Ante una catástrofe cultural

lunes, 19 de abril de 2010

MÉXICO, D.F., 19 de abril (Proceso).- Ese es el diagnóstico del investigador Ricardo Pérez Montfort, tras el análisis del panismo en el poder federal. “Es el fracaso del Estado”, concluye, y desmenuza los errores oficiales en distintos rubros. Rechaza el papel que está jugando la Secretaría de Educación Pública, y señala que si bien en el siglo pasado al PRI se achacó el impulso de un proyecto autoritario para la cultura, el del PAN lo ha reproducido y aumentado con signos de arrogancia.

Si al modelo cultural impuesto a partir de la segunda década del siglo XX se le consideró autoritario por haber pretendido construir un país unicultural y monolingüe, con la llegada al poder del Partido Acción Nacional (PAN) se ha dado un retroceso, no de un paso, sino de 200.

Porque al actual manejo de la cultura no sólo lo caracterizan también el autoritarismo y la intolerancia, sino la ineptitud, la ignorancia y la arrogancia de los funcionarios públicos. Es, pues, ajeno por completo a los principios de la democracia.

Ese es el panorama que percibe Ricardo Pérez Montfort, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y profesor en el área de posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, exdirector de la Revista de la Universidad de México y autor, entre otros libros, de Avatares del nacionalismo cultural y el recién publicado Cotidianidades, imaginarios y contextos: Ensayos de historia y cultura en México, 1850-1950.

Doctor en historia por la UNAM, coorganizó de enero a marzo, con su colega Leticia Reina, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el seminario de especialización Fin de siglos y ¿fin de ciclos?: 1810, 1910, 2010, que dedicó algunas de sus sesiones al tema “La crisis cultural”. Él mismo participó en el encuentro “Estado y cultura”, donde habló de la cultura mexicana en el siglo XX.

En entrevista con Proceso en su casa del barrio de Panzacola, en Coyoacán, anuncia que los temas abordados en ese encuentro, que tuvo como participantes a especialistas como Lorenzo Meyer, José Joaquín Blanco, Esther Acevedo, Carlos Tello, Carlos San Juan y Francisco Pérez Arce, re cogerán en un libro.

Los otros temas fueron las crisis económica, política y social. Se le pregunta por qué incluyeron la cultura, excluida generalmente de los debates y estudios históricos. Indica que su objetivo fue analizar, desde una perspectiva de historia comparada, las continuidades o rupturas hacia finales de los siglos XVIII, XIX y XX, y si se cumplen ciclos. Para él la cultura es un asunto fundamental en los procesos históricos, sobre todo si se les piensa como procesos integrales, y explica:

“La cultura influye en los fenómenos de desigualdad económica, en las transformaciones políticas, en los cambios que afectan el espacio social. En ese sentido, cuando hablamos de cultura se tiende a pensar fundamentalmente en la cultura académica, en los espacios de las élites intelectuales o de los artistas más o menos consagrados. Sin embargo, nos esforzamos por incluir también toda la efervescencia social, los conflictos que están en la base de la sociedad y que tienen impactos culturales.”

Se quiso mostrar que al mismo tiempo que hay una cultura académica, de élites o de un grupo “relativamente estrecho o pequeño que se autonombra y decide que es el portador de la cultura del momento”, se dan fenómenos culturales, no siempre reconocidos por esas élites, que llegan a irrumpir, transformar o mostrar continuidades.

Poco se ha estudiado sobre las expresiones culturales en espacios regionales, campesinos u obreros, en las masas identificadas como pueblo; y aunque se les considere anónimas o masivas, hay gente “de carne y hueso” detrás y sus acciones influyen en las élites y en los grupos políticos en el poder.

Añade que, aunque hay una tradición historiográfica que se ciñe fundamentalmente a la presencia del Estado como rector del quehacer cultural, ha habido expresiones al margen y reclamos sociales para su reconocimiento. Se ha logrado, por ejemplo, reconocer a los indígenas como sujetos importantes de la historia cultural del país, sobre todo después del surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Desde mediados del siglo XX se había reivindicado culturalmente al mundo prehispánico, aunque en la realidad los grupos étnicos vivan “en la desigualdad social, prácticamente olvidados”. Y peor que olvidados, porque el Estado emprendió acciones, como la enseñanza monolingüe, desde los años cuarenta, y las campañas de alfabetización, que atentan contra las culturas indígenas, sus lenguajes, tradiciones y todo su complejo cultural, que va desde la forma de sembrar y comer hasta la elección de sus autoridades.

A partir de los años ochenta comienza a reconocerse a las etnias como elemento fundamental en la construcción del país, de la cultura, la economía y la sociedad en general. Hay un reconocimiento también a la llamada Tercera Raíz, la cultura afrocaribeña, que no sólo se expresa en las costas de Veracruz o en la Costa Chica de Guerrero, sino en otras regiones del país. En suma, dice, México se reconoce como nación pluricultural y se contradice el viejo discurso de que era “una” nación, con “un” territorio, “un” gobierno, “una” historia y “una” cultura.

“Toda esta dimensión unitaria es una aberración. Fue un proyecto cultural que iba claramente orientado a justificar a un grupo en el poder.”

El reconocimiento a la diversidad cultural no fue una concesión del Estado. Puntualiza el historiador que hubo presiones sociales, así como de antropólogos, historiadores, sociólogos y otros académicos vinculados principalmente a las disciplinas sociales. Así se fundaron instancias como el Instituto Nacional Indigenista (1948), la Dirección General de Culturas Populares (1978) y el Museo Nacional de Culturas Populares (1982). Estas dos últimas integradas al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), creado en 1988.

 

Más que desprecio

 

Toda esta lucha sufrió un revés con la llegada del PAN. Para dar cuenta de cómo a las autoridades de ese partido tales logros resultan “particularmente graves”, Pérez Montfort evoca las coplas de Los cangrejos, compuestas por Guillermo Prieto durante la resistencia juarista, con las cuales se satirizaba a los conservadores, citadas en su libro Cotidianidades, imaginarios y contextos..., editado por Publicaciones de la Casa Chata:

 

Cangrejos al combate,

cangrejos al compás,

un paso pa´delante

doscientos para atrás.

 

“Cuando el PAN asume el poder resulta que esta rectoría o posición protagónica del Estado en este reconocimiento de la pluriculturalidad se simplifica enormemente; luego las idioteces de Fox diciendo que iba a resolver el problema de Chiapas en cinco o 10 minutos. Demostró que no sólo no pudo resolver nada relativo a las cuestiones indígenas: puso a una persona completamente inepta en el INI, que cambió por una Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas en 2003 que dejó de tener una connotación protagónica en términos culturales.

“¡Bueno!, en términos también culturales, poner a esta señora Sari Bermúdez a la cabeza de la cultura mexicana, fue un acto de profundo desprecio al mundo cultural del país. Teniendo los literatos, los artistas, los teatreros, los mismos promotores culturales que habían demostrado una inquietud sobre la posición del Estado frente al quehacer cultural. De repente el Conaculta pasó de ser una especie de Secretaría de Cultura a –se decía por ahí– el Consejo Nacional de Costura por las Tardes, una cosa de ese tipo, porque eran unas señoras –y no tengo nada en contra de las señoras– que en sus ratos libres les parecía que la cultura las adornaba.”

Recuerda varias de las anécdotas que pusieron la nota de color durante el sexenio de Fox, como haber llamado a Jorge Luis Borges “José Luis Borgues” o a Friedrich Katz el especialista en “historia gráfica” y no en historiografía. Y remata:

“Durante este sexenio las cosas también están bastante graves. En primer lugar, ha habido para la educación superior un particular desprecio.”

Enumera los recortes presupuestales a los centros de investigación y enseñanza de la educación superior, comenzando por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y sigue:

“El tener un sindicato que controla las elecciones en manos de Elba Esther Gordillo, de una mujer que ni siquiera sabe decir ‘influenza’, que no ha entendido que esto es un problema nacional, me parece que es una tragedia. ¡Es una tragedia lo que se vive en términos de cultura!

“Hemos descendido a niveles aberrantes en la calidad de la enseñanza, ni siquiera durante la época de las alfabetizaciones obligatorias y toda esa tendencia al monolingüismo se había llegado a estas situaciones: Un secretario de Educación que es un niño bien, un niño bonito... Me preocupa enormemente que se atreva a hacer política propanista dentro de una secretaria que es de Educación Pública.

“Hay un problema realmente muy serio en el manejo de la cultura en México. Creo que sí dimos muchos pasos para atrás, que la SEP se ha convertido en un botín político más que en una protagonista dinámica del Estado en la reproducción de la cultura mexicana. Esta dimensión del Estado como promotor de jóvenes artistas, de jóvenes intelectuales, ha fallado. Ha fallado el Estado nacional.”

–Al modelo de los años veinte se le acusa de homogeneizador, pero se dice que al menos José Vasconcelos tuvo un proyecto y uno de los constantes señalamientos al gobierno actual es la falta de definición de políticas culturales.

–Una cosa que ha quedado muy clara es la ineptitud, la incapacidad y la arrogancia. Estos son tres elementos de las autoridades educativas. La mayor parte de los funcionarios que han aparecido desde el sexenio de Fox para acá han demostrado su enorme incapacidad, su enorme desconocimiento, su enorme ineptitud para ejercer el mando.

La ignorancia no es, a su juicio, castigable, pero le parece “imperdonable” la arrogancia, la actitud de los funcionarios de decir: “Sí, desconozco (la materia), pero aquí de todas maneras se hacen las cosas como yo digo”. Hay, deplora, un principio “ajeno a los postulados básicos de la democracia”.

Desde las cúpulas se imponen criterios educativos y culturales sin buscar consensos. Pone como ejemplo los recortes de épocas de la historia, materias y disciplinas que se han hecho como parte de una pretendida reforma educativa.

“Insisto: Hay un retroceso. El panismo ha demostrado que toda aquella cultura que no corresponde a su propia cultura no merece consideración. Y, de verdad, hay acciones de una enorme intolerancia y una enorme impunidad, hay también una enorme corrupción. Eso que tanto criticábamos de los gobiernos priistas, se ha repetido con el agravante de la ignorancia y de la arrogancia en los regímenes panistas.”

 

Mirada negra

 

Todo esto queda de manifiesto en las celebraciones del Centenario de la Revolución y del Bicentenario de la Independencia. Los panistas, dice el historiador, están haciendo su propia fiesta y se enfocan más a la Independencia porque la Revolución los desbancaría.

Pero se confunden al celebrar la presencia de curas en el movimiento o de figuras “que corresponden a su visión conservadora”. No celebran a José María Morelos, sino a Agustín de Iturbide y su modelo conservador y monárquico, y se vuelven a aliar con la Iglesia con la excusa de que 98% de los mexicanos son católicos, “sin considerar que el proceso de secularización de la sociedad mexicana ha sido radical”, e incluso vienen a cuestionar ahora la laicidad del Estado.

Baste ver, dice el investigador, el programa conmemorativo para darse cuenta del tipo de festejo que se hará, pues “no hay una sola mención al mundo indígena, cuando todavía en la década de los noventa era parte del proyecto pluricultural”. El presupuesto da cuenta también de que no se está priorizando la reflexión, sino la fiesta. Y “curiosamente”, cuando tanto en la izquierda como en la derecha hay “intelectuales de primera”, aparecen siempre sólo las derechas.

Estos funcionarios, determina, no pueden vanagloriarse de ser universales, no parecen universitarios. Insiste en que la SEP y el mismo Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación se han convertido en un botín político, por lo tanto, la educación no está en función de las necesidades del país.

Cita a Lorenzo Meyer, quien en su charla en el seminario dijo que “hemos educado en el autoritarismo y no en la democracia”, porque la élite política sigue imponiendo un proyecto de nación que no considera el referéndum, ni la opinión del público, y cuando hay educadores que se movilizan, como en el caso de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), la respuesta es “la peor de las violencias”.

“Creo que estamos ante una de las peores catástrofes culturales de este país. No hay que olvidar que México fue una potencia científica a finales del XIX y principios del XX; teníamos científicos de primer nivel. Todo esto se vino abajo durante las décadas de los años cuarenta y cincuenta, el periodo de los cachorros de la Revolución. Luego se retomó y ya en las décadas de los ochenta y noventa se volvía a tener. Tenemos un Premio Nobel, Octavio Paz.”

México, continúa, fue una potencia en materia de humanidades, pero hoy las élites del mundo artístico se han ido estrechando y “el grupo que detenta los cacicazgos culturales se ha asociado con los medios de comunicación masiva: Digo, la asociación entre Octavio Paz y Televisa, o entre Enrique Krauze y Televisa, no es gratuita, es en buena medida porque el Estado dejó de funcionar”.

En su opinión, dentro del mismo Estado se han fomentado los cacicazgos en instituciones como El Colegio Nacional y las Academias de las Artes. El proyecto era que de esos “cenáculos” se desbordara el conocimiento al pueblo mediante conferencias, pero pregunta él: “¿Cuánto pueblo va a estas cosas?”

El Estado parece interesado más en su alianza con los medios electrónicos que en apoyar la industria editorial o fomentar la lectura. Y lo peor, sostiene, es que, en lugar de apoyarla, el PAN parece confrontarse con la propia UNAM:

“Le dan a la universidad un premio internacional (Príncipe de Asturias) y el panismo se siente ofendido. ¿Qué pasó?, ¿qué clase de país es éste? El panismo debería estar feliz porque además uno de sus fundadores, Manuel Gómez Morín, fue rector de la UNAM, no fue rector del Instituto Tecnológico Autónomo de México ni del Tecnológico de Monterrey.”

Pérez Montfort se detiene un poco en sus reflexiones y pide perdón “por la mirada tan negra”. Aunque relata su experiencia en España:

“Pero después de una estancia en España, cuando veo el proceso educativo que han vivido allá en los últimos 25 años, ¡es espectacular!, democratizante, de participación, de inclusión. Nosotros vamos exactamente en los mismos 25 años para atrás, no pasamos de tercer año de primaria.”

–Frente a este negro panorama, como usted dice, ¿cuál es la salida, qué debe construirse como proyecto? Hay quienes opinan que habrá que volver a vincular el proyecto cultural con la educación, y otros que se debe mirar hacia la globalización y relacionarlo con la economía.

–La verdad, no tengo una bola de cristal, no sé para dónde vamos, lo que sí sé es que el modelo que se ha asumido ha traído muchos más conflictos y retrocesos que logros.

“Partiendo de que este modelo es del neoliberalismo globalizador (y a mí no me parece que sea irreversible y que debamos seguir a la deriva y ponernos a la cola del mundo y que nos jale, esa no es la solución), yo estaría de acuerdo con ensayar soluciones propias: Una primera sería tratar de romper con este discurso y este tipo de educación autoritaria y corrupta fomentada claramente desde la perspectiva del Estado contemporáneo.”

Para ello, plantea terminar con los cacicazgos tanto en la SEP como en el SNTE, y con la corrupción. Apoyar a los maestros, porque no es posible que tengan sueldos miserables mientras la lideresa del SNTE vive en la opulencia. Luego de reformar el proyecto educativo, tendría que vincularse con la cultura y con los proyectos de desarrollo social.

“Hay que hacer una reforma mucho más radical, una reforma que transforme al país, no que le tape el ojo al macho. Y debe verse a la cultura no como un valor de cambio o como un producto para venderse o consumirse, sino como un valor para intercambiar, una cultura que sirva para educar sobre la tolerancia, para salir de la ignorancia y de los prejuicios sociales. La educación tiene que estar muy asociada a la cultura y al proyecto de romper con la desigualdad social.” l

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