro de dos mundos”, propuesto por Miguel León-Portilla y sostuvo el de “Invención de América”): Distancia. No era obviamente un adulador de los príncipes.

–Ante el hecho de que no sabe bien a bien cómo enfrentar la conmemoración, ¿cómo lo encararía él?

Meyer hace referencia al texto sobre Hidalgo:

–Él sería de la idea de bajar a todos del pedestal, a todos de los caballos, quitarles las botas y simplemente verlos como seres humanos... Yo creo que la historia para O’Gorman siempre era un proceso en construcción, una hazaña de la libertad, y en esa libertad lo que propondría es reescribir diferentes etapas de la historia... permanentemente revisarla, reescribirla (pero no en el sentido de revisionismo).

–Hay quien dice que los mexicanos tenemos dos versiones de la historia.

–Eso de los vencidos y los vencedores es una tontería. Yo creo que O’Gorman, en el sentido filosófico, ontológico, tenía como propósito el planteamiento de conocer al hombre, entenderlo y no condenarlo. Por eso es que su trabajo de lo de Hidalgo es tan importante, por eso es tan fundamental sobre México el trauma de su historia, porque da una idea de la problemática que tiene el país frente a los “fracasos”, frente al problema de la imitación con Estados Unidos, y está muy pendiente de la originalidad, de la necesidad de buscar soluciones propias, nacionales.

–Porque se habla de reflexionar, pero hay mil maneras...

–También. Yo creo que ese es el trabajo del historiador: la reflexión permanente. O’Gorman estaba totalmente contra esa historia oficialista y de esos actos cívicos sin sentido.

–La historia oficialista que impuso el PRI y la historia oficialista que nos quiere imponer el PAN, son dos historias encontradas. ¿Qué hacer?

–Analizar, reflexionar, y hacer nuestra propia interpretación y no dejarnos seducir por los cantos de las sirenas.

–¿Y no cree que una polémica entre ambas versiones la aprobaría O’Gorman?

–Yo creo que sí, ¿por qué no? Si tiene un sustento teórico, metodológico, como decía Andrés Lira, “si no estás improvisando y queriendo hacer trampas de querer meter ideas falsas”, pero bien sustentadas, claro que sí. Eso es lo que hizo toda su vida, era un provocador, como yo dije en mi intervención.

–En el quinto centenario él puso las dos versiones y se centró en el punto medular. En el trabajo sobre Hidalgo que acaba de citar y que está en su libro, dice que éste es el iniciador de la Independencia e Iturbide el consumador. A lo mejor resulta demasiado esquemático decir “Hidalgo o Iturbide”, pero, ¿cómo discutimos esto?

–Yo creo que con la apertura que nos da la enorme cantidad de investigaciones y fuentes a las que podemos recurrir, el historiador tiene un compromiso permanente de dar su propia interpretación o reinterpretación, depende cómo son las circunstancias. O’Gorman, por ejemplo, nunca se interesó por el siglo XX, su siglo. Él nace en 1906. Sin embargo, cuando yo le presentaba mis trabajos, era muy incisivo y audaz con comentarios y opiniones francamente fantásticas, y sobre todo hablaba él en ese texto de Fantasmas de la narrativa (de ahí sale el título del libro), de la imaginación. Yo creo que los historiadores debemos tener imaginación, no inventar pero sí tener imaginación, y escribir las cosas despojados un poco de la rigidez que establece el concepto científico de la historia, esta cuestión del positivismo. Le preocupaba mucho más la interpretación y el análisis, y claro, era perfecto en la búsqueda de las fuentes, pero quería que se interpretara y se analizara.

–Su libro contribuye a la difusión del pensamiento de O’Gorman, pero la gente está cada vez más alejada de la educación, de la historia. ¿Qué puede hacer un pueblo mexicano ante una crisis educativa y económica por encontrar su verdadera historia?

–Yo creo que esa parte es el compromiso de los historiadores contemporáneos, nosotros debemos generar conocimientos, pero también formas diversas de enseñar la historia. Primero debemos entender lo que pasó para poder explicarlo, y hay dos partes, una académica y la otra fundamental, la difusión de la historia, en el buen sentido de la palabra. No de homenajes, conmemoraciones, festejos oficialistas de uno u otro bando.

Lira: espíritu crítico

El historiador universitario, expresidente de El Colegio de México, respondió también a la actitud que cree tomaría O’Gorman frente a los centenarios:

–Él tenía una cualidad enorme, era muy crítico, pero precisamente por ser así agarraba al toro por los cuernos. Entonces, en las conmemoraciones en las que él participó, siempre sacó un fruto positivo. Los centenarios, los “cumple siglos” como él decía, son oportunidades de reflexionar sobre nosotros, sobre nuestra historia. Yo creo que uno de sus mejores trabajos es Precedentes y sentido de la revolución de Ayutla, es un texto espléndido, el mejor texto de O’Gorman sobre el siglo XIX. Cuando viene en 1867 el triunfo de la república, y siempre señalando el sentido que tienen las conmemoraciones, entonces hubiera sido muy crítico frente a las cosas que se están haciendo, pero hubiera aportado un conocimiento y una reflexión neta, porque es lo que hacía.

–El decía, y usted lo rememoró, “hay que bajar a Hidalgo del caballo y quitarle las botas”. Pero, ¿qué hay que hacer con Iturbide?

–Traerlo al escenario al que perteneció. En Precedentes y sentido de la revolución de Ayutla dice cómo el Plan de Ayutla, que parece un plan insignificante, explica cómo vamos para atrás. La cuestión monárquica era una vigencia en la cultura mexicana, como bien ilustra ese sentido republicano para el decreto constitucional de Apatzingán... es una república. Hubiera sido una república teocrática. Bueno, pero él dice cómo México ha sido una nación que ha preferido el heroísmo sobre el éxito, cómo hemos preferido a Hidalgo que es un fracaso militar frente al éxito que finalmente tiene Iturbide como gestor de la declaración de Independencia. Cómo nos hemos inclinado por el heroísmo, por el mártir, más que por el hombre de éxito, y eso nos marca.

–¿Eso de dónde nos viene?

–De que somos un país muy complejo, donde convivimos los descendientes de conquistados y conquistadores, y siempre estamos viendo nuestras heridas y nuestra fuerza, pero mucho las heridas.

–¿Y eso es negativo?

–Yo creo que sería más negativo no asumirlo, entonces el objeto de la historia es hacer una reflexión inteligente sobre lo que tenemos.

–Como lo que él dijo del quinto centenario.

–Por ejemplo, o también por ejemplo en este trabajo de El amor del historiador a su patria, que es el discurso que pronuncia cuando le dan el Premio Nacional de Letras en 1974... uno sabe que la patria donde uno nace tiene muchas deficiencias, también tiene cualidades, pero quizá tenga más deficiencias a la luz de ciertos parámetros. Pero es insustituible. La perfección, si bien existe, desanima. Hay una fase muy importante de la obra de O’Gorman, que son los aforismos. ¡Esos son maravillosos! Por ejemplo aquel de: “Se tenía en tan amplio concepto que nunca se dio cuenta quién era”. La historia es lo que podemos ver como realidad y lo que no podemos negar, la historia es un proceso de identificación constante.

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